Cónclave VI: Due cartelle rigide rilegate in rosso, senza intestazione

La presa española se ha estado haciendo eco de dos artículos del diario italiano de ‘La Reppublica’. Ambos hablan de un informe secreto, elaborado por tres cardenales ancianos, sobre la situación de la Santa Sede, los grupos más representativos y determinados abusos y comportamientos que hacen sensible a los afectados a ser chantajeados.

Lo que se dice viene a ser más o menos lo esperado, con la novedad de la aparición de un ‘lobby’ homosexual que tendría la virtud de ser transversal a las nacionalidades y las tendencias doctrinales. Vamos, nada que no se hubiera dicho antes. La diferencia entre lo que a nosotros nos ha llegado y el hipotético informe es que en éste habrá nombres, intenciones e intereses.

No creo que sea la causa de la renuncia de Benedicto XVI, ahogado por la situación, sino más bien una consecuencia de la decisión. Da toda la impresión de que lo que ha preparado Benedicto XVI ha sido un informe base para el ‘traspaso de poderes’. En la Iglesia Católica esto normalmente no ha sido posible porque los antecesores acostumbran a estar muertos y se da por tanto la ocasión de encontrarse y estudiar informes.

Normalmente, con la excepción de Pío XII, los papas comienzan a enterarse del estado de las cosas cuando ya están en el cargo y, además, en sus primeros meses tienen que convivir con la ‘administración’ de su antecesor, la cual solamente es desmontada con suma ‘finezza’. Incluso si el Pontífice resulta ser un curial, salvo que sea el Secretario de Estado, tiene una visión particular, la de su discaterio. Si el elegido no es un curial, las dificultades serán mayores. Por tanto un Papa tiene que emplear unos cuantos meses a ponerse al día a la vez que va conformando un equipo con personas que puede que no haya conocido ni sepa que traen o tienen detrás.

Una renuncia pensada bien puede tener estas especificidades y establecer por primera vez una hoja de ruta a un Papa o un plan de transición. Y claro en este plan de transición lo importante, que normalmente es lo más feo, es lo primero que hay que dar a conocer, porque lo esplendoroso ya se conoce por sí mismo.

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