Republicanismo y aristocracia

El Republicanismo como teoría política también vive de sus mitos e idealizaciones y los grandes mantenedores de esta posición teórica eran conscientes de estos.

Cuando una teoría se extiende a lo largo de la sociedad, se pierde rigor. Algunas ideas del ideal republicano se han extendido rápidamente por nuestra sociedad sin ser conscientes de que eran más bien aspiraciones que realidades aunque fueran pretéritas.

Del Republicanismo se ha popularizado la idea del ciudadano, soldado, miembro de la asamblea y magistrado. Es cierto que durante amplios periodos de la República romana los ciudadanos se hacían soldados (e incluso generales), volvían de la guerra y se retiraban a su quehaceres privados, salvo en lo relativo a su voto en la Asamblea y, en ocasiones, se hacían magistrados por un año. Pero lo importante y la constante era ser ciudadano.

Esta idea, desposeída de todo ropaje, es la que está detrás de la absoluta limitación de mandatos en todo y para todo y la idea de desprofesionalizar la política. Si la ciudadanía es la soberana, debe ser ella la que lleve los asuntos y transitoriamente algunos ejecutores, pero no unos políticos profesionales.

Pero lo que no contamos antes es que ese circuito ciudadanía-milicia-asamblea-magistratura estaba limitado por un sistema aristocrático en buena parte de sus costuras (como indica Polibio). No todos los ciudadanos se incorporaban en las mismas condiciones a las legiones, ni todos permanecían el mismo periodo de tiempo, ni con las mismas funciones; la Asamblea estaba organizada de tal modo que los intereses de los que poseían una posición social más fuerte pudieran ganar cualquier votación; para poder acceder a las magistraturas superiores había que tener un patrimonio considerable porque había que incurrir en fuertes gastos y no eran remuneradas; finalmente el núcleo de debate y decisión no estaba ni en la Asamblea ni en las magistraturas, sino en la reducida asamblea (el Senado) de antiguos magistrados, que también eran los más ricos de la República. La “potestas tribunicia” fue un logro de las clases populares que se fue desvaneciendo conforme la división no era entre plebe y patriciado, sino era por patrimonio.

Los ciudadanos romanos del orden senatorial, los ricos entre los ricos, ni cobraban ni se dedicaban profesionalmente a la política. Efectivamente, transitaban de la vida pública a la vida privada porque para los más ricos nunca había diferencia entre estos dos ámbitos, porque siempre tenían la posibilidad de influir y porque el Senado les proporcionaba participación formal y explícita si era necesaria.

Los que quieran establecer un modelo de vida pública basada en la desprofesionalización, en estar en la vida pública cortos periodos de tiempo sin remuneración o casi sin ella, pueden tener en cuenta la experiencia romana según la cual al final se transformó en el gobierno de los más ricos en todos los niveles, sin fisuras.

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