Cuando da igual no impartir el curso

La formación continua, los cursos y cursillos que se dan, la mayoría financiados por el Estado, la Unión Europea o por la cotización para la formación profesional son habitual objeto de sospecha.

La estructura habitual de un curso es que vas a donde se desarrollen o vienen donde trabajas, calientas el asiento que te haya sido asignado, rezas para que un terremoto intenso interrumpa el curso y cuando terminas te vas. Ésta es la versión positiva.

La tentación de que unos cobren el curso y otros se lleven el certificado sin pasar por el oneroso trámite de dar un curso es evidente.

¿Por qué sucede esto? Porque no se mide externamiento el aprovechamiento del curso. Si para conseguir el certificado, que sirve para cobrar un subsidio u optar a un ascenso, hubiera que pasar pruebas externas sobre la materia enseñada en el curso o cursillo y si los organizadores tuvieran una parte significativa del pago en función de los resultados. Dejaría de merecer la pena hacer cursos falsos.

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