Democracia secuestrada

Alguna vez saldremos de esta crisis. Espero que no nos convirtamos en una segunda Argentina, pero solamente queda el deseo. Esta crisis está siendo una nueva ocasión perdida a pesar del dolor que está produciendo. Esta crisis no nos ha llevado a plantear revisiones profundas y sensatas de nuestro país y su economía, política, sociedad y reglas; esta crisis lo único que ha aportado al debate es la elevación de la simplificación binómica a hallazgo ideológico.

He leído con mucha atención la entrevista a Belén Barreiro que Jot Down publica. Ella sabe de política mucho más de lo que yo podré llegar a conocer en varias vidas, pero ello no me impide tener la osadía de discrepar con ella e incluso publicar mi discrepancia.

Insiste Barreiro en la idea de que vivimos en una “democracia secuestrada”, en la que el gobierno y los representantes elegidos por los ciudadanos no tienen todo el poder y que normalmente solamente pueden ejecutar los dictados de la Unión Europeo, del FMI o de otras organizaciones e instituciones similares.

La soberanía plena es solamente una hipótesis de trabajo que se emplea en Derecho Internacional, conscientes todos de que no deja de ser una “Fictio Iuris”. No hay Estado en el mundo que pueda tomar libérrimamente sus decisiones independientemente de los actores nacionales e internacionales o de la más simple agenda de política interna. Pero tampoco ha habido dirigente político que realmente haya tenido un poder absoluto, un poder que no haya necesitado contar con nadie ni que haya tenido límites.

Es evidente que ningún régimen tiene un margen de poder absoluto, aunque ello no puede conllevar que no haya habido ni haya regímenes títeres. La cuestión es si lo somos o no. Los españoles podemos decidir si queremos que no se siga pagando prestación y subsidio por desempleo, que los servicios sanitarios sean todos de pago de la totalidad del coste y que transformar todas las autovías en vías de peaje. Así no necesitaríamos dinero de otros y podríamos hacer lo que nos viniera en gana.

Ser consecuente con nuestras opciones como país y como sociedad nos lleva a tener un margen mayor de opción, pero eso no quiere decir que nuestra democracia esté secuestrada, sino que nuestra democracia es madura y que frente a un totipotencia adolescente prefiere los márgenes de la sensatez.

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