Cónclave (XV): Cambio de enfoque

Va siendo hora de terminar la serie de entradas del Cónclave y quiero hacerlo insistiendo en el cambio de enfoque que se ha producido en el Papado, así como dos grandes reformas posibles y pendientes. Con estas tres entradas esperaremos a la elección del sucesor del Papa Francisco, lo cual tras el precedente sentado este año no es esperar a la muerte de nadie.

Cambio de enfoque. Solamente un ejemplo

Hace años leía un interesante libro de Theodor Schneider que, de repente, de detiene en rebatir determinados argumentos teológicos que los lefevristas utilizaban para atacar al Misal de Pablo VI. Rápidamente se sacaba la conclusión de que los lefevristas y su cisma parecían ridículos en buena parte del Catolicismo pero que en Alemania y Francia se lo planteaban como un problema sumamente serio. El hecho de que un teólogo ‘centrista’ se fajase así lo demuestra.

Benedicto XVI accede al ministerio petrino y rápidamente, cosa que se hizo tímidamente en su anterior cargo, se empeña en terminar con el cisma de los tradicionalistas como si fuera uno de los principales problemas de la Iglesia Católica. Los obispos cismáticos con tratados con toda la ‘finezza’ y no se mira en Internet las preciosidades que salían de su boca, ni se leen sus libros, para que nada impida la reconcialiación.

Como era un cisma producido fundamentalmente por una cuestión litúrgica ya Juan Pablo II les comenzó a permitir celebrar según la liturgia anterior a la promulgada por Pablo VI, según las directrices del Concilio Vaticano II, por medio del motu proprio ‘Ecclesia Dei’ permite la utilización del misal de Juan XXIII con aparente normalidad pero con numerosas restricciones prácticas.

Benedicto XVI, con ‘Summorum pontificum’, estableció que el rito romano tiene dos formas, la ordinaria que sería la postconciliar, y la extraordinaria que sería la preconciliar. Se rehabilita la liturgia preconciliar para todos los sacramentos y sacramentales, además de las liturgias de órdenes como la desaparecida liturgia dominicana.

Una forma extraordinaria que recibe todas las facilidades para hacerse ordinaria, con la posibilidad de establecer incluso parroquias personales, en primer paso para ordinariatos rituales. La comisión dependiendo de Doctrina de la Fe y con un poder tremendo más allá que separa a todas las organizaciones tradicionalistas en comunión con Roma del poder de cualquier otro dicasterio.

Ratzinger, primero como Prefecto de Doctrina de la Fe, y luego como Papa se empeñó en resolver un problema mayúsculo y que curiosamente sigue en el aire. Un problema que es importante para muy pocos y un cisma casi exclusivamente clerical.

El Papa Francisco está procurando distanciarse de determinados elementos de ornato y de pompa. Algo parecido a una vuelta a la forma extraordinaria es impensable ahora y mucho menos que el Vaticano centre sus esfuerzos en tales cuestiones durante tanto tiempo y con tanta generosidad como en anteriores pontificados.

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