Churchill. Mito y realidad electoral

Hace tiempo leí una biografía de Winston Churchill (la de Roy Jenkins). Era un buen tocho y, por lo menos, me sirvió para conocer algo mejor a un personaje que nuestra sociedad política conoce más por citas sueltas o hechos atribuidos, pero que poco tienen que ver con un personaje tan complejo como el Premier británico durante la Segunda Guerra Mundial.

El otro día un comentarista de este blog ponía como modelo a este político inglés de cómo el afrontar las cosas de cara, con sinceridad y seriedad es premiado siempre por el electorado, que según el comentarista no dejó de votar a Churchill durante toda su vida.

La realidad de Churchill fue más bien otra. Accedió al cargo de Primer Ministro después que el inicio de la Segunda Guerra Mundial hundiera políticamente a Neville Chamberlain, pero las elecciones que daban la mayoría a los conservadores en la Cámara de los Comunes las habían ganado bajo el liderazgo de Stanley Baldwin.

A principios de 1940 Churchill era nombrado Primer Ministro, sin haberlo liderado a su partido en unas elecciones, y con el apoyo del otro gran partido, el Laborista, en cuanto era un gobierno de unidad o un gobierno de guerra.

Las elecciones no se celebraron en el periodo normal a causa de la Guerra, por lo que pasaron diez años de una convocatoria a otra. Tras vencer en la Guerra, Churchill se presentó liderando el Partido Conservador y fue derrotado por los laboristas de Clement Attlee, con un margen de tres millones de votos (casi el 14% que no es precisamente poco). Esto es: Churchill no consiguió el respaldo popular a pesar del mito construido ahora en turno a su figura.

Derrotado nuevamente en 1950. En 1951 Churchill volvió a ser Primer Ministro. El Partido Conservador consiguió más escaños que el Partido Laborista pero no más votos. Por obra y gracia de los sistemas electorales, con especial peligro en el mayoritario, la opción minoritaria en voto popular consiguió hacerse con la mayoría absoluta en el Parlamento.

No deja de ser sorprendente que alguien cuyo mito político lo hace sumamente querido por su pueblo, ejemplo de eso que se llama ‘estadista’ y modelo de líder democrático occidental, nunca consiguiera el apoyo mayoritario del electorado como líder de su partido.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s