La novena provincial andaluza

Eran los tiempos álgidos del Aznarato y todavía el Partido Andalucista tiene protagonismo en el escenario político andaluz. El alcalde de Algeciras, el andalucista Patricio González, quiere aprovecharse de la animadversión y del sentimiento de abandono de los algecireños y sus vecinos respecto de Cádiz y propone que el Campo de Gibraltar se convierta en la novena provincia andaluza y quincuagésimo primera de España.

Una mezcla de nacionalismo de campanario, de algunas reivindicaciones justas y de mucho populismo no consiguió la deseada novena provincia, para la que era necesaria una imposible Ley de las Cortes Generales (se intentó hasta un referéndum), pero sí algunos avances instituciones y de servicios que hasta entonces sencillamente nadie se planteaba.

Recordando este pretérito y sumamente regional episodio político me planteé las consecuencias electorales que podría haber tenido en caso de nacer esa provincia del Campo de Gibraltar. Hubiera sido una provincia sobrerrepresentada en Cortes y en el Parlamento en detrimento de algunos escaños en las provincias más pobladas.

En el caso del parlamento regional hubiera sido el caldo ideal de cultivo para una formación provincial, ya que partiendo de al menos ocho diputados y una población de poco más de doscientos mil habitantes crear un polo aglutinador sería más fácil que en territorios más poblados y el hecho de la provincia recién creada ayudaría al que promoviera la identidad de entidad provincial.

Se me ocurrió simular la existencia de esta novena provincia y hacerlo con los resultados de las últimas elecciones andaluzas, las de 2012, para ver cómo hubiera afectado al reparto de los ciento nueve escaños entre nueve circunscripciones y cómo hubieran sido los resultados, ignorando las salvedades antes indicadas del voto provincialista.

El primer paso fue calcular las poblaciones de las dos provincias que se hubieran separado. Posteriormente procedí a adjudicar los escaños, teniendo en cuenta que la Ley Electoral de Andalucía establece un mínimo para cada provincia de ocho escaños. Este cuadro son los diputados que les correspondería a cada de las “nueve” provincias.

Distribución escaños
T
odas las provincias, salvo la de Jaén, pierden representación que pasa a la del Campo de Gibraltar. La más perjudicada es naturalmente Cádiz porque además de perjudicarle el hecho de que haya menos escaños a repartir, también pierde población. Los resultados serían los siguientes, que prácticamente no hubieran movida el panorama político, ya que el diputado que pierde IU (por el efecto mayoritario que tiene la división de la provincia gaditana) lo gana el PSOE, pudiéndose formar idéntica coalición de gobierno que la actual.

Game Over.

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