Esas malditas elecciones municipales

Quedan semanas para que la descomposición de UPyD sea total. Será con ocasión de la celebración de las elecciones municipales en los más de ocho mil municipios patrios y de elecciones autonómicas en catorce comunidades y dos ciudades autónomas.

Pero lo que está ahora viviendo UPyD se fraguó en otras elecciones municipales, en las de 2011, que pararon sus expectativas de crecimiento y de gobierno en casi todos los municipios y autonomías.

Estos fueron los resultados en cada autonomía:

UPyDMunicipales2011

Si obviamos la excepción madrileña fueron unos resultados realmente decepcionantes. Un puñado de concejales por aquí o por allí daban la impresión de ser algo más parecido al CDS post-Suárez que a un partido emergente.

Solamente tuvieron un resultado presentable en el Ayuntamiento y en la Asamblea regional de Madrid. Obtuvieron el acceso a la Junta General asturiana en la repetición de las elecciones, consiguiendo sumar diez diputados autonómicas en todo el país (el asturiano, uno en Euskadi y ocho en Madrid).

UPyD perdió su impulso fundacional ese 22 de mayo de 2011. Desde entonces el crecimiento, si lo había, no podía sería vertiginoso y tendría que esperar largos años de oposición hasta tratar de gobernar, ser decisivos o al menos poder introducir algún punto de la agenda.

Llegaron las Generales y el pseudo-feudo madrileño salvó la cara de lo que fue un fracaso nacional, con la excepción de la providencial candidatura del actor Toni Cantó que les salvó de ser llamamos el “partido regionalista de las siete estrellas”.

El partido esperaba recuperar el impulso (el “momentum” que dicen en las elecciones estadounidenses) en las Elecciones al Parlamento Europeo en las que se daban todas las circunstancias: circunscripción única, alta abstención y votantes comprometidos (como los del partido magenta) y un ambiente contrario a los dos grandes partidos políticos del que UPyD se consideraba beneficiario natural.

Llegaron los resultados: buenos respecto a los anteriores pero decepcionantes respectos a las expectativas y a las necesidades. Lo peor es que aparecen nuevos actores y UPyD deja de representar renovación o regeneración y pasa a ser lo que realmente era: el partido de Rosa Díez, una señora que es pura clase política, con lo de positivo y negativo que ese término tiene.

Los neopartidos se sienten más cómodos en el escenario nacional de los grandes temas. Aunque parezca lo contrario, el número de temas suele ser fijo y no necesitas muchos recursos humanos ni materiales para hacer un papel decente.

Fichar a algunos académicos, normalmente dispuestos a tener influencia política, te da algunas cosas interesantes que decir y a pensar que tienes un programa. Uno puede engañarse y pensar que tiene un partido político completo cuando realmente tiene un estructura nacional, escasas estructuras regionales y casi inexistentes estructuras municipales.

Construir una agenda municipal propia que no consista en sustituir “España” por “Villabajo” es un trabajo sumamente difícil pero necesario. La política más cercana es la municipal y por tanto también es la que da mayor presencia del partido ante los ciudadanos y se trata muchas veces de una política sin glamour de reparaciones en colegios, limpiar alcantarillas y asfaltas calles, pero sin ésta todo lo demás no tiene sentido.

Los alcaldes y concejales tienen atractivo electoral. Nadie como Izquierda Unida sabe lo que es cruzar el desierto y lo hace y sale de él, aunque brevemente, porque sus 2.249 concejales hacen presentes a la formación ante sus conciudadanos más allá de las luchas de la formación.

El modelo de polìtica de Madrid solamente es propio de Madrid y de las zonas metropolitanas de España. En el resto del país (el que más diputados y senadores envía a las Cortes) el elemento personal sigue siendo fundamental y el hecho de tener sedes físicas en la mayoría de las poblaciones es una presencia impagable en editoriales favorables de Pedro J. y de Jiménez Losantos. Pero cuando has apoyado por la política abstracta necesitas de un apoyo mediático constante que de desaparecer extiende su efecto hasta tí.

Si esto se hubiera hecho y lo municipal se hubiera trabajado bien, UPyD hubiera empezado a dejar de ser el partido de Rosa Díez para convertirse en el partido de la alcaldesa Ana, del alcalde Tomás, de los concejales Antonio y María y el del pedáneo José Luis. UPyD hubiera sido uno de los partidos con los que se reúnen las asociaciones cuando quieren protestar o desean proponer algo y que sus propuestas lleguen al Ayuntamiento. Claro, que lo mismo Rosa Díez no quería que UPyD dejara de ser nunca el partido de Rosa Díez.

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