Diplomacia de bajo coste

Todavía recuerdo mi estupor cuando, en su primera comparecencia en el Congreso, el desaparecido ministro de Asunto Exteriores, García Margallo iba desgranando el desmantelamiento del ínfimo aparato diplomático que España tenía en el África subsahariana, recurriendo a argumentos populistas y cortoplacistas como decir que un millón de euros para una Embajada en Zimbaue era muchísimo.

La gran reforma del servicio exterior consistía en mandar antenas (diplomáticos solos y aislados) en vez de formar equipos estables de trabajo cuya renovación no implicase un comienzo desde la nada.

El nuevo secretario de Estado de los EEUU ha afirmado que lo que se gasta en forma diplomáticos es una parte ínfima de lo que cuesta forma soldados. Los diplomáticos salen rentables a los países, evitando conflictos, defiendo a sus empresas y marcas y teniendo los resortes para que los medios extranjeros no te zarandeen a ti y a tu deuda soberana cada tres días.

Tener un buen servicio exterior cuesta muy poco. No tenerlo cuesta mucho. Rajoy nos da un servicio exterior ‘low cost’ y el país recibe un servicio malo.

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