Los efectos últimos del nuevo liderazgo

El sábado el Comité Federal del PSOE avaló a Alfredo Pérez Rubalcaba como candidato socialista a la Presidencia del Gobierno. La mayoría de los medios se han quedado con eso, valorando la marcha de Chacón (futura candidata del PSC a la Generalitat) y especulando si Rubalcaba será capaz o no de ganar a Rajoy.

Pero hay un elemento, de la vida interna, que parece que ha pasado desapercibido. Los socialistas tienen un nuevo liderazgo nacional, con todo lo que esto significa. Hay quien da directrices y quienes saben que el que las da tiene algunas posibilidades de seguir siendo el jefe y por tanto agrandar su poder de decisión.

Esto proporciona sosiego y una referencia tanto a las federaciones regionales (destrozadas por los resultados) como a muchas agrupaciones heridas desde el 22-M. Un nuevo liderazgo puede imponer la calma, evitar disensiones innecesarias en el peor momento y reconducir muchas situaciones que, en el fragor del dolor, pueden resultar suicidas. Y sí, es importante que sea un nuevo liderazgo porque el anterior, el de Zapatero, está más que amortizado incluso dentro del PSOE.

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