Sobre la liberalización de las farmacias

Uno de los argumentos más serios que se oponen a la liberalización de las farmacias es que el actual sistema garantiza que en pequeñas localidades, con poca población, dado que el número de farmacias y su ubicación no depende de la voluntad de los farmacéuticos, los cuales irían por sí mismos a los lugares más rentables y normalmente con mayor población.

Es cierto que si se fuera posible establecer una farmacia en el sitio que se quiera, habría una avalancha de licenciados en farmacia que abrirían establecimientos cerca de los centros de salud de las grandes ciudades, que son los lugares ‘a priori’ más rentables. Los grandes perjudicados serían los propietarios de las farmacias ubicadas y solitas en esos lugares donde ganan ingentes cantidades de dinero.

Pero también es cierto que en cualquier localidad española hay tiendas de alimentos y otros establecimientos comerciales, incluso en lugares que no alcanzan los mil habitantes. Donde haya público, habrá una farmacia. No conozco ningún grupo de farmacias que sean ruinosas y muchas de ellas están en localidades pequeñas, por lo que, como pasan con otros sectores comerciales, habrá farmacias porque hay dinero y por tanto beneficios.

[Nota: adelante comentaristas del ‘lobby’ farmacéutico, con alertas de Google conectadas y dispuestos a comentar cuando sale este tema]

El debate sobre las medidas de Rajoy

Parece que el PP ha cambiado de estrategia y Rajoy, a través de El Mundo, está dando a conocer sus medidas con las formulaciones más generales e imprecisas posibles. Rajoy se ha visto forzado a hacer esto no porque fuera lo mejor sino porque su anterior estrategia se había agotado y empezaba a ser objeto de chanza en los medios de comunicación y entre los ciudadanos.

La estrategia de ‘dormir y sólo despertar el día que se entra en La Moncloa’ estaba muy bien diseñada, pero tuvo un serio problema desde su inicio: fue filtrada a los medios de comunicación por algún indiscreto de la calle Génova de Madrid. Evidentemente esta estrategia hubiera sido descubierta, pero contando con la filtración desde el primer día tuvo un periodo de caducidad menor.

Por más imprecisos que quieran ser en el PP, por más generales y por no querer perjudicar a nadie con lo que anuncian (cuando la realidad de gobernar es necesariamente otra), el primer partido de la oposición se está colocando en una posición muy incómoda, porque sus medidas pueden ser convertidas en el centro del debate político, pedirles aclaraciones sin fin y concreciones inconfesables, mientras que el Gobierno respira a toda margen de acción después del acuerdo sobre las pensiones.

Pero lo peor de todo es que muchas de esas medidas que Rajoy propugna el PP las ignora completamente en las administraciones que gobierna. Desde la eliminación de entes públicos, a la contención del déficit pasando por las televisiones autonómicas son medidas que ellos podrían hacer en las Comunidades y municipios que gobiernan y que no son pocos.

El discurso del Rey

‘El discurso del Rey’ pertenece a ese tipo de películas que se basan en un guión y en el trabajo de los actores principales. Es una película donde las palabras y las frases son el óptimo instrumento contra los miedos más profundos de las personas.

No hay que pensar, dicho lo anterior, que ‘El discurso del Rey’ forma parte de ese subgénero, un tanto insufrible, de la película intimista. Es una película que coloca a los personajes dentro de su época y de su circunstancia, por otro lado insoslayable ya que el problema que sirve de núcleo a la película es absolutamente inasumible para las personas cuya vida es tan privada como pública y para quienes su principal acción es hablar en público. La ambientación es muy buena y el clima creado alrededor de los personajes cumple perfectamente su cometido de encauzarnos hacia el desarrollo de la película.

Una película consistente, con diálogos vivos y que sabe transmitir la angustia del personaje principal sin que en ningún momento se pierda el humor inglés ni fortísimas cargas de ironía, así como interesantes reflexiones sobre las monarquías occidentales en la época de los grandes medios de comunicación.

Publicaciones electrónicas

Hubo una época que las publicaciones oficiales de los ministerios y otros organismos, más que para transmitir un conocimiento que la administración tenía, constituyeron un fondo para ciertas remuneraciones que el Estado no podía pagar directamente o no quería que se supiera que pagaba. A determinadas personas se les ‘invitaba’ a colaborar en un libro sobre cualquier tema relacionado con el organismo o ministerio en cuestión y su participación (mediante ‘negro’) era pagada cuantiosamente.

Desde hace mucho tiempo las publicaciones oficiales dejaron de servir para otra cosa, pero siempre han tenido un pequeño problema de publicitación y de distribución. El resultado es que, con demasiada frecuencia, han terminado cientos o miles de libros apilados en sótanos hasta que alguien decidía venderlos al peso de su papel.

El pasado Consejo de Ministros ha aprobado un plan para potenciar la publicación electrónica dentro de la Administración General del Estado y apostando por un formato de edición que no esté atado a un lector determinado. Como era lógico el terreno de las experiencias-piloto se han realizado en el BOE con las publicaciones en ePUB.

El camino emprendido es el correcto porque se evitan costes de impresión, los precios públicos pueden bajar en estas publicaciones, la distribución deja de ser un problema y solamente queda que haya una buena plataforma de descarga y un sistema ágil de pago, cuando éste proceda. Una de esas iniciativas que no hacen ganar ni perder votos pero que, a la larga, son esenciales para un país.

Mubarak must fall

Continúan las manifestaciones en Egipto. Las principales ciudades del país están tomadas por miles de manifestantes que sencillamente pasan del toque de queda decretado por el Presidente Mubarak.

La represión policial ordinaria ha fracasado, en cuento no ha sido capaz ni de disolver a los manifestantes ni de intimidarles para que no prosigan con sus protestas. Mubarak ha recurrido al ejército pero los tanques, por sí solos no hacen nada, y los soldados, que posiblemente sean reclutas de las mismas zonas a las que son enviados, les ven las caras a los manifestantes que son como ellos mismos cuando cuelguen el uniforme.

Los policías están agotados y los soldados no saben realmente qué hacer porque su mera presencia no ha hecho nada. No sé si hará una represión más sangrienta que la actual, pero creo que cuanto más minutos pasan más difícil es que prospere una orden en ese sentido si los manifestantes no atacan directamente a los soldados.

Mubarak ha cesado al gobierno y ha puesto a un hombre fuerte como Vicepresidente, lo que algunas personas han interpretado como un ‘delfinado’. Nuevo gobierno para aparentar que todo cambia sin que nadie cambie, pero que de nada sirve.

A estas alturas lo que está claro es que los manifestantes tienen como principal objetivo no que se hagan uno, dos o tres reformas de mayor o menos calado, sino que lo que quieren es la caída de Mubarak y, dado el fuerte personalismo, la de su propio régimen.

¿Qué pasará en estos países si sus respectivas dictaduras caen? Nadie lo sabe. Lo que sí sé es que esto me recuerda el colapso del Comunismo, aunque no me atrevería a hacer más comparaciones que este breve recuerdo de mi adolescencia.

Las deducciones fiscales cuestan dinero

En muchas de las páginas que leo aparece la expresión ‘deducción fiscal’ como una especie de bálsamo contra muchos malos. Muchos de lo que utilizan esta expresión y que querrían que se empleara el mecanismo no caen en la cuenta de dos cosas que son muy importante, aunque se encuentren en los implícitos.

La primera es que cada deducción cuesta dinero, porque es un dinero que no recaudas. De hecho el total de las deducciones se contabilizan en el llamado ‘Presupuesto de Gastos Fiscales’. Las deducciones tienen que tener una finalidad muy clara y tienen que ser evaluadas continuamente, porque pueden generar efectos adversos a los inicialmente deseados (el ejemplo es la ya felizmente desaparecida deducción por compra de vivienda). En una etapa que reducción del déficit hay que andarse con mucho cuidado con los dispendios en gastos fiscales, que pueden comerse el ahorro en gasto público.

La segunda es que hay un grupo de deducciones fiscales que son enormemente regresivas y que premian más al que más tiene, ya que muchas de ellas no tienen en cuenta los ingresos del que se va a deducir, por no decir que es posible que algunas deducciones solamente estén al alcance de unos cuantos.

Proponer incentivos en forma de deducciones fiscales tiene, como tercera idea, el problema de que el dinero deducido puede que no vaya precisamente a donde quieres que vaya. Frente al incentivo finalista, la deducción tiene la incapacidad de ser controlada.

Esto no es un canto contra las deducciones fiscales. Tiene que haberlas y tienen que ser servir a nos fines, pero no son ni la panacea ni la mejor solución y a veces te incrementan los gastos, porque das algo que pagas y deduces otro algo adicional que indirectamente también pagas (por ejemplo las deducciones por capitalización en los sistemas privados de pensiones).

Dación en pago

Una de las grandes noticias de esta semana, junto al acuerdo sobre las pensiones, ha sido el auto de la Audiencia Provincial de Navarra en el que no permitía ejecutar el restante no conseguido por un banco en la subasta de una vivienda (finalmente adjudicada al propio banco) de forma que se cancelaba la hipoteca a pesar de que lo adjudicado estaba por debajo del préstamo hipotecario. La prensa y la red se inflamó con el asunto y con las consideraciones que el tribunal hace en el auto.

Anoche me leí el auto y la verdad es que una cosa es el largísimo ‘considerando’ en el que hace apreciaciones económicas, sociales y políticas sobre la crisis financiera y sobre la crisis económica y otra es la fundamentación jurídica sobre la cuestión. No supone la obligación de la dación en pago, sino que aplica la doctrina de que nadie puede ir contra los propios actos.

El auto mantiene que el valor de la vivienda es el que consta en la tasación que se hizo antes de constituir la hipoteca. Es cierto que el Banco presentó una nueva tasación pero esa nueva tasación fue rechazada por unos motivos que se dan por ‘reproducidos’, esto es, la mala costumbre de nuestros órganos jurisdiccionales de hacer suyo algo pero no referirlo.

Al no conocer, al menos yo, a argumentación jurídica del auto por el que no se admitía la nueva tasación del bien al valor estimado del momento de la ejecución hipotecaria, es muy difícil conocer si lo fue sobre un fundamento de derecho material o sobre uno de fundamento de derecho adjetivo.

Esta resolución no es tan novedosa y se une a unas cuantas que terminan, por caminos diferentes, resolviendo lo mismo, pero tienen enfrente a toda la jurisprudencia del Tribunal Supremo, que es la que tiene la última palabra ‘rebus sic stantibus’.

Finalmente creo que las consideraciones del tribunal están fuera de lugar porque no es ése su trabajo ni la función del Poder Judicial. Como ciudadanos los jueces pueden expresarse como quieran pero no cuando actúan al amparo del poder que la sociedad les ha conferido. Juzgar y hacer cumplir lo juzgado es su misión, todo lo demás está de sobra o debe hacerse en los foros adecuados.

¿Debería cambiarse la Ley Hipotecaria? ¿Qué alternativas? ¿Qué consecuencias tendrá el cambio a un modelo de dación en pago o garantía patrimonial limitada? ¿Debería hacerse de la dación por pago una norma general e indisponible?