Primarias e infiltración

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Las primarias son básicamente un invento político de los estadounidenses, como tantos. Un invento que encaja a la perfección con el sistema electoral mayoritario (un puesto por distrito y gana el candidato con más votos) para elegir dentro de cada partido a los que habrán de ser sus candidatos.

De hecho las primarias era un instrumento destinado a vencer al “boss” que dirigía cada trocito del territorio de los dos grandes partidos. Este fenómenos era especialmente agudo en el Partido Demócrata.

En los Estados Unidos uno pertenece a un partido o a otro en virtud de una inscripción censal: al inscribirte decides si eres republicano, demócrata, de algunos de los otros partidos o independientes. La variedad de partidos depende de los estados. Es por ello que la “militancia” en los partidos es elevadísima, ya que dimana de la propia inscripción como votante y no hay que hacer cosas tales como pagarle una cuota a la organización. Cambiar de partido es relativamente fácil.

En este formulario del Estado de Nueva York, en español, se ve muy bien.

Dependiendo de los estados y/o de cada partido se dan tres tipos básicos de primarias (realmente hay más): primarias cerradas en las que solamente pueden votar las personas inscritas en ese partido; primarias semiabiertas en las pueden votar los inscritos en el partido y los independientes; y las primarias abiertas en las que se puede votar en las primarias de un partido siendo del partido, siendo de otro o siendo independiente.

Muchos partidos españoles de centro, de centro-izquierda y de izquierda han importando a sus organizaciones las elecciones primarias. Este sistema tiene sus problemas a la hora de acomodarlo a un sistema electoral como el nuestro (proporcional con listas cerradas y bloqueadas), pero cada una de las formaciones se las está ingeniando como puede.

Normalmente solamente el cabeza de lista se elige por medio de primarias, aunque algunas formaciones han ensayado también la conformación de las listas por medio de este procedimiento.

Los mayoría de las primarias españolas han sido cerradas, solamente para los militantes que en España son personas que se han tenido que acerca a la sede del partido y pagan regularmente su cuota.

Algunas formaciones, como Izquierda Unida, han decidido hacer primarias semiabiertas, esto es, conceder el derecho al voto a todas las personas que, dentro de en un plazo, se inscribieran en su censo electoral sin necesidad de hacerse militantes ni otra figura análoga, pero no debiendo ser afiliados a otra fuerza política.

La idea fuerza de las primarias abiertas es permitir la participación de la sociedad en la elección de los candidatos y con ello hacer más porosa la organización a su entorno.

La teoría está muy bien y es entrañable. Para las primarias de IU al Ayuntamiento y a la Comunidad de Madrid hay unas primarias se han presentado tres personas para liderar la lista municipal y otras tres para la lista regional.

El número de personas que se han registrado para votar está en torno a las ocho mil, cifra que prácticamente dobla el número de militantes que la formación tiene en la Comunidad de Madrid. Siendo la relación de 2 a 1 a favor de los inscritos es difícil que los grandes aparatchiks de IU sean capaces de predecir el resultado tres semanas antes con un margen de error de tres votos.

Ha habido voces diciendo que entre los inscritos para votar hay muchos infiltrados de otros partidos, especialmente de Podemos. La respuesta de la dirección de IU ha sido la de alterar las normas electorales pocos días antes de abrir los colegios electorales y hacer que los simpatizantes y los militantes voten en dos urnas diferentes y que, naturalmente, se hagan dos recuentos diferentes [un paraíso politológico, dicho sea de paso]. Si los resultados varían si los simpatizantes se suman o no se suman, habrá jaleo que tendrá que ser resuelto por la Justicia ordinaria.

La estrategia de fondo es que si se detecta un número tremendo de simpatizantes que son de otros partidos, entonces se pueden anular las urnas de los inscritos y tener solamente en cuenta el censo de militantes.

El problema es el siguiente: en España la condición de militante a un partido político de una persona no es algo público, de forma que tienes que probar que sigue siéndolo en el momento en el que se inscribió para votar en tus primarias y eso, creedme, es muy difícil. Haber ido a un acto del PSOE, de Podemos o haber aplaudido a rabiar a Rosa Díez no te hace militante de otros partidos.

Naturalmente los que se sientan amenazados por el voto de los inscritos intentarán invalidar la máxima cantidad y hasta la totalidad de estos. Como os podéis imaginar los sistemas de control interna y las juntas electorales no responden a estándares electorales.

No sé yo si existen o no maniobras de infiltración de otras fuerzas en el censo de las primarias de Izquierda Unida en la Comunidad de Madrid, pero hacer unas primarias abiertas o semiabiertas tienen el pequeño inconveniente de que van a votar los que quieren hacerlo y no siempre son los que más gustan dentro de la organización. Es bonito abrirte a la sociedad, pero tienes que saber que toda decisión es ambivalente o, dicho en plan friki, toda decisión “tiene un reverso tenebroso”.

Y para terminar volvamos a nuestro punto de partida.

En el Estado de Michigan hay primarias abiertas desde hace décadas. En muchas ocasiones uno de los partidos no tiene nada que decidir, con lo que sus miembros más acérrimos se van a las primarias del otro partido a elegir a un candidato sin muchas posibilidad con la finalidad de enredar o apoyar al peor candidato de los posibles en el partido rival. Alana Moceri hace un interesante recorrido sobre los problemas creados por las primarias abiertas en Michigan desde los años setenta:

  • En 2008 los demócratas, que no hacían casi primarias a concurrir a la reelección el Presidente Obama, votaron al candidato republicano Santorum, un señor muy de derechas, frente al más moderado Romney, más cercano a sus postulados.
  • En 2000 los demócratas, con un Al Gore como claro nominado de su partido, votaron a McCain para complicarle las cosas al que sería finalmente el candidato republicano y Presidente George W. Bush.
  • En 1988 los republicanos le dieron las primarias republicanas en Michigan y sus delegados al candidato demócrata Jessie Jackson, primer afroamericano en ser candidato a la Presidencia, contra el claro favorito Michael Dukakis.
  • En 1972 los republicanos apoyaron a un demócrata favorable a la segregación racial (en aquella época era medio Partido Demócrata) para herir a la línea liberal que se había hecho con el control del partido.

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