D’Hondt no mató a Manolete

La llamada ley D’Hondt es responsabilizada normalmente del efecto mayoritario que tiene nuestro sistema electoral, eso que los que pierden las elecciones llaman la “injusta ley electoral”.

Desde luego no es la primera vez que lo explico en este blog, pero la responsabilidad del efecto mayoritario (que no injusticia) de nuestro sistema electoral depende también de dos factores normalmente ignorados: la cantidad de diputados que se eligen por circunscripción (provincia) y la barrera electoral (realmente sólo significativa en provincias grandes).

Vamos a hacer una simulación electoral. Supongamos que tenemos un país que elige a sus diputados, 350 como nosotros, utilizando el sistema D’Hondt, en una sola circunscripción electoral y requiriendo al menos un 3% de votos para poder optar a conseguir un escaño.

350
En el resultado veríamos una pequeña desviación a favor de los tres partidos principales debido al descarte del 3% de los votos correspondientes a los dos partidos que no han superado la barrera electoral.

Pasemos ahora a dividir ese país en diez circunscripciones. Cada una de ellas elige treinta y cinco diputados y los resultados son idénticos a los nacionales en todas ellas.

035
Vemos en este punto como el Partido A ya tiene una prima mayor en la diferencia entre el porcentaje de escaños y el de votos, mientras que a diferencia de la anterior simulación los Partidos D y E tienen menor porcentaje de diputados que votos.

Un paso más. Utilicemos el mismo porcentaje de votos para calcular el resultado no en diez circunscripciones, sino en treinta y cinco, eligiendo por tanto diez diputados en cada una de ellas.

010
El Partido A conseguiría un plus del 5% respecto a sus votos, mientras que el Partido B obtendría un 9,05% y el Partido C ya tendría pérdidas. Los Partidos D y E no consiguen escaños y desaparecen del parlamento.

Si damos un paso más, podemos ver qué pasa si tenemos setenta circunscripciones en las que se eligen cinco diputados. Veamos el cuadro.

005
Solamente obtienen representación en el parlamento el Partido A y el Partido B, obteniendo uno el 60% de los escaños (+15% respecto de los votos) y el otro un 40% (+9,05%). El resto de los partidos desaparecen en una tremenda mayoría absoluta.

Conclusión: con los mismos resultados, la misma barrera electoral y el sistema D’Hondt, cuanto menor es el número de diputados a elegir, mayor es la concentración en las principales fuerzas.

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