Ajedrez y prestigio nacional

El inicio moderno del uso del deporte como vehículo de propaganda política suele situarse en los Juegos Olímpicos de 1936, celebrados en la ciudad alemana de Berlín. Seguramente ya se habían dado intentos anteriormente, pero nada tan orquestado y realmente contemporáneo como el aparato nazi de información.

No solamente por motivos ideológicos los totalitarismos han hecho del deporte un instrumento privilegiado de propaganda, sino también por motivos económicos: es barato. Conseguir ser el número uno en unas cuantas disciplinas deportivas y que ellos proyecte una imagen positiva de mi país haciendo preferible mi régimen a otros cuesta menos que tener un buen nivel de vida, altos niveles de instrucción, salud o de calidad medioambiental.

Es curioso pero los españoles hemos vivido lo deportivo en términos de dignidad nacional, explicable porque nuestro totalitarismo (realmente un estado castizo, militar y clerical) conservó dentro de sus venas esa idea que transmitió a sus súbditos pero que no supo ejecutar.

Uno de los libros que más me han dado a pensar sobre este tema ha sido Campos de fuerza, del ensayista norteamericano George Steiner. En él ataca la división del ajedrez en la que se le da más importancia que la de un mero juego, sumamente complicado, pero un mero juego. Difícil pero trivial.

Muchos españoles hemos pensado que no teníamos campeones del mundo de ajedrez porque éramos o somos un país cutre, de tercera, sin desarrollo y sin planificación para cosas importantes. Los países de verdad tienen planes para detectar a los genios del ajedrez desde pequeños, colegios adaptados a ellos y una vida encajada para ser campeones desde la más tierna infancia.

El mensaje había calado y por ello muchos, independientemente de su ideología política personal, admiraban el modelo soviético. Era un país serio y que conseguía que su magnífico himno nacional sonara en casi todas las competiciones internacionales en las que participaba. Su palmarés olímpico era espectacular y brillaba en disciplinas deportivas de puro sacrificio como era la gimnasia, pero la quintaesencia era esa abstracción absoluta, ese deporte sin desplazamiento, que es el ajedrez.

Si miramos la lista de campeones del mundo de ajedrez desde el fin de la Segunda Guerra Mundial vemos que solamente dos pertenecen a países relativamente decentes, como Estados Unidos y Noruega, y el resto a la extinta URSS y a sus sucesores que no descollan en ningún índice de desarrollo humano desde que éste se creó.

Cada cual utiliza los medios que desea para hacer propaganda de uno, pero considerar que los triunfos deportivos, y menos los ajedrecísticos, hablan bien de un país y lo hace mejor y más deseable que otro es de ingenuos y nuestro país está lleno de ingenuos. No traerse ni una medalla de oro en los próximos Juegos será un fracaso deportivo, pero lo que es verdaderamente una vergüenza es haber tenido que abrir los comedores escolares en verano porque habría niños que no tomarían ni una sola comida completa.

Es mucho más difícil que un país destaque en el Índice de Desarrollo Humano que en un medallero, porque lo primero exige mucho esfuerzo, recursos y organización y lo segundo es tan minúsculo que no puede calificarse ni de sectorial. Recuérdese cómo las gimnastas de la Rumanía de Ceaucescu asombraban al mundo mientras su país vivía en un miseria creciente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s