Túnez y Bielorrusia

Aleksandr Lukashenko ha sido reelegido por cuarta vez como Presidente de Bielorrusia. El porcentaje de votos que ha recibido sugiere que o bien es un grandioso gobernante, o bien realmente es un dictador que realiza elecciones para guardar determinadas apariencias formales.

En el Índice de Democracia de ‘The Economist’ Bielorrusia figura en el terrible puesto 132 del mundo; en el Informe de libertad de prensa de ‘Reporteros sin Fronteras’ se encuentra en el 154. Parece que la segunda posibilidad es la correcta.

Bielorrusia es una especie de fósil viviente de la antigua República Socialista Soviética que era. Mantiene una economía estatalizada en más de su mitad. Es un reducto, muchas veces olvidado, de gobierno autoritario en Europa, aunque característico de buena parte de las antiguas repúblicas soviéticas.

La dictadura de Túnez ha caído y muchos ciudadanos se han sorprendido de que en ese destino turístico de ‘resorts mediterráneo’ se viviera en esa situación de represión. Lo que sucede es que cuando las dictaduras no nos dan problemas, entonces nos olvidamos de ellas y de sus maldades.

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