Carisma y política

La cultura política popular suele insistir mucho en la necesidad de que los políticos tengan carisma sin tener claro que es eso de tener carisma, precisamente porque no hay nada menos claro que este tipo de conceptos sin referente.

Los diversos resultados electorales en la Europa comunitaria nos muestra que las elecciones las ganan líderes que no provocan alteraciones sentimentales y grandes empatías, sino señores de lo más normal que se fían de las muy elaborada técnicas electorales y de comunicación para hablar a los ciudadanos de una forma convincente.

¿Quiere esto decir que no hay políticos carismáticos? Los hay y gustan, pero no son votados. Los políticos carismáticos suelen ser bastante dogmáticos y no tienen la cintura que hay que tener, y que el electorado tanto valora, para llegar a acuerdos. Políticos poco carismáticos humillan electoralmente en Europa a los carismáticos, que ni tienen posibilidades lejanas, porque son percibimos como seres que no están en ningún sitio.

Es posible que ésta sea la época de la quietud en política y los resultados nos demuestran que la inmensa mayoría de los ganadores de las elecciones en Europa Occidental no tiene carisma ni los electores lo han considerado importante. ¿Por qué sigue habiendo entonces tanto empeño en que alguien sea carismático?

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