Cónclave (IX): Aclarando terminología eclesiástica

Con ocasión del Cónclave quería escribir una entrada que intentase aclarar una tremenda confusión sobre las órdenes y cargos dentro de la Iglesia Católica, pero visto algunos errores de bulto en la entrada de LPD que me animado a ello.

Hay que diferenciar dos aspectos fundamentales: el sacramento del orden y la denominación de los cargos.

El sacramento del orden tiene tres grados: el diaconado, el presbiterado y el episcopado.
Diáconos hay pocos porque generalmente los ordenados como tales son ordenados, al año siguiente, como presbíteros, aunque existe la posibilidad de que haya diáconos permanentes y de ordenar a casados. Sus funciones son las de leer el Evangelio, celebrar bautizos y ser oficiante de matrimonios, además de asistir a presbíteros y obispos en las celebraciones litúrgicas. Los presbíteros son los curas de toda la vida. Y los obispos son los que han recibido con plenitud el sacramento del orden y son los sucesores de los apóstoles. Los obispos son los únicos que pueden ordenar.

¿Es un arzobispo más que un obispo? Dentro del episcopado no hay grados y todos son igualmente obispos. El título de arzobispo se recibe de la diócesis, que es la cabecera de una provincia eclesiástica.

Antiguamente los arzobispos tenían potestades jurisdiccionales sobre los obispos y diócesis que pertenecían a la provincia que dirigían, potestades que en la actualidad se han reducido mucho. Los arzobispos que presiden una provincia eclesiástica reciben el título de metropolitanos o arzobispos-metropolitanos y se simboliza externamente con el palio.

Hay arzobispos que tienen ese título pero que no son metropolitanos, ya que su diócesis es la única de la provincia eclesiástica y por ello no reciben el título de metropolitanos. Son arzobispos “in personam”. Éste fue el caso del arzobispo de Madrid-Alcalá antes de la creación de las diócesis de Getafe y de Alcalá de Henares o el del arzobispo de Barcelona antes de la erección de las diócesis de Sant Feliú de Llobregat y de Terrassa. Se le concede también el título de arzobispo “in personam” a determinados obispos por especiales circunstancias (como al obispo de la Seu de Urgell que es también co-príncipe de Andorra), a los nuncios y a los secretarios de las congregaciones vaticanas.

Hay determinados arzobispos que reciben, por razones históricas, el título de patriarca (Lisboa o Venecia), pero en la Iglesia Latina es únicamente simbólico.

El esquema teórico en principio es sencillo: a cada diócesis le corresponde un obispo, de forma que al obispo le corresponderá el título de su diócesis. Pero la realidad es más compleja: hay diócesis con más de un obispo y obispos sin diócesis.

No es raro que en una diócesis haya obispos auxiliares y sí es más raro que haya obispos coadjutores (con derecho a sucesión). Todos ellos son titulares de diócesis que no existen en la actualidad, por eso se les denomina obispos titulares.

¿Es más de un cardenal que un obispo? Ser cardenal nada tiene que ver con el sacramento del orden, de forma que la respuesta es negativa. La norma canónica establece que los cardenales han de ser obispos, pero como es el Papa el que nombra cardenales puede nombrar a personas que no son obispos. De hecho se ha nombrado cardenal, para reconocer generalmente una labor teológica, a sacerdotes que no han sido promovidos al episcopado al ser de avanzada edad. Nada impediría al Papa la posibilidad de nombrar cardenales laicos, como ya han existido.

Si todo esto no os ha parecido lioso, hay que señalar que determinados presbíteros tienen tratamiento y pueden emplear, en ciertas circunstancias, las expresiones externas del episcopado sin ser obispos. Además hay presbíteros que, sin estar ordenados obispos, ejercen potestades episcopales de forma permanente o temporal.

Y ahora llegamos a un pequeño lio. Históricamente la elección del Papa la hacían los romanos porque no en vano el Papa es el obispo de Roma. Luego la elección estuvo en manos del clero. El Colegio Cardenalicio representa al clero romano y la provincia eclesiástica y por ello se divide en tres órdenes, como los del sacramento. Hay cardenales-obispos (representando las diócesis de alrededor de Roma conocidas como suburbicarias), cardenales-presbíteros y cardenales-diáconos. La inmensa mayoría, si no todos los cardenales son obispos de modo que las denominaciones de cada uno de los órdenes del Cardenalato es puramente simbólico.

Este esquema, que admite más excepciones y particularidades, se complicaría notablemente si introdujéramos a las iglesias católicas orientales, cosa que obviamente no vamos a hacer.

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