La transparencia como eximente

La oposición municipal valenciana mostró a los ciudadanos, a través de los medios de comunicación, los gastos de representación del equipo de Rita Barberá. Las facturas las habían obtenido gracias a una petición que habían hecho de esa documentación de acuerdo con la normativa vigente.

La alcaldesa Barberá reprochó que se publicasen esas facturas, que les dejan en un lugar pésimo, porque ellos le habían proporcionado la documentación a los concejales de la oposición en un gesto de transparencia y que esa transparencia estaba siendo utilizado contra ellos.

Los populares no hicieron nada a lo que la normativa vigente no les obligue, por lo que el único mérito que pueden atribuirse es haber cumplido con la obligación, básica, de obedecer a las normas.

Lo más hiriente es el recurso a la transparencia como eximente. Su idea se resume en que “dado que hemos dado la documentación y somos transparentes, la documentación no puede ser empleada contra nosotros”.

Esto sería cierto si la transparencia fuera un valor final y no un valor instrumental. La transparencia está al servicio de la verdad, pero no es la verdad. Ni siquiera la verdad deja de ser instrumental, aunque sea un valor necesario, para alcanzar el bien.

Hacer las cosas bien y no mal es lo importante. No gastarse el dinero de contribuyente en costosos hoteles o bebidas es el bien y desde luego no se justifica, ni se anula, ni exime porque se exhiban las facturas de tamaño despiporre.

 

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