Cónclave (IV): Soslayando las diferencias

En la última entrada publicada en esta serie apuntábamos algo que considerábamos obvio (que el Cónclave fuera rápido) y quizá fuera conveniente dar una explicación.

El Papado tiene un aspecto de “potestas”, que es plena, inmediata, suprema y demás características que el Derecho Canónico ha ido señalando. Pero junto a ésta hay una “auctoritas” que tiene que ser ganada desde el primer momento.

Está prohibido decir cual ha sido el resultado de las diversas votaciones del Cónclave. Un Papa no consigue la mayoría requerida en la primera votación, ni siquiera la absoluta, de modo que durante unos cuantos días ha tenido a más cardenales en contra que a favor.

El Papado tiene un elemento carismático que se basa en la adhesión incondicional y comprobar empíricamente que no siempre hubo ese apoyo incondicional y que es probable que hubiera otro candidato que se quedara a pocos votos de la elección.

Una elección que se dilata en el tiempo tiene dos efectos: uno que se pasa y otro que no. El primero es que la atención mediática se va perdiendo con cada fumata negra que sale de la Capilla Sixtina (a partir del tercer día ). Pero el efecto que no se pasa es la sensación de profunda división. Por más que sea secreto el escrutinio lo innegable es la dilación.

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