Reventando manifestaciones y celebraciones en Barcelona

Habrá determinados medios de comunicación que, con los incidentes de Barcelona, estén encantados de tener fotos para su portada de mañana. Así podrán decir que los sindicalistas o huelguistas son una especie de guerrilleros urbanos que lo que quieren es extender el caos y el desorden por todo el país. Dejémosles satisfechos y la portada hecha.

Lo cierto es que en Barcelona hay un grave problema con determinados grupos que aprovechan cualquier concentración multitudinaria en la calles, ya sean manifestaciones o celebraciones de los títulos del FC Barcelona, para que los informativos abran con los altercados o disturbios en la ‘Ciudad Condal’.

No es la primera vez, ni la segunda, ni la vigésima. Es una situación habitual que ni los responsables policiales del Estado ni los de la Comunidad Autónoma han sido capaces de atajar y eliminar. Es cierto que la Policía tiene que atender muchos problemas pero éste va comprometiendo el derecho de los ciudadanos a manifestarse y a expresarse, porque pone en bandeja a ciertos sectores la instrumentalización de las protestas para desacreditar a los manifestantes.

El hecho de que, en determinados actos, estos destrozadores y reventadores no aparezcan cuando sus acciones tendrían una repercusión muy ampliada hace pensar mal. Da la impresión de que cuando se quiere, se consigue, y que no es que no se pueda, sino que no se quiere. Mientras se quiera o no esos medios seguirán teniendo las portadas que tanto les gusta.

2 comentarios en “Reventando manifestaciones y celebraciones en Barcelona

  1. Entre la campaña de desprestigio y acoso y derribo a los sindicatos por parte de la derecha política y mediática, siguiendo la línea de los chicago’s boys de Freadman, Tacher y Reagan; y ellos mismos que se han ido desprestigiando con ciertas actitudes, además de que su estrategia se está quedando obsoleta, pues va a llegar un momento en que, entre todas la mataron y ella misma se murió. Cuando llegue ese momento lo vamos a lamentar todos.

    Nunca me sentí representados por ellos ni sentí que me defendieran. Nunca me afilié a ninguno por eso, porque siempre defendía al sector de los funcionarios; a los trabajadores de grandes empresas, sobre todo del sector industrial, la minería, etc o a todos aquellos que tenían un trabajo con contrato indefinido. A los que siempre hemos sido, como yo, outsiders, nos sentíamos marginados.

    Si a eso unimos a algo personal que tengo con ellos, cuando en una ocasión, después de una reunión que tuvieron, cenaron una docena sindicalistas en un hotel donde trabajaba, que en vez de sindicalistas sus actituides eran más propias de pijos o snobs y el trato despreciativo que me dieron mientras les serví (ese día era yo solo en sala). No hubo ninguna referencia en las conversacciones a problemas laborales o sindicales; todo se basó en hablar de vinos, sus añadas, de anécdotas de lo bien que habían comido en tal o cual restaurante o haciendo planes a ver a cuáles de ellos iban a ir en el futuro.
    Llegaron una hora después de la hora para la que me reservaron la mesa, justo la hora de cerrar el comedor. Dos personas de cocina tuvieron que quedarse hasta las 2; la chica del Office hasta las 3; y a mi me tuvieron hasta las 4 de la mañana, porque querían unos wishies y cubalibres para la sobremesa. En una cuenta de 550€ y ni uno de propina. ¡¡¡NI LAS GRASCIAS¡¡ al menos por habernos hecho trabajar 5 horas más de nuestra jornada laboral.Llegué a casa a las 5 de la mañana y me levante a las 7 porque aquel tenía el turno de mañana para dar los desayunos.

    Al día siguente hablando con los compañeros sobre el tema, lleguemos a la conclusión que esos son los defensores de la clase trabajadora.

  2. Lo que dice Itaca “va a misa” (o a una acampada de indignados), pero es cierto. Hace ya muchos años leí un ensayo, no recuerdo el autor, titulado algo así como “La metamorfosis del dirigente”. La tesis era que un dirigente social o político, antes de alcanzar poder trabajaba por sus ideales y creía sinceramente en los mismos, pero una vez en el poder adquiría los mismos vicios e intereses económicos que los poderosos que antes combatía, quedando su discurso en una mera relación de lugares comunes, prejuicios y frases hechas en las que en absoluto cree. Vamos, que una cosa es predicar y otra dar trigo.

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