Jugando con la deuda

Oriol Junqueras ha expuesto una de sus armas secretas, que ya no lo es, para conseguir que el gobierno central negocie la independencia de Cataluña y en especial un reparto de los activos: no pagar los pasivos, esto es, no pagar la deuda. Supongo que de la deuda propia de la Generalitat no habla, que no es poca.

La verdad es que lo primero que se desconcierta es que no sé en qué escenario se mueve hipotéticamente el líder de ERC: después de unas elecciones con victoria soberanista y anterior a la independencia efectiva o posterior a la independencia efectiva.

Lo que Junqueras no se da cuenta, o parece no darse cuenta, es que el Estado tiene el poder financiero en sus manos.

Con invocar el artículo 155 CE, suspender los tributos cedidos y dejar de transferir dinero a quien no se someta inmediatamente a la Delegación del Gobierno, La Moncloa tiene el poder en Cataluña sin mover a un solo figurante.

Ante la amenaza de no cobrar los empleados públicos y proveedores si siguen vinculados con una institución que se niega a ser suspendida, comprobará lo poco que dura la fidelidad cuando no hay dinero en la cuenta. Podrá Junqueras sacar bonos equivalentes a dinero pero se verán cogidos en una espiral inflacionaria tremenda al no ser la situación estable y ante tener que competir directamente contra el Euro.

Y sobre todo no es una buena manera de comenzar un país amenazar con no pagar la deuda, porque lo de la deuda fastidiará a los españoles, pero más afecta al que no la va a cobrar. Ya saben esos operadores, sus agencias y sus lobbies que quien parece ser el próximo Presidente de la Generalitat está dispuestos a dejarles secos si llega a ser independiente, con lo que tienen un motivo más para no apoyar el independentismo catalán.

Cataluña tiene buena imagen exterior y recibe muchísimo turismo. Pero eso no es suficiente para que la comunidad internacional deje de lado a un Estado que ha hecho lo imposible para pagar sus deudas puntualmente y sin refinanciaciones ni quitas, íntegras con todos sus intereses, para pasarse a defender a un Estado donde hay un nivel de vida aceptable, mayor que en la media y que se quejan de la opresión de las balanzas fiscales y que a las primeras de cambio dice que no piensa pagarte, esto es, que utiliza el dinero que te han prestado como arma de la lucha política.

Ésa es la diferencia. La comunidad internacional no va a obligar al Estado a negociar porque son buenos pagadores; la comunidad internacional va a querer asegurar de que no llegue un mal pagador más al mercado. Si tiene que elegir entre el cumplidor Estado español y las amenazas de Junqueras, eligirán al primero.

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