¿Quién fue nuestro fundador?

Los franciscanos, desde su misma fundación, experimentaron convulsiones internas. La Orden de Hermanos Menores, que es la denominación oficial de la orden franciscana se vio prontamente rota entre la diversas interpretaciones posibles de la regla y el espíritu de San Francisco de Asís.

En el siglo XVI un pequeño grupo de franciscanos observantes, que se supone que eran los más “duros”, decidieron que el estilo de vida dentro de la Observancia se había relajado mucho y que ellos querían algo más consistente. Fundaron un pequeño grupo autónomo, formalmente afiliado a los franciscanos conventuales (que los antes los observantes se habían segregado) y allí nació la orden de los capuchinos. El Papa León XIII agrupó a todas las congregaciones y órdenes de los observantes en una sola orden, salvo a los capuchinos, que tenían una entidad numérica tan grande como la suma de todos los demás.

Si alguien pregunta a los capuchinos por su fundador o fundadores, dirán unánimemente que fue San Francisco de Asís. Pero sabemos que históricamente ésta no es la respuesta más exacta.

¿Por qué no hablan de esos que se fueron de los observantes y fundaron los capuchinos? Por una razón sencilla: porque los dos más importantes (Mateo de Bascio y Ludovico di Fossombrone) abandonaron en un momento dado su fundación y regresaron a su orden originaria. De esta forma los fundadores de los capuchinos fueron desertores de la naciente orden y los continuadores no les exaltaron, sino que les condenaron al olvido. Y a esto unido que el cuarto superior general de los capuchinos se pasó al Calvinismo, sorprende la supervivencia de esta rama franciscana.

El Papa Benedicto XVI suspendió del sacerdocio al infame fundador de los Legionarios de Cristo y mandó cuatro delegados pontificios para gobernar la congregación. Los delegados del Papa revisaron todos los aspectos del instituto y especialmente el conjunto de normas, creencias, costumbres y convicciones que habían hecho posible que el sinvergüenza de Maciel hiciera lo que le viniera en gana.

El Papa Francisco ha continuado la intervención y en estos días el Vaticano ha aprobado las nuevas Constituciones de la congregación de los Legionarios. Lo interesante de todo esto es que la presente generación de legionarios tuvieron como fundador a Maciel y participaron en las idealizaciones propias del culto a la personalidad.

Ahora tienen que negar a su fundador. Tienen que reelaborar todo el imaginario interno sin hacer alusión a quien posiblemente fue el autor de la totalidad de este imaginario. Tienen que hacerlo de nuevo y sobre todo reescribir la historia partiendo de un estupendo ejercicio de aquello que a los romanos se les daba muy bien: la “damnatio memoriae”.

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