Pangolpismo (II)

La idea de que el Gobierno de España está sitiado por intentonas golpistas pretende reforzar a un Presidente y a unos ministros que si por algo están sitiados es por su incompetencia, el incumplimiento planeado y consciente de su programa electoral y, sobre todo, por la corrupción política al más alto nivel.

La mayoría absoluta le ha permitido aprobar una Ley de Estabilidad Presupuestaria que bien hubiera querido Zapatero pero que no podía hacerlo ya que ninguna fuerza nacionalista iba a acompañar a la mayoría relativa de su partido y la única fuerza nacional con capacidad para aprobar esa Ley estaba demasiado ocupada en ver caer al gobierno y en silenciar las cuentas de sus autonomías como para darle a Zapatero y Salgado ese poder. Una norma necesaria que llegó con años de retraso.

El PP y su entorno quieren más poder. El control de los medios siempre lo han sabido hacer bien desde los periódicos locales hasta las plataformas de televisión digital. Lo que se escapan son las manifestaciones.

En tiempos de la Presidencia de Aznar se quisieron llevar las manifestaciones contra la guerra por un tipo de nueva creación competencia de la jurisdicción militar (una especie de delito militar de derrotismo).

En tiempos de Rajoy se quiere crear el ambiente de excepcionalidad necesario para que puedan emerger normas en las que la regulación de las manifestaciones y las huelgas las hagan tan penosa y penalmente tan peligrosas que se desincentiven su convocatorio, organización y asistencia.

No es que haya una situación especial de riesgo para los derechos, los servicios o la estabilidad política, porque para remediar estas situaciones, si se dan efectivamente, están previstos en la Constitución los estados especiales.

Simple y sencillamente se quiere terminar con los derechos de huelga y de manifestación con la excusa de la crisis (y de fantasmagóricas intentonas golpistas) para dar un giro a la consolidación de la agenda conservadora que este gobierno está implementando.

2 comentarios en “Pangolpismo (II)

  1. El control de los medios de comunicación por parte de la derecha puede ser magistral, pero solo en los sectores más clásicos. A día de hoy, y pese a todos sus esfuerzos, la derecha todavía no ha conseguido manipular las redes sociales, y cada vez que lo han intentado les ha salido el tiro por la culata y han sido ellos los vapuleados. Una isla (con visos de convertirse en continente) de verdadera independencia.

  2. Desde luego es paradógico que quien daña la odiosa marca España, un concepto intencionadamente ambiguo y con las mismas dosis de realidad que la niña de Rajoy o que el propio pasado de inocencia y mansedumbre de un feliz registrador de la propiedad en Santa Pola (ese ‘rosebud’ de Rajoy), o quien daña cualquier otro valor democrático, sea precisamente quien está derribando, porque es quien puede hacerlo, la democracia en este país. Una cosa, democracia, que en España precisamente no ha sido ‘racionalizada’ por muchos, lo feudal y caciquil perdura.

    Pretender eliminar derechos fundamentales de ejercicio colectivo, desdibujar la Justicia mediante el privilegio y la impunidad, o destruir los instrumentos que pretenden paliar y corregir las más graves desigualdades sociales (sanidad y educación, sobre todo) es, de hecho, querer imprimir ese giro conservador, como bien dices, la Revolución Reaccionaria, prefiero denominarla yo. Creo que solo hace falta a la Santa Alianza que efectivamente se cumpla la premisa que anuncia la profecía, es decir, que haya violencia callejera, lo que ellos han definido como ‘golpismo’, que puede incluir actividades tan inocuas como lanzar huevos a la sede de Génova, si se quiere.

    Hay elementos nuevos que nunca estuvieron presentes con Zapatero o Aznar, en caso contrario, se habrían servido de ellos ya que, precisamente, son quienes pueden hacerlo. Están actuando como si no hubiera mañana, quedan tres largos años por delante y, a día de hoy, tanto ellos como nosotros sabemos que el PP y el PSOE desaparecerán de la escena política nacional en las próximas elecciones (salvo que la propaganda invente un milagro), tal vez perviva algún residuo en gobiernos locales.

    Por otro lado, sabiendo que no les conviene que haya elecciones, la policía, no todos, supongo, pero sí un sector bien visible y ‘activo’, está siendo empleada como escudo del Partido frente a los ciudadanos. Eso, desde tiempos del imperio Romano, sabemos que tiene consecuencias, la policía tomará conciencia de su fuerza porque ahora mismo el Partido necesita a la policía más que ellos al Partido. Ese sector de la policía que se muestra muy afín al partido está en condiciones de exigir un precio muy elevado luego de consumarse el golpe. Una alianza peligrosa e irresponsable, los resultados los conocemos por la historia de Chile o Argentina. Cualquier excusa valdrá para sacar los tanques a la calle. Desearía conocer cuál es el criterio que la Delegación del Gobierno en Madrid ha fijado para que se abra fuego real, con pistolas de verdad y munición de verdad… ¿arrojar una piedra? ¿quemar un contenedor?

    Yo creo que la profecía rajoyniana ya se está cumplendo en realidad, como todas las profecías que incluyen en sí mismas, sin referencia a datos de la realidad, sus propias condiciones de validez (protestar es igual que ejercer violencia/ la violencia contra la democracia es un intento de golpe de estado/ se está protestando contra la democracia (esto es a todas luces lo irreal) / luego, como vaticinamos, está habiendo un intento de golpe de estado), solo queda ser escenificada en forma de corroboración de lo que ya se ha afirmado, una violencia inexistente, sobre un objeto inventado, luego vendrá la represión policial y se pasará de un Estado de Excepción a un Estado Absolutista. No pueden esperar a que trascurran tres años, pero tienen mucho tiempo, mientras el mensaje propagandístico sube cada día de intensidad.

    Me siento más pesimista que usted, Geógrafo Subjetivo, pero agradezco leerle, no escatima en espacio para explicarse (como yo, le pido disculpas), pese a la moda bloguera de la superficialidad, y no parece hablar en boca de ninguna corriente ideológica demasiado simplificadora.

    Es que basta con que la policía ejerza suficiente violencia, mediática violencia, sin justificación, sin necesidad de que el supuesto ‘enemigo’ cumpla su parte, para que ya se den las condiciones óptimas…

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