El ocaso de La Campechanidad

Más allá de las cuestiones concretas, de los tiros inoportunos, del yerno que es sacado de un gimnasio para ser ingresado de urgencia, del yerno que tiene algunas cosas en los Juzgados de Palma de Mallorca, de los tiros que van y que vienen, de los elefantes u osos o de esos viajes privados de los que la prensa no informa y que no se saben cómo se financian.

El problema de la Monarquía es que está contrastando en demasía respecto de la imagen transmitida por la doctrina oficial. La ‘Campechanidad’ es una buena dneominación para el imaginario creado para asentar y fortalecer la institución monárquica: estabilidad, desapasionamiento político, sencillez, austeridad, seriedad, trabajo, profesionalidad, perfección, familiaridad, humor o determinación en los momentos difíciles.

La ‘Campechanidad’ va perdiendo valoración progresivamente, tanto en los sectores más tradicionalmente republicanos como en la nueva derecha ‘amonárquica’: el Rey y la Familia Real comienzan a caer francamente mal, se les ve antipáticos y ajenos.

Los problemas que la Monarquía va acumulando no son únicamente un episodio desafortunado y especialmente largo de mala comunicación política, sino de una ruptura de lo que la inmensa mayoría de los españoles piensan y creen acerca de lo que es y de lo que debería ser la Monarquía.

El ocaso del imaginario monárquico que ocupó el lugar del ‘Juancarlismo’ exige un nuevo imaginario o acusar la desafección con la que una sociedad que nada tiene que ver con la de los años setenta comienza a la Monarquía cuando cada vez, por imperativo biológico, la sucesión está más cerca y necesitará más apoyos sociales.

2 comentarios en “El ocaso de La Campechanidad

  1. El “juancarlismo” fue el fruto no deseado por los autores del 23F. Eso ocurrió hace ya demasiados años y son muchos los acontecimientos que hemos vivido luego, como para mantener incólume aquel recuerdo y las simpatía hacia quien apareció como el que paró el golpe. Además, son muchos los jóvenes que nacieron después y que no tienen memoria de aquellos hechos. Incluso no ven sentido a los golpes de estado, por muy malas que sean las condiciones de vida actuales. El rey, como figura institucional, cada vez se ve más como algo del pasado.

  2. Es lo que tienen los cargos vitalicios. Ese hombre tuvo en su tiempo ilusión y probablemente buen hacer en su puesto. Pero ahora se le ve cansado, pasando de todo. Ni él mismo cree en lo que hace. La monarquía puede dar cierta estabilidad y tiene un “no se qué” de “glamour” pero claro, quien la ejerce es una persona, un ser humano, con todos sus defectos y que a lo largo del tiempo puede ir perdiendo ilusión y ganas. Es la cruz de esa moneda y ahora la estamos viendo. Pero tampoco podemos pensar que la república carezca de defectos y problemas. No hay sistema perfecto. En nuestro caso, así a bote pronto y sin perjuicio de un futuro republicano, que como digo, tampoco pensemos que sería jauja, lo procedente parece la abdicación. Este hombre está ya superado, debería retirarse.

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