Fracaso

La justificación más cercana en el tiempo y en la mentalidad de la existencia de una Monarquía recurre a la idea de que esta institución proporciona una conveniente estabilidad en medio de los cambios permanentes y que, especialmente en los tiempos difíciles, le da un soporte fundamental al resto de las instituciones del Estado. Se suele invocar, en este punto, el papel desempeñado por la monarquía británica durante la Segunda Guerra Mundial.

Nuestro modelo de monarquía ha adoptado esta justificación, además de las inconfesables e inconfesadas ideas tradicionales, y sobre ésta se han edificado las características e inmunidades de nuestra monarquía constitucional.

No estamos en guerra, pero sí en una grave crisis económica y multidimensional que socava las confianzas básicas de los españoles en su sociedad y en su Estado: hay millones de parados, un empobrecimiento general de los ciudadanos y una indignación creciente frente a todo.

Era el momento de la Monarquía, el tiempo para justificarse en los actos y no sólo en las hipótesis, y ha fracasado. La Monarquía reinstaurada en Juan Carlos I no ha sabido justificarse en medio de una crisis nacional que le exigía y está muriendo de los mismos pecados de los que nos tenía que preservar. O la Monarquía entre en su segunda versión y veremos la tercera versión de la República