La teoría de la cabra

Hasta que los republicanos norteamericanos diseñaron su exitosa ‘Estrategia del Sur’ (y el dominio liberal en el partido del burro), los estados que había formado parte de la secesionista Confederación votaban sistemáticamente a los candidatos del Partido Demócrata, hasta el punto que la verdadera contienda electoral se daba en las primarias de este partido y no en las elecciones, las cuales serían ganadas atronadoramente por el candidato demócrata, independientemente de quien fuera. Si una cabra hubiera ganado las primarias demócratas, esa cabra hubiera ganado la elección a representante, gobernador o senador.

Este fenómeno no sólo se ha dado en los estados del Sur de los Estados Unidos, sino que se sigue dando y también en España, donde hay comunidades, provincias y municipios donde PSOE, PP, CiU o PNV ganarán las elecciones porque, como se dice, ‘aquí somos todos del (tal partido)’. Esas formaciones ganan independientemente de que elijan como candidata una cabra o un macho cabrío, de hecho algunos machos cabríos y algunas cabras ya han sido elegidos y votados masivamente porque ‘aquí somos todos de (tal partido)’.

El problema que tiene la ‘teoría de la cabra’ es creérsela. Creérsela cuando se está ganando y presentar candidatos/as cabras, pues llegará el momento (como también sucedió en la Norteamérica sudista) que pierdas y que sólo se recuerde la pandilla de impresentables que el partido de turno colocó en el poder. Y la memoria acrisolada es muy difícil de eliminar.

Luis Solana se equivoca

Me gusta leer el blog de Luis Solana y me admira su compromiso con esta ventana de comunicación. Muchas veces estoy de acuerdo con él, otras con matices más o menos intensos y sobre todo me parece muy importante el énfasis que pone lo necesaria que es para España tener una buena política de Defensa. Naturalmente hay veces que no estoy de acuerdo con él y ésta que voy a comentar es una de ellas.

Luis Solana ha dedicado una entrada muy dura a Antonio Gutiérrez, ex secretario general de CCOO y actualmente diputado del PSOE, con el título Antonio Gutiérrez, se equivoca. Creo que Solana emplea determinadas argucias de las batallas políticas internas que no son generalmente de recibo y menos en el caso de Antonio Gutiérrez.

Solana distingue entre el diputado de clase media y el ‘diputado estrella’, lo cual no es más que una nueva versión de la acusación de ‘burgués’ de cierta izquierda ya felizmente pasada. No creo que haya que ‘canonizar al diputado aparatchik’ y al diputado que se incorpora al Grupo Socialista después de desarrollar actividades que no están dentro de la organización socialista.

Antonio Gutiérrez es diputado socialista porque alguien con capacidad de hacerlo se lo propuso en su momento. La trayectoria sindical de Gutiérrez no puede decirse ni que fuera desconocida ni discreta, todo lo contrario, ha sido el mejor secretario general de la historia de CCOO y una referencia para buena parte de la izquierda política y social española. Él no necesita ser diputado para ser alguien, ya lo era antes de serlo.

Cuando uno le propone a una persona como Gutiérrez forma parte de un grupo parlamentario sabe que hay unas líneas rojas que no se pueden traspasar, líneas que no son otra cosa que los fundamentos de su actuación que han hecho que se le proponga ser candidato (sin necesidad de pasar todo el ‘cursum honorum’). El que se ha hecho alguien conforme conseguía puestos dentro del partido tiene menos líneas rojas, como es lógico.

No comparto parte del fondo de la posición de Gutiérrez, pero sí comprendo su posición. Votar a favor de una reforma laboral como la que presentó el Gobierno significaba una traición a la propia trayectoria vital, que al fin y al cabo es nuestra verdaderamente identidad. Antonio Gutiérrez es diputado precisamente por esa trayectoria, no por otros devenires de la vida política interna, por lo que pedirle a Gutiérrez que traicione su trayectoria es tanto como reconocer que sus merecimientos para ir en la candidatura eran espúreos. Términos como ‘advenedizo’ me parecen inapropiados, poco respetuosos y dan la sensación de que hay una aristocracia y luego unos advenedizos que logran, sin merecerlo de verdad, entrar en el paraíso político del PSOE.

Gutiérrez ha aceptado ser sancionado como es lógico en un grupo con disciplina de voto. Gutiérrez se ha comportado con sensatez y honor: ha expresado su posición, se ha abstenido, no ha hecho más ruido del necesario y acepta tranquilamente las consecuencias de su acción. Otros en su lugar hubieran estando negociando su salida del Congreso a una empresa pública con dietas, coche y prebendas a cambio de no montar jaleo. Al día siguiente estaba presidiendo la Comisión de Economía y Hacienda del Congreso sin ser protagonista de nada y cumpliendo con su labor.

Finalmente me gustaría señalar que hay metáforas bonitas, pero hay que emplearlas con cuidado. Dice Solana que Gutiérrez no va a enseñarle nada a un ‘partido centenario’ como el PSOE. Es una expresión que me da cierto reparo en cuanto que el paso de los años no hacen sabias a las instituciones, sino a las personas que las forman y las dirigen, siempre que hayan adquirido sabiduría a la vez que edad.

Boda verde

La pasada semana escuchamos una nueva expresión: “boda verde”. Este concepto correspondía al enlace matrimonial entre la princesa heredera de Suecia y su actual marido. Por lo visto “boda verde” es llevar a los invitados en buses ecológicos y no tirar fuegos artificiales. Para cuenta en el debe de la “boda verde” las emisiones de los aviones de los invitados y de la prensa acreditada, las emisiones de los vehículos de los miles de agentes de seguridad y otras emisiones y actos contaminantes que esta “boda verde” ha ocasionado. Una nueva idea “ecoguay” nada verde.

En la prensa, como en la barra del bar

España se ha convertido en un país lleno de reformadores políticos y sociales que tienen su sede, como dicta la costumbre patria, en las barras de cualquier bar y en las mesas de las cafeterías. Todo el mundo propone cambios, reestructuraciones y disminuciones de los capítulos del gasto público que a ello no les afecte. El conjunto de cosas que uno puede escuchar a lo largo del día es tremendo y normalmente, si une todo lo que oye, es amorfo, contradictorio y, realmente, nada ambicioso y sumamente conservador.

Esto no es sorprendente y no tiene más remedio que ser así. Algo menos justificable se da cuando un medio de comunicación señero, como “El País”, organiza una lluvia de ideas hasta llegar al redondo número de cien. Han sido múltiples los intervinientes en esta lluvia de ideas y supongo que cada cual es especialista en su ámbito.

El problema es que estas ideas no son más que eso: ideas. Reformas estructurales, cambiar modelos y mentalidades no puede hacerse como “El País” invita a hacerlo y como muchas veces se ha intentado: un “gurú” de cabecera dicta las normas al departamento ministerial que le venera, mientras que otro “gurú” hace lo propio en otro departamento, sin ninguna conexión e incluso desde perspectivas y objetivos diferentes.

Las medidas sobre ‘Educación’ y ‘Universidad’ son una muestra de esto. Por un lado se vuelve a la fracasada ideología de la LOGSE, con la ‘promoción automática’ como enseña y luego se habla de altos niveles de exigencia en la Universidad y castigo, en forma de tasas, a los alumnos que no aprueben las materias en tiempo y forma.

Los medios de comunicación deberían avivar los debates y proponer argumentos. Los lectores de los periódicos son ese segmento de la población que no se conforma con la interpretación de la realidad de Belén Esteban y se gastan un dinero al día en adquirir un medio impreso y buscan por sus páginas de Internet.

Las ‘cien medidas’ podrían ser una forma interesante para comenzar un debate social, auspiciado desde un medio de referencia, sobre cada una de ellas, donde se participase y se criticase la medida, se apoyase o se vieran los efectos que ésta pudiera tener. Esto no es así y esas medidas se presentan como lo que no son: la expresión de la reforma que España necesita.

Parece que esta época es difícil para los medios. Cada vez soy más de la opinión que la cuestión no es el soporte, la adaptación a la red 2.0 o cualquiera de esas expresiones metablogosféricas. Lo significativo y lo que justificaría a los medios de referencia sería proporcionar debates de calidad con información de calidad a quienes buscan eso y no lo encuentran en otros sitios.

Violando la intimidad y confundiendo categorías

No me gusta comentar estas situaciones trágicas. Son demasiado dolorosas incluso cuando se ven desde la distancia, pero en el accidente en la estación de trenes de Castelldefels hay dos cosas que me están removiendo.

1) Los medios de comunicación están a la caza de casquería física y moral. No soy amigo de la censura y sí creo en la mínima conciencia moral. Mi información no necesita ni ver imágenes del suceso, o de pocos segundos después, ni a familiares desesperados que van al centro cívico de la localidad para saber si alguien que no ha vuelto a casa está entre los muertos. Y más en este caso donde hay muchos muertos entre los desaparecidos, ‘meterles la alcachofa’ a las puertas es una tortura innecesaria y vergonzosa.

2) El ministro de Fomento ha ordenado que se abra una investigación y hace bien, para ver si todo lo que depende de su departamento ha funcionado correctamente o no. Las informaciones recibidas, hasta ahora y a espera de los resultados de la investigación oficial, es que el accidente se ha debido a una imprudencia de estas personas que prefirieron pasar sobre las vías que utilizar el paso subterráneo (que hubiera mucha gente no es excusa, porque se espera tres minutos y ya está).

En el caso de ser responsabilidad sólo de los accidentados, así hay que determinarlo. No estamos ante un atentado terrorista donde hay asesinos y víctimas. Estamos ante un accidente donde es muy probable que el accidentado sea él mismo el responsable. No se pueden extrapolar categorías, comportamientos y responsabilidades a situaciones que no se parecen en nada, salvo en el sufrimiento que provocan.

Los encuestados que quieren quedar bien

“El Mundo” se sorprendía de los resultados que arrojaba el último “Eurobarómetro” donde los europeos decían interesarse más en la ciencia que en el deporte. La política, las artes y la cultura y la tecnología también se encuentran por delante de la única actividad que es capaz de tener diarios monotemáticos.

El problema, de ser los resultados como lo expresa este medio, parece ser de diseño de la encuesta, ya que las personas entrevistadas en este tipo de estudios caen en tentaciones tales como intentar satisfacer al encuestador o pretender quedar bien con el encuestador (está mejor visto socialmente estar interesado por la ciencia que estar todo el día escuchando declaraciones de entrenadores y jugadores).

Desde hace mucho tiempo se introducen una serie de preguntas que sirven tanto para controlar la veracidad de las respuestas (preguntas de control) como para valorar la intensidad de un supuesto interés. La mayoría de los encuestados me pueden decir que están muy interesados en la ciencia, por lo que preguntar el tiempo que dedican a informarse sobre la investigación científica o proponerles una lista de revistas y programas científicos (con algunos falsos) es una buena forma de valorar las respuestas que los encuestados dan.

En el fútbol no hay jurado

El fútbol es un deporte muy sencillo en cuanto a la valoración de quien gana y quien pierde. Hay un marcador y gana quien marca más goles que su adversario. El empate es resuelto por los diversos sistemas de desempate.

Todo lo demás con lo que se rellenan cientos de páginas de periódicos y minutos en los medios audiovisuales no son más que comentarios al resultado o vacuidades, cuando no una inversión de lo que el fútbol y otros deportes de tanteo son.

La selección española está teniendo, hasta el día de hoy, una actuación más que mediocre en el Mundial de Sudáfrica. Ha ganado un partido y ha perdido otro, jugándose su clasificación en la última jornada. La situación es tan poco gloriosa que ganando no se tiene asegurado el primer puesto y ya todos estamos temiendo, con razón, un inoportuno cruce con Brasil.

Los resultados de los partidos no invitan a ningún optimismo y solamente un cambio radical puede devolvernos a la selección de la Eurocopa. Pero el tono de los comentarios deportivos no es éste, sino de exaltación de la selección: se agotan las palabras para calificar el preciosismo de los pases, para hablar de los ‘gestos técnicos’ y de la presunta superioridad de los nuestros sobre todas las selecciones no ya de este campeonato, sino de los anteriores y de los venideros.

Se genera la sensación de que en el fútbol los resultados, los goles, no importan, y que no son más que un torpe adorno que no debe servir para calificar el juego como bueno, regular o malo. Conforme avanza esta fase de grupos del Mundial tengo la impresión de que los medios españoles están inventando un nuevo deporte que no existía: el fútbol artístico.

En el fútbol artístico el resultado es absolutamente irrelevante, más bien es una pura excusa para todo lo demás. Lo importante es el tiempo de posesión, las veces que los jugadores se pasan el balón sin que lo toque un adversario o los ‘gorros’ y otra piruetas que se hagan en las jugadas (que no tienen que terminar en gol).

Evidentemente haría falta un jurado que valorase el juego en el fútbol artístico y es seguro que encontraríamos numerosos voluntarios entre nuestros comunicadores balompédicos. De hecho se podrían eliminar las porterías y la noble posición de portero. Los terrenos de juego podrían adoptar cualquier forma y los campeonatos cabría disputarlos en estudios de televisión, porque lo que importa es eso que llaman ‘técnica’ y no los goles.

Lo más surrealista de todo esto es que a la selección española le fallan dos elementos técnicos fundamentales: el control anterior al remate y el remate. Quien quiera creer que la selección tiene una gran calidad técnica, que lo haga, pero sin esos dos elementos no hay nada que hacer, salvo que se piense que los goles no son importantes.

El fútbol tiene una interpretación enormemente sencilla. Suiza demostró que el ‘talento’ de nuestra selección no fue capaz de abrir una magnífica defensa (hay que saber defender). Honduras nos enseñó que la diferencia entre su fútbol y el nuestro es solamente de dos goles.

Las victorias morales y las derrotas triunfales no pertenecen a los dominios del fútbol, sino al de las valoraciones cualitativas. Quien crea que debe ser campeón el que ‘juega mejor’, pese a su nula capacidad de meter goles, puede iniciar los trámites para crear un club de fútbol artístico.