Títulos y subtítulos

Ando haciendo listado de mis libros y digo listados porque hablar de una base de datos sería pretensioso y, lo que es peor, sería falso.

Después de unos cuantos cientos de ejemplares cuyos títulos han pasado al ordenador a través de mi teclado me he dado cuenta, o más bien he formulado algo que ya había atisbado: que en Humanidades y en Ciencias Sociales los títulos cada vez son más literarios y los subtítulos son los realmente informativos sobre el contenido del libro.

Pongamos un ejemplo inspirado aunque no estrictamente real. No sería raro encontrarnos una obra que se titulase Afectos y hormigón. Del título no sacamos más en claro que puede tratarse de casi todo, pero cuando nuestros ojos se posan en el subtítulo se nos despejan las dudas: Relaciones familiares en las ciudades europeas a principios del siglo XXI.

No es que pretenda una involución en lo que a los títulos respecta y que sean como los tratados latinos de título estereotipado que comenzaban con la mítica preposición de ablativo “de”. Pero creo que si conseguimos que el título informe un poco podemos ahorrarnos subtítulos, registros con campos enormes y con un prurito literario tan innecesario como pedante.

Ninguna medida ideológica compensa a los pensionistas

Si el análisis que hace El País tiene algo de verdad quiere decir que los analistas del Partido Popular están sintiendo venir una de las debacles electorales más fuertes de las últimas décadas.

El hecho de que el PP tenga que tomar medidas para mantener fiel al electorado más conservador, más de derecha de toda la vida, es una señal de que estaban registrándose deserciones entre aquellos que eran votos seguros independientemente de cualquier circunstancia.

El Partido Popular, siguiendo el titular de El País, ha tirado de ideología y quiere que la nueva Ley de Seguridad Ciudadana y la recuperación de la Ley del Aborto sean el banderín de reenganche de sus muy decepcionados conservadores.

El problema es que esos conservadores decepcionados no lo están por cuestiones ideológicas, sino por cuestiones económicas. Recordemos que un conservador español es una persona que adora la intervención del Estado en la economía y que existan servicios como la sanidad pública y que los medicamentos sean gratis para los pensionistas (verdadero granero popular).

Ser conservador o de derecha de toda la vida no es ser una persona con un nivel económico fuerte a la que nos recortes no le afectan. En este espectro ideológico hay todo tipo de personas y muchas de ellas son víctimas de los recortes del partido al que siempre votan y que les dijo que esto de la crisis era culpa de que Zapatero era el Presidente, que cuando se fuera todo volvería al esplendor perdido.

Cientos de miles de pensionistas, si no millones, que si bien no van a votar a otro que no sea el PP, puede que se queden en casa en 2015. Y cuando a un pensionista se le ha tocado el bolsillo, que es seguridad cuando no tiene la posibilidad de tener otros recursos, no hay piojoso multado o clínica abortista cerrada que le haga volver.

Subjetivismo y corrupción

Medir la corrupción directamente es algo muy difícil, ya que por su propia naturaleza la corrupción tiende a esconderse. Por ello los índices basados en la percepción de un cierto número de encuestados da un dato subjetivo, útil pero subjetivo. El último índice de percepción de la corrupción de Transparencia Internacional ha arrojado que en España la percepción de la existencia de corrupción se ha disparado.

¿Quiere decir esto que hay hoy más corrupción que hace unos años? No quiere decirlo, solamente se muestra que los encuestados creen que hay más corrupción. Y los casos y situaciones que hacen pensar eso a los encuestados (y a la mayoría de los españoles) son casos y situaciones de hace unos años, cuando ese mismo índice daba una percepción de la corrupción mucho menor.

Posiblemente la corrupción actualmente sea mucho menor que antes, cuando el índice era más bajo, sencillamente porque el gran elemento de corrupción, la burbuja inmobiliaria, ha desaparecido.