El valenciano como juguete político

“Nada une más que un enemigo común” (Kurt Lewin).

Si un partido político se convierte en el representante de una colectividad frente a otra colectividad que ésta percibe como amenazante, tiene fuerza electoral y está razonablemente organizado, es prácticamente imparable. El sentimiento de amenaza puede ser real, imaginado o inoculado. Es irrelevante si su gestión de gobierno es buena o mala, lo importante es que nos libra de las hordas depredadoras del enemigo exterior (o interior).

Es de todos conocidos que una de las bases de la hegemonía política del PP de la Comunitat Valenciana, junto a la especulación urbanística y a la corrupción, ha sido la oposición de la identidad valenciana frente a un supuesto imperialismo pancatalanista (que algunos grupos minoritarios efectivamente intentaron enarbolar hace décadas). Se creó el cleavage valenciano.

La lengua ha sido y es el principal campo de batalla para los que quieren desconectar de todo lo que tenga relación con Cataluña. Los dos estatutos de autonomía que ha tenido la Comunitat Valenciana han determinado que la lengua propia era el valenciano y esto ha servido de base para intentar desconectar el valenciano del catalán como si no compartieran el mismo “continuum”.

La Academia de la Lengua Valenciana, como todos los reguladores lingüísticos, realizó y realiza su labor sobre la base de las normas de Castellón, que establecen las especificidades del valenciano pero no toma como norma las variantes más lejanas del estándar y de las variedades catalanas, como sí hacen las normas de Puig.

Las autoridades lingüísticas catalanas y valencianas llegaron al acuerdo de definir el valenciano como un estándar de la lengua catalana, aunque cada cual ha puesto siempre algún matiz de cosecha propia.

Pero el gobierno de la Generalitat Valenciana quiere tener abierto este tema para hablar de identidad en vez de hablar de corrupción, quiebra de la hacienda autonómica o pobreza en las tres provincias valencianas.

Hace unos meses llevó la definición del valenciano al Consejo Consultivo para que este órgano jurídico determinase consultivamente si una definición lingüística se adecuada al ordenamiento estatutario y legal.

El Consejo Consultivo emitió un dictamen realmente simpático y que dejó inoperativa la campaña judicial que debería seguir a su dictamen. El argumento es el siguiente:

Según el Estatuto de Autonomía, el valenciano es la lengua de la Comunitat Valenciana. La que desarrolla este precepto establece que lo que sea el valenciano es competencia de la Academia de la Lengua Valenciana (ALV). Y la ALV ha dado esta definición del valenciano según la cual es un estándar de una lengua compartida con otros territorios más allá de los límites de la Comunitat.

Dado que el dictamen cerró el paso a un estúpida judicialización de la actividad de la Academia como autoridad lingüística, el Partido Popular, en los estertores de su mayoría absoluta, recupera el tema de la identidad, potenciando a una entidad paralela a la ALV, como medidor del “valencianismo”, que no es otra cosa que una tapadera para ejercer el clientelismo político a través de las subvenciones culturales.

Junto a ello, perdida la batalla en el ámbito académico para desgajar valenciano y catalán, se retoma la batalla en el ámbito educativo. Hasta ahora cuando se ha enseñado valenciano o se ha enseñado en valenciano se ha hecho con la variedad estándar y hasta ahora oficial del valencia de la AVL. Ahora plantean introducir en las aulas la enseñanza del valenciano y en valenciano del estándar no oficial basado en las normas de Puig.

El prestigio social lo tiene la variedad de la ALV, por lo que parecería una pretensión vana, pero si nos fijamos en las cuestiones relativas a la organización escolar, entonces reconocemos la bomba de relojería que han diseñado.

Estableciendo que el valenciano de Puig debe ser ofertado obligatoriamente en todos los centros, ya tenemos hecha la cuña. Porque debería haber una clase de este perfil lingüístico y profesores para enseñar en él y para enseñarlo (¿quién certifica la capacidad?), quitándolo al otro estándar valenciano. De modo que una parte de los padres que opten por la enseñanza en valenciano tendrá que verse obligados a elegir la enseñanza en el estándar de Puig porque no quedan plazas libres en las aulas del estándar de la AVL. A los que estudien en castellano aún le es más fácil “colarse” la variedad del valenciano menos prestigiosa socialmente.

En estos treinta años hemos asistido a la revitalización de muchas lenguas en España. El caso de la lengua vasca es paradigmático y los líderes sociales y políticos se lo han tomado en serio. Cada día ellos mismos utilizan más el vasco para los debates y las declaraciones en prensa, porque son conscientes de sus papel social y porque también hay más personas que son bilingües castellano/vasco.

En cambio en la Comunitat Valenciana asistimos hace varias semanas al tristísimo espectáculo del “Caloret” de la alcaldesa de Valencia. La principal autoridad pública de la Comunitat, solamente por detrás del Presidente de la Generalitat, no es que hable mal el valenciano, no es que sea más de las normas de Puig, sino que hace un uso del valenciano que lo desprecia tanto que nos parece ridículo hasta a los que no lo hablamos.

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