Ley de Amnistía de 1977

La Ley de Amnistía de 1977 ha vuelto a la actualidad con motivo de los procesos al Franquismo, que están provocando algunos problemas al magistrado Baltasar Garzón. Aquí os dejo, como documento de la reciente historia de España, el texto publicado en el BOE de la Ley 46/1977, de 15 de octubre, de Amnistía.

¿Pedirán perdón en el siglo XXVI?

Juan Pablo II le pidió perdón a Galileo. En el fondo pedir perdón por lo que hicieron antecesores renacentistas tiene poco peso moral, por más que se recalcase su alcance “histórico” en los medios de comunicación. Una petición de perdón que nada cambió, una petición de perdón absolutamente intrascendente.

Benedicto XVI, sucesor de Juan Pablo II, va a por el mismo camino de las intrascendentes peticiones de perdón, pero con la diferencia de que los hechos sobre los que se implora el perdón son recientes y sus víctimas, la mayoría, viven y sufren las consecuencias.

Benedicto XVI quiere cerrar los casos de pederastia, que están siendo denunciados en Europa, por medio de cartas pastorales, actos de contrición y todo tipo de gestos simbólicos. Un perdón vacío.

Es el momento de asumir responsabilidades. Hans Küng ha indicado, muy certeramente, que el actual Papa es responsable directo de la ocultación y de la no persecución penal de estos delitos infames ya que él recibía todos los informes durante el Papado de Juan Pablo II (no en vano era el “número dos” del Vaticano). Benedicto XVI tendría que asumir su responsabilidad.

Pero hay más. Benedicto XVI debería eliminar todas las trabas que la Iglesia pone a la investigación penal de las denuncias. Debería obligar a los obispos, junto al informe al Vaticano, a denunciar a las autoridades los casos que le hayan llegado a su conocimiento; el Papa debería cesar a todo el que ocultase, a todo el que obstaculizase, a todo el que encubriese.

Si nada cambia y los que responsables siguen en sus puestos y ejerciendo su sacerdocio, las cartitas pastorales del Romano Pontífice estarían demostrando que sólo sirven para gastar papel y salir en los medios de comunicación. Si nada cambia, la responsabilidad aumenta y puede que llegue el día que a los jerarcas no sólo se les pida responsabilidad civil, sino también responsabilidad penal. ¿Tendrá que llegar un Papa en el siglo XXVI a pedir perdón por la pederastia de estas nuestros tiempos?

III Premios Enrique Padrós


A las 19:30, en los Reales  Alcázares de Sevilla, comenzará el acto de entrega de los “III Premios Enrique Padrós” a los mejores blogs políticos de España. Este año los galardonados han sido la diputada de IU en la Asamblea de Madrid, Inés Sabanés, y el periodista de El País Fernando Garea. El acto de entrega contará con la presencia de José Antonio Griñán, Presidente de la Junta de Andalucía.

Como las distancias son relativas, la extrapeninsularidad es impositiva y los imperativos laborales son prioritarios, no podré asistir a este acto, en los que son los primeros Premios Enrique Padrós” dentro de Las Ideas.

Los pasos de Griñán

José Antonio Griñán ya tiene, al menos en el plano formal, todas las herramientas del poder en Andalucía. A la Presidente de la Junta, le ha sumado hace unos días, la Secretaría General del PSOE de Andalucía, que es la formación que tiene mayoría absoluta en el Parlamento.

Hay encuestas desfavorables, la mayoría aunque no todas, que han precipitado un Congreso que estaba previsto para después de las elecciones generales de 2012. Pero tener la máxima responsabilidad política y orgánica no es todo, no es una panacea a la situación actual.

Lo primero es que los andaluces sepan quien es Griñán, pues lo más problemático que reflejan todas las encuestas es que buena parte de los votantes lo desconocen.

Griñán no sólo tiene que ser el líder formal, sino que tiene que ejercer de tal. Tiene que dar ciertos “golpes en la mesa” y no quedarse únicamente en el gesto de autoridad de una segunda remodelación del Gobierno Andaluz (la primera la hizo justo cuando fue investido).

Por curioso que parezca los consejeros andaluces son perfectos desconocidos, de manera que estas remodelaciones se solamente tienen consecuencias en las estrechas cápsulas del poder regional. Los consejeros de más valía deben tener protagonismo propio, deben liderar sus respectivos departamentos y aportar una voz más ante la sociedad. No creo que sea nuevamente el tiempo de personas grises, desconocidas, a las que se les mantiene calladas en una peligrosa estrategia personalista.

Ese liderazgo debería ser construido desde la independencia. El peso del PSOE de Andalucía dentro del PSOE es evidente para todos los que conocen mínimamente la organización, pero ese peso y la consiguiente influencia no son percibidas como tal por los ciudadanos.

Muchas veces los andaluces perciben más seguidismo que otra cosa. Griñán, en su gestión como Presidente de la Junta, debería de esforzarse por dar una impresión de independencia respecto a algunos de los dictados centrales (sea Moncloa o Ferraz). Queramos o no, un político que, en determinados puntos se enfrenta a su partido, es bien visto.

Finalmente Griñán debería hacer atractivo el PSOE de Andalucía a muchísimas personas de valía que ni siquiera se plantean, por más que tengan un ideario cercano, militar en este partido. Este trabajo no es a corto plazo, sino a medio y largo, pero debería ir desmantelando las estructuras fosilizadas en agrupaciones y provincias en torno a personas, grupos de lealtades personales o convergencias consanguíneas que están petrificando a los socialistas andaluces.

Queda Sarkozy


El resultado de las elecciones regionales francesas han dado un balón de oxígeno a una izquierda que se encontraba casi catatónica después de la victoria de Nicolás Sarkozy en las elecciones presidenciales.

No conviene extrapolar estos resultados a otras elecciones, ya que existen precedentes de grandes victorias regionales y grandes derrotas nacionales de la izquierda francesa. Las regiones francesas son mera descentralización administrativa y no tienen la trascendencia en la vida social que otras “elecciones regionales” en países con autonomía política o directamente federales.

De lo que sí sirven es de termómetro de que Sarkozy tiene sus puntos débiles, de que no ha conseguido aumentar su ventaja electoral y de que el entusiasmo de su elección ha podido ir diluyéndose. Esto no quiere decir ni que pudiera perder al día de hoy la reelección, ni que el PS haya resuelto el millón de problemas que arrastra. Es simplemente un aviso.

Pero también indica algo que todos sabemos y que muchas veces inconscientemente olvidamos: el decurso político es un conjunto de ciclos que comienzan y acaban. Hay personas empeñadas en estar a la moda política y proponen imitar o seguir los modelos que momentáneamente triunfan: esos para los que nosotros deberíamos elegir siempre lo que ya han elegido Francia o Alemania.

Quienes se hacen más de Sarkozy que el propio Presidente francés deberían saber que su política es fruto de una conjetura, de unas circunstancias y que él mismo la va variando progresivamente, a golpe de encuestas que es lo que ocupa el lugar de la ideología en este político.

Sarkozy ni es imbatible, ni está en una vía muerte. Sarkozy es batible, pero conserva un discurso (adaptado y adaptable, con sus toques populistas) que ocupa todo el espacio que el discurso de la izquierda no ocupa, quizá porque aún no tienen claro cual es.

Libertad de conciencia (de Martha Nussbaum)

Martha C. NUSSBAUM: Libertad de conciencia. Contra los fanatismos. Tusquets. Barcelona. 2009. 401 páginas.

Este libro de Martha Nussbaum representa la Filosofía del Derecho que a mí, personalmente, me gustaría poder leer más. Dado que no es posible satisfacer normalmente este gusto, he ido abandonando esta rama tanto de lo filosófico como de lo jurídico.

La primera parte del libro se centra en la exposición de las principales ideas de Roger Williams y la aplicación que ésta tuvieron. Nussbaum reivindica este autor como padre de la concepción norteamericana de la libertad de conciencia frente al inglés John Locke. Considera la autor que frente a la tolerancia y a la igualdad entendida como “lo mismo para todos”, la concepción de la libertad de conciencia de Williams enfatiza la conciencia, el respeto y la adaptación.

Hecha la presentación del esquema teórico sobre el que libro se va a mover, Nussbaum comienza a recorrer las diversas cuestiones sobre las que se han articulado los problemas de la libertad de conciencia en el Derecho Constitucional de los Estados Unidos, así como en la misma sociedad norteamericana: adaptación de las leyes a las creencias y actos derivados de éstas, las cuestiones relativas a la igualdad, los problemas que han tenido las confesiones religiosas nuevas o minoritarias, las ayudas a las escuelas confesionales a la incorporación de la llamada “Cláusula de Establecimiento” de la primera enmienda a la Constitución de los Estados Unidos.

Todo ello se debate a partir de la jurisprudencia del Tribunal Supremo, planteando tanto la historia de la tradición jurisprudencial, como las alternativas que se han planteado a ésta. El conocimiento de la materia es profundo y el estilo, aunque denso, no es plúmbeo.

Haría algunas observaciones críticas. En el fondo Nussbaum no reconoce algo que a mí, personalmente, me parece evidente: que los valores sociales y constitucionales no dejan de depender de cuáles son los que la mayoría y los cambios axiológicos se dan en ese marco.

Las mayores diferencias con Nussbaum las tengo en su valoración de la tradición europea. Por una consideración un tanto a la ligera del “laicismo” francés y por no caer en el caso que las democracias europeas realmente son democracias adolescentes frente a la norteamericana, así como lo relativo al asunto de los límites de la adaptación.

En todo caso, nada de ello desmerece el libro, es más lo potencia, porque invita a entrar en diálogo con lo que la autora propone, con las posiciones que toman y a discutir y “reflectar” sus propios criterios.

Una nota sobre la traducción. “Intelligent design” nunca puede ser traducido al castellano como “designio inteligente”.

Las consecuencias de la abstención juvenil

Hace ya tiempos escribí una entrada, que tuvo bastante promoción, sobre las consecuencias de la abstención electoral para los grupos que no se molestaban en ir a votar el día de las elecciones. Hoy quiero profundizar en esa idea y no ya con una caso hipotético sino con un caso real: el de los jóvenes españoles.

Los menores de treinta años tienen una participación electoral electoral notablemente inferior a la de los mayores de treinta años. Ello hace que, junto a que son menos en cada cohorte de edad, sus problemas no están en la agenda de los partidos, sencillamente porque con ellos ni se ganan elecciones, ni se pierden sin ellos.

Fuente: INJUVE sobre datos del CIS de voto confesado http://www.injuve.migualdad.es/injuve/contenidos.item.action?id=1175153700

La consecuencia es que el paro juvenil en España es monstruoso y que los grandes paganos de la burbuja inmobiliaria han sido los jóvenes, a los cuales se les ha puesto a un precio prácticamente imposible el acceso a su primera vivienda (sea de propiedad o alquiler).

Nunca han existido políticas de Juventud en España y nunca han existido porque nunca los jóvenes han sido tan políticamente relevantes como para cambiar sustancialmente la agenda. Es cierto que algunas movilizaciones juveniles han tenido éxito, pero han sido precisamente las que menos incidían en los temas juveniles.

La menor participación de los jóvenes en los procesos electorales determina su exclusión como público objetivo de cualquiera de los partidos, porque los partidos, guste o no, están para ganar elecciones y harán sus temas los temas de los votantes, y los votantes no son mayoritariamente los menores de treinta años.