Política fiscal y despenalización

Durante la jornada de hoy los californianos, como la mayoría de los norteamericanos, están convocados a las urnas para elegir numerosísimos cargos públicos y para tomar algunas decisiones. La más célebre de todas las que se proponen en California es la Proposición 19 sobre la legalización de la marihuana.

El domingo “Público” hablaba sobre la posibilidad de la despenalización de la tenencia, producción y comercialización como una especie de bálsamo ante la situación de quiebra que tiene el estado de California. De esta forma se nos presenta la despenalización realmente como una medida fiscal, algo bastante más ‘pasable’ para una buena parte de la población.

La decisión de despenalizar la tenencia, producción y comercialización de una sustancia narcótica no puede guiarse a través de criterios fiscales, sino a través de criterios de salud pública, porque si creemos que esa lógica es buena para la marihuana podemos considerarla buena también para otros comportamientos penados.

El problema fiscal de California no se soluciona con la despenalización de la marihuana, es más, se ingresaría relativamente poco al ser susceptible de autocultivo, sino con una serie de reformas tales como eliminar la prohibición de déficit (que ha provocado endeudamiento) y dejar que los políticos que saben de los temas puedan permanecer en sus puestos más que unos mandatos muy limitados, de forma que los grupos de presión pierdan el poder que tienen con los novatos.

Un comentario en “Política fiscal y despenalización

  1. Nuca he podido comprender la penalización del consumo, no ya de la marihuana, sino de todas las drogas, independientemente de la cuestión fiscal.

    También me sorprende la tendencia actual de incluir en el Código penal toda conducta que en un determinado momento (a veces por un hecho puntual que alcanza notoriedad mediática) nos parece reprensible, siendo que hasta no hace tantos años se hablaba de la Ley Penal como “ultima ratio”

    Con respecto a las drogas soy de los que opinan que cada civilización tiene sus drogas. Así, la droga de la civilización judeo cristiana, dominante en occidente es el alcohol (desde Noé, al menos) y cuando se prohibió en EEUU, pasó lo que pasó. Por eso somos tolerantes con el alcohol, ya que a pesar de que todos los estudios demuestran que es la más dañina de las drogas es nuestra droga, algo menos con el tabaco y con la cocaína (a fin de cuentas el uso de ambas proviene de civilizaciones distintas a la nuestra, los amerindios) y ya no digamos con el opio (la heroína), proveniente de civilizaciones asiáticas y otras drogas más modernas (en esto no hay progresismo que valga).

    No sé, quizá con la Alianza de las Civilizaciones, tengamos oportunidad de “colocarnos multiculturalmente”. Por mi, amén.

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