Oposiciones en administraciones minúsculas

Las relaciones familiares entre los trabajadores y miembros del Tribunal de Cuentas, así como con el presidente del comité de empresa más que sonar mal, apestan. Pero os propongo hacer un ejercicio como si lo que ha sucedido y sigue sucediendo (porque todos ellos siguen allí) en el Tribunal de Cuentas no necesariamente oliera tan mal.

Alguien pensó que determinados órganos, como el Tribunal de Cuentas y otros órganos constitucionales, debieran tener sus propios cuerpos funcionariales. Algo parecido, aunque con algunos matices, se ha dado además de en los órganos constitucionales y estatutarios en la administración institucional o instrumental que se decía antes. Junto a ello se ha desfuncionarizado parte del personal y se han creado numerosas plazas de personal laboral con formas de contratación más “flexibles”.

Las convocatorias son pequeñas y generalmente, en especial con las plazas laborales, hay que estar informados porque la difusión es escasa o prácticamente inexistente. Supongamos que uno detecta la convocatoria a tiempo y reúne los requisitos (especialmente el de tener el C1 de esloveno). Hacerse con la convocatoria no es fácil: viví la bonita circunstancia de que se me negó copia de una convocatoria que no estaba expuesta, ni colgada en Internet, ni publicada en boletín argumentando que con los recortes no había folios; cuando saqué el móvil para fotografiar las páginas vi a la señora que me negó la copia pensando que debía decirme que estaba prohibido pero no se atrevió a ello.

El siguiente escollo es el programa de la prueba de acceso: lo primero es conseguirlo, porque esos programas no es raro que se den a conocer en boletines oficiales casi internos, y una vez conseguido viene la parte en la que el posible candidato se da cuenta que la mitad del contenido de los temas no hay manera de conseguirlo salvo que ya estés trabajando en la entidad o alguien te pase el material porque versan sobre normas internas de funcionamiento, formas propias de funcionamiento y cuestiones específicas del organismo. En resumen, que saberte la 30/92, la LOFAGE, la Ley de Contratos, la LGP y el EBEP de poco sirven porque ese órgano tiene versiones de casi todo.

Supongamos que nuestro osado candidato a aspirante decide seguir. Viene un paso de los difíciles. Hay que conseguir un modelo de la solicitud de participación. Dice la web del órgano que puedes conseguirla y presentarla en su sede electrónica pero ni reuniendo al primo ingeniero informático consigues registrarte y del DNI electrónico mejor olvidarte. Se toma la decisión de presentar la solicitud como siempre y como Dios manda: en papel.

Si uno vive en la ciudad donde tiene la sede el organismo en cuestión, normalmente Madrid, lo tiene relativamente fácil. Si no, tendrá que gastarse una pasta en ir a Madrid o convencer a alguien a que pase la siguiente prueba por ti.

El madrileño, el “de provincias” o su amigo de Madrid se encuentran ya en la sede para que les proporcionen el modelo de solicitud. Entran y preguntan al primero que ven por el lugar donde conseguir el impreso y/o información. Con suerte el tercero o el cuarto te indicará algo de una utilidad relativa. Después de mucha paciencia, de que cinco o seis te digan que no hay plazas ofertadas a pesar de que llevas la convocatoria impresa (de lo cual se sorprenden) y con grandes dosis de suerte, logras alcanzar un lugar donde parece que tienen el modelo. Error: es la conserjería de la puerta principal, donde preguntaste quince veces antes, pero tu modelo está en la conserjería de la puerta trasera. Confiado en que ir a la parte de atrás de debe ser tan complicado, emprende el camino pero no hay manera de acceder, unas puertas cerradas, otras restringidas y pasillos que no llevan a ninguna parte.

Media hora dando vueltas y sin querer haces lo que será tu salvación: llamar la atención de la seguridad del edificio. Aparecen los “seguratas”. De buenas maneras, porque eso es un edificio de nivel, preguntan qué se desea y como ellos no son de la casa, sino de una empresa que los explota lo que puede, dan ingenuamente indicaciones valiosas tales como que la conserjería de la puerta trasera no es realmente de la puerta trasera, pues ya lo hay, ni es la conserjería, sino la “oficialía mayor” por la que has pasado que ocupa parte del espacio de esa conserjería desmontada.

Nuestro aspirante llega a la antigua conserjería de la antigua puerta trasera. Pide la solicitud y comienza el interrogatorio acerca de qué es lo que realmente quiere, hasta que vuelve a enseñar su copia de la convocatoria. Viene la fase de “¿dónde está el modelo?” hasta que alguien, pasadas algunas fracciones de hora, abre un armario donde hay tres bloques con quinientas copias del modelo. No hay más remedio que darlo y lo dan.

¿Parece difícil hasta ahora? Todos los procesos selectivos tienen una serie de pasos para los que hay que estar muy atentos, porque un fallo y el aspirante se queda fuera. Primero llega la lista provisional de admitidos y excluidos, que hay que controlar para ver si uno ha sido excluido, admitido o ni una cosa ni la otra, subsanar la causa de exclusión si es posible (o la causa de desaparición) y comprobar que todos los datos que consten en las listas sean los correctos; no raramente hay que presentar alegaciones. Luego viene la publicación definitiva de admitidos y excluidos donde hay que comprobar que lo alegado ha tenido buen fin.

Una vez que el aspirante se encuentra en la lista, tiene que estar atento a la publicación del inicio de las actuaciones y del lugar de las actuaciones. Estos dos cosas se pueden anunciar simultáneamente o no.

Las convocatorias normales utilizan las webs de las administraciones para este tipo de anuncios, y el ya consabido tablón de anuncio, pero las administraciones y organismos más pequeños tienen una predilección por el tablón de anuncios digno de mejor causa. Localizar el tablón de anuncios es una odisea como la de encontrar el modelo de la solicitud, con la peculiaridad de que el tablón puede cambiar de sitio, cambiarse el tablón de la convocatoria o que alguien haya pinchado cosas encima y sea casi imposible localizarlo.

Si el proceso selectivo tiene varias pruebas la cuestión de los anuncios sobre las actuaciones se repetirán en cada una de ellas, cabiendo la posibilidad de que haya suspensiones y aplazamientos de última hora. Cada uno de los ejercicios irán separados en el tiempo y se celebrarán en día lo más incómodos posibles, pero la separación no implicará que entre el anuncio de la hora y fecha y el ejercicio sólo se dé el mínimo previsto.

Y nuestro aspirante ha superado los exámenes, que eran muy fáciles para que el máximo número de los que ya están trabajando (la verdadera casta en España son los interinos y no los políticos) pueden acceder a la fase de concurso sin demasiado esfuerzo y incluso sin poco esfuerzo.

Ahora hay que sumar los méritos profesionales a la nota del examen. Los pocos que lo sabían y los dos externos han aprobado con una nota muy baja, de manera que todo se decida a través del concurso de mérito. La mitad de los puntos del concurso, que a su vez es la mitad de los puntos de todo el proceso selectivo, es el tiempo trabajado anteriormente en puestos del organismo. La otra mitad del concurso está compuesto por una serie de cursos y acciones formativas para las que es requisito está trabajando en el organismo para entrar.

¿Y cómo entraron todos ellos y superaron este sistema endiablado que ahora les proteje? Alguien se puso enfermo y se abrió una bolsa de trabajo (procedimiento aún más opaco que el descrito anteriormente) con toda publicidad de un folio en un tablón dentro de la oficina de contabilidad que solamente se puede ver desde el exterior si la puerta está abierta y tienes la vista de Superman; se avisó a quien o a quienes debían ser avisados. Este enfermo volvió y se consideró hacía falta un refuerzo o dos o ampliar parte de la plantilla, y así el que entró a sustituir siguió cubriendo siete años las plazas de la ampliación que ahora les han sacado.

¿Tiene sentido que administraciones y órganos pequeños hagan procesos selectivos legales pero muy oscuros? ¿No tendría sentido que todos se agrupasen en una convocatoria nacional y/o regional?

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