Objetivo San Telmo (XXXI): El final de la campaña electoral

El CIS, al tiempo de publicarse, estimaba que el número de indecisos era cercano a la mitad de los potenciales votantes. En las semanas de campaña hay mucho por hacer, aunque exista la idea de que las campañas no sirven para nada.

En estos quince días es posible que los socialistas movilicen buena parte de su electorado, que ellos conocen bien, y que el domingo todos los que alguna vez han pensado votar al PSOE efectivamente lo hagan. El objetivo del PSOE-A es conseguir una mayoría suficiente, eufemismo de mayoría absoluta, que les permita gobernar en solitario e insuflar ánimos a toda las organización nacional del PSOE.

Si atendemos las preguntas indirectas de las encuestas el PSOE-A tiene recorrido y ellos saben hacer muy bien campaña. Los votos se buscan uno a uno y tienen militantes y una estructura de campaña lo suficientemente grande y autónoma para no depender únicamente de un acto de Susana Díaz.

A los mensajes de las dos últimas semanas de campaña, este fin de semana se le ha unido el de “derrotar a Rajoy”. Presentarse como bandera de enganche de la inmensa mayoría que quiere ver a Mariano Rajoy jubilado es una buena opción y más cuando la propia candidatura es la única que tiene posibilidades de darle un correctivo histórico a los populares.

El efecto mayoritario del sistema electoral les puede ayudar, siempre que el crecimiento de Ciudadanos no sea demasiado alto. Si eventualmente el PSOE superara el 40% (porcentaje no adelantado por ninguna encuesta), conseguirían una prima de escaños muy interesante. La simulación que hoy publica El Español da la posibilidad, pequeña, de que se acerque vertiginosamente a la mayoría absoluta.

El Partido Popular está muy perdido. Rajoy eligió un candidato pésimo y ahora intenta él personalmente apagar el fuego. El problema es que uno de los políticos nacionales con peor valoración no puede transmitirle nada positivo a nadie, todo lo contrario, lo contamina aún más.

El PP de Andalucía sigue siendo una confederación de alcaldes, sin proyecto ni liderazgo regional y sin una reflexión seria sobre Andalucía. Ganaron las pasadas Elecciones gracias a la indignación, pero su espléndida gestión al frente de La Moncloa les va valer un gran reconocimiento en las urnas, en Andalucía y en el resto de España.

Desde el inicio tienen una estrategia perdedora porque no saben cómo hacer una crítica seria, buena y dura sin insultar a la mayoría de los andaluces (que no esperen que se lo diga yo). Las campañas del PP de Andalucía parece que vienen enlatadas y que los populares andaluces no se gastan un duro en analistas y en especialistas en la política regional (si lo hacen, que los despidan).

Llevamos décadas padeciendo el mantra popular de que ha de gobernar el que más votos haya recibido. Como casi todo lo que dice el PP solamente le aplica si a ellos le conviene. Han pasado de prometer la abstención a considerar que tienen que votar en contra para obligar a la candidata socialista a conseguir apoyos al menos en forma de abstención. El problema que tienen los populares es que el mantra ha calado, pues según el CIS la mayoría de los andaluces apoyan que gobierne el más votado, de forma que abstenciones sin pacto de gobierno serían respaldadas por la ciudadanía y los abstencionistas (Ciudadanos) no ganarían precio siempre que no entraran en el gobierno.

Izquierda Unida tiene una importante fuerza municipal en Andalucía. Tiene 1.104 concejales de los 9.031 del total de la región (12,22%) y consiguió 488.046 votos (11,98%). En la provincia de Sevilla, por poner un ejemplo significativo, tienen 19 alcaldes (18,01% de la provincia), 280 concejales (18,45% de los concejales de la provincia) y sus alcaldes gobiernan el 17,51% de los habitantes de la provincia.

Estos datos solamente quieren mostrar que IU tiene base electoral y lo que es casi más importante, base social suficiente para resistir la entrada de Podemos. Perderá escaños, sin duda, pero tiene los mimbres suficientes y un candidato que lo sabe hacer bien como para pasar estas difíciles Elecciones y esperar a ver la disolución de los podemistas. Tener infraestructura a todos los niveles es importante, porque hace que conozcas a tus votantes, por más que luego en La Sexta les digan otra cosa.

Podemos será la tercera fuerza política, si el hundimiento del PP no alza a Ciudadanos. Le estamos viendo las costuras a Podemos: desorganización, ausencia de una política regional y centralismo madrileño.

Sin un buen resultado en Andalucía no se puede gobernar España. Salvo a Monedero, que le salen otras cuentas, a nadie en Podemos le salen las cuentas para gobernar en España y deberían tener claro que por más que consigan un entusiasmante resultado en Madrid en el resto del país lo tienen difícil para conseguir los diputados suficientes para gobernar. Es desánimo y las cada vez más evidentes riñas internas

Y finalmente están los de Ciudadanos, olvidada la metedura de pata de Rivera, están capitalizando la huida del voto de derecha que quiere echar al PP, pero no que entre la extrema izquierda y, además, le quita ese voto requete-indignado a Podemos que les iba a votar por fastidiar a todo el mundo pero con la mano en la nariz. El PP le presiona para que adelante qué va a hacer después del 22-M. Ellos que no son tontos hablan de cosas bien vistas: estabilidad y regeneración democrática.

En todo caso tanto Podemos como Ciudadanos tienen que demostrar que no son un “bluff” demoscópico.

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