Bajar dos tonos

Parece que el proceso de elección del nuevo secretario o secretaria general del PSOE da la impresión de ser una selección del nuevo candidato o candidata a la Presidencia del Gobierno que a la persona que tiene que liderar la organización y reconstruir el partido.

El PSOE es una estructura política que está fuertemente dañada por la actual circunstancia y por determinadas formas de ser que han hecho que el PSOE sea cada día más un partido débil en buena parte del territorio y desastrosamente irrelevante en unas cuantas regiones.

La elección está un tono o un escalón por encima de lo que es: se habla de Presidencia y de opciones contra Rajoy, cuando se debería hablar de estatutos y de principios programáticos.

De todas formas creo que se debería elegir algo aún por debajo de lo que se va a hacer: los socialistas creo que deberían elegir al mejor secretario de organización que tuviesen dentro de sus filas que, sin aspiraciones a La Moncloa, haga una profunda reforma del partido y que lo prepare para tener el mejor candidato o candidata posible en 2015 y que antes, en las locales y autonómicas de ese año el PSOE recupere por sí mismo y sin necesidad de coaliciones ayuntamiento y comunidades significativas. Para ello es necesaria una persona que pula el partido, lo lustre y que no ande preocupado por su futuro político personal como candidato a nada, en la confianza que el GPS está bien cubierto.

Y como ahora el PSOE necesita una persona que se dedique únicamente a reconstruir el partido, como fue una necesidad imperiosa y lo sigue siendo, casi sin remedio, en determinadas federaciones regionales. El PSOE tiene que bajar dos tonos o dos escalones.

3 comentarios en “Bajar dos tonos

  1. o Garantizar de forma efectiva la democracia interna en los partidos, estableciendo la obligación constitucional de que los cargos internos y candidatos de sean elegidos siguiendo un procedimientos de sufragio universal y sin que para concurrir a la elección sea necesario reunir avales; limitar la posibilidad de sanción a los parlamentarios por incumplimiento de la disciplina de voto cuando las iniciativas legislativas no estuvieran incluidas en el programa político o fueran contrarias al mismo; y limitar el poder ejecutivo interno de los partidos de forma que los órganos ejecutivos de rango superior no pueda disolver órganos ejecutivos de rango inferior.

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