Adversarios no competitivos

Las últimas votaciones en el Congreso desvelan para mí un cambio sustancial dentro de la dinámica política y de los apoyos parlamentarios a los que, hasta ahora, hemos asistido. El Partido Popular, sin necesitarlo por su mayoría absoluta, ha luchado denodadamente por conseguir los votos o la abstención de partidos nacionalistas o foralistas de derecha (CiU, PNV, UPN).

No es sólo una voluntad (discutible) de llegar a acuerdos, sino que constituye una táctica con la vista no puesta en esta legislatura, sino en el futuro, pudiendo constituirse en la nueva estrategia de la derecha española.

El PP ha destrozado exitosamente, durante años, a cualquier alternativa regional que compitiese por el electorado de derecha, pero se le han resistido algunas formaciones: Hasta ahora el Partido Regionalista de Cantabria (presidido por Miguel Ángel Revilla) va camino de la desaparición porque sin tocar poder, no es más que un conglomerado de concejales y alcaldes, y además le han faltado cuatro años más para convertirse en la marca cántabra del PSOE.

UPN rompió con el PP para poder hacer limpia interna de quienes se sentían más del PP que de UPN. En una votación en la que su voto no tenía importancia en el Congreso, se fue con el Gobierno y consiguió el nacimiento del PP de Navarra. Los peperos navarros se fueron a casa y los foralistas sin ambiciones capitalinas se quedaron en UPN, consiguiendo mantener las mismas cuotas de poder que antes. Ahora gobiernan con el PSN-PSOE y concurren a las generales con el PP.

Con PNV y CiU nunca lo han intentado porque las diferencias entre ellos y el PP en sus respectivas regiones es muy grande.

Tanto en el PP, como en PNV, CiU y UPN, se han dado cuenta de que son partidos semejantes en la mayoría de sus planteamientos programáticos, ideológicos y religiosos. También se han dado cuenta que el nacionalismo, tanto el español como el periférico, les ayuda a los dos en cuentos hacen que el debate no esté en cuestiones tangibles sino en cuestiones de identidad y de contraidentidad, donde la derecha actualmente gana. De esta forma cuando se enfrentan ganan ambos, porque no compiten por el mismo espacio electoral y los maximizan.

El cambio de estrategia es éste: atacaremos mediáticamente a los nacionalistas periféricos y ellos a nosotros para poder llegar a la totalidad de los respectivos ‘cleavages’ identitarios; después de las elecciones nos apoyaremos para evitar gobiernos de izquierda tanto en las regiones (Euskadi, Catalunya y Navarra) como en el Gobierno de España.

¿Realmente es un cambio? Sí y no. Sí porque renuncia ahora explícitamente a ocupar el espacio de la derecha naiconalista o foralista. No es porque fue el criterio postelectoral de 1996 y que los populares mantuvieron hasta la mayoría absoluta de 2000.

Fue en el 2000 cuando Aznar decidió prescindir del mundo y mantener un tono de arrogancia cuyas consecuencias su partido ha tenido que sufrir durante más de una década. Ahora el PP vuelve a pensar en el futuro más allá de los resultados concretos y define una estrategia a largo que le facilite el Gobierno de España a cambio de abandonar cualquier intención en Euskadi (donde se alejan todo lo que pueden de Patxi López), Catalunya o Navarra.

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