La negociación como mal absoluto. Un uso estratégico

Comentaba el otro día con @RicardPG las dificultades sociales con la que se encuentra cualquier proceso negociador. Él lo atribuía a una falta de cultura negociadora y yo, en cambio, a una estrategia política contraria a la negociación. Me gustaría desarrollar esta idea.

Nuestra democracia se asienta sobre un mito negociador, la Transición, donde según la versión oficial todos supieron ceder para poder establecer en España un sistema político lo suficientemente amplio para que la mayoría de los españoles sintieran que estaban dentro. El mito sigue generando su función histórica legitimadora y sirve, de camino, para impugnar la realidad como si la realidad sementera fuera mucho mejor que la de los años posteriores, esto es, no deja de ser la construcción de una Edad de Oro.

Desde los años setenta, pues los acuerdos transicionales fueron consecuencia de la necesidad más de que de la voluntad, hasta nuestros días la negociación ha sido descrita y por tanto percibida socialmente como algo poco deseable (por más que se diga lo contrario) y se considera como una muestra de debilidad.

Quien negocia lo hace porque es débil, porque no tiene convicciones claras, porque para él lo importante no son los principios o las ideas sino determinada cuota de poder. Las negociaciones se equiparan a los ‘chanchullos’, a pactos entre personas con pocos escrúpulos e intereses más que oscuros.

Por el contrario se ha elevado la intransigencia a bien moral y político. El que se niega a negociar es porque es fuerte en sus creencias, convicciones, ideas y principios. El que no está dispuesto a ceder lo más mínimo es porque no se vende, porque para él todo lo suyo es importante y porque es el portador del bien y la verdad absolutos que no entrega nada. Lo que desea es la victoria total.

Evidentemente esta perspectiva de la negociación tiene mucho que ver con las estrategias políticas y electorales imperantes en las dos últimas décadas.

La derecha se ha organizado nacionalmente en torno a un solo partido de forma que no tiene casi ninguna posibilidad de negociar con nadie, por lo que a la derecha política y a muchos medios que apoyan a su partido central cualquier negociación política es vista como algo negativo ya que para lo único que sirven las negociaciones es para que ellos no gobiernen.

Por el contrario la izquierda política se configura nacionalmente en dos partidos políticos y por ello la negociación es necesaria para que una mayoría social, parlamentaria y de votantes de izquierda se convierta en un gobierno.

La demonización de cualquier negociación es parte de la estrategia política de la derecha, porque la negociación solamente les puede ser políticamente perjudicial. Así que cuando leáis equiparaciones de negociación y pacto mafioso (o cosas similares) ya sabéis que solamente es una acción para que la derecha pueda llevar adelante con más facilidad su estrategia electoral y política.

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