¿Occidente amenazado?

El pasado fin de semana tuve la oportunidad, dado que estaba en la Península, de dar un tranquilo paseo librero. Las secciones en las que suelo depositar mi atención son pocas y básicamente las que tienen libros de materias que son de mi interés: Filosofía, Derecho, Sociología o Política.

La diferencia entre estas secciones y una de narrativa es que las novedades suelen ser pocas. Las novedades van apareciendo a cuenta gotas a lo largo del año y no tienen necesariamente la misma cadencia (en las fechas señaladas de la Navidad y del verano) que sí tienen las novedades literarias.

A pesar de que los títulos suelen ser los mismos durante mucho tiempo en esta ocasión sí me ha llamado la atención la existencia de muchos libros que hablan de un Occidente amenazado, cuando no de un Occidente prácticamente derrotado por sus enemigos exteriores. En la selección de los enemigos, al menos según el testimonio de sus contraportadas, el Islam es el primero y sólo algún atrevido hablaba de China, en una clave parecida a la que se hablaba de Japón hace medio siglo. Naturalmente éste es el dominio de la bivalencia y de todo tipo de simplificación que entra en el terreno de la caricatura.

La convergencia de tantos libros sobre amenazas, con subtítulos y texto en la portada, de lo más grave me da la impresión de que se debe al estado de opinión de determinados sectores políticos y sociales que necesitan de la sensación de amenaza para que su programa, cuando menos conservador, sea bien visto por los ciudadanos.

El miedo hace que cambiemos nuestros criterios para valorar las cosas. Hay una variación en las jerarquías, explícitas o implícitas, para evitar la amenaza a la que se tiene miedo. Pero el miedo, cuando es verdaderamente efectivo, es cuando esa amenaza se ha materializado alguna vez y cuando es lo suficientemente inasible como para no poder terminar con ella rápidamente. Si se une la idea de la infiltración, esto es, la existencia de unos agentes que trabajan a favor de la amenaza consciente o inconscientemente, la táctica del miedo será efectiva.

Evidentemente ninguno de estos libros tiene en su mano conseguir este conjunto de efectos (hay algunos que dan la impresión de ser análisis serios y no ‘perroflautadas’ de derechas), pero sí consiguen crear un ambiente que pasa de los libros al comentario del que se ha leído el libro a sus amistades, del libro al tertuliano ‘todólogo’ y del libro a los artículos en prensa o en Internet.

Al cabo de un tiempo no importa que la mayoría de la sociedad comulgue o no con cada uno de los enunciados de estos libros (y de la mentalidad), sino que sientan que Occidente está amenazado exteriormente y que hay que defenderse de esa inminente amenaza exterior. Si vamos a los hechos objetivos vemos que los que refrendan la amenaza a Occidente no nimios con los que refrendarían la tesis contraria, que los demás están amenazados por Occidente. Pero ¿a quién le importan los hechos objetivos?

4 comentarios en “¿Occidente amenazado?

  1. Yo cada vez que abren en el barrio un kebad o un bazar chino me acojono, pienso que vienen a acabar con nuestras costumbres (la paella) y a violar a nuestras mujeres.

    El miedo es, cada vez más, el argumento más repetido por los pensadores conservadores a la hora de crear un estado de opinión favorable a sus políticas. Y lo es porque la gente es muy receptiva con el miedo y muy poco con los argumentos racionales. A la gente le importa muy poco la verdad.

  2. Siempre que leo cosas así, pienso que el el eje de la Tierra cambiará y los conocidos como occidentales, pasamos a ser occidencuales, pues no me cabe en la cabeza una amenaza a occidente que sea creíble, que no afecte también a oriente.

    En éste mundo estamos de paso y los occídpodos y occidópteros -seres que habitan en occidente y se sienten amenazados- también: ¡Nos vamos a morir!

    Que no me vengan con alarmas a mi.

  3. Pero ¿Qué es Occidente? Si nos referimos a la sociedad pequeñoburguesa a la que se denomina “del bienestar” y a la que se han apuntado hasta los marxistas más recalcitrantes, cuando quiera es hora. Total, tantas revoluciones y al final lo que ha triunfado es el espíritu burgués, en el que “progreso” significa dinero, comodidad, hedonismo (bienestar como progreso material), con olvido del progreso del hombre y las sociedades en cultura, bondad, laboriosidad, solidaridad, espíritu de sacrificio (el bien-ser asfixiado por el bien-estar). Lo que se llama Occidente ha renunciado a “ser mejor” (el verdadero progreso) para “estar mejor” (Estado del Bienestar burgués al que se ha apuntado con fervor la socialdemocracia) Si eso está en peligro. ¡Enhorabuena!.

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