Persuadir o amenazar

Pertenecer a una organización voluntaria no quiere decir que se vaya a participar activamente en ella o que se vaya a dar todo. Los motivos por los que una persona puede ingresar y permanecer en una de estas organizaciones son muy variados, encontrando muchas personas su satisfacción en la mera permanencia, esto es, en sentirse dentro de la organización o parte de ella.

Los dirigentes de las organizaciones voluntarias tienen un papel delicado respecto a los que dirigen organizaciones obligatorias. El régimen sancionados que toda asociación tiene solamente tiene sentido en unos pocos casos, en los cuales las expectativas son más consistentes que la mera permanencia, de forma que conseguir la movilización de sus miembros a través de amenazas e sanciones y a golpe de reglamentos y estatutos puede conducir a una mayor apatía e incluso causar una desbandada entre los miembros.

La movilización de las personas que están, y únicamente están, pasa por la persuasión y, sobre todo, por la posibilidad de conseguir los incentivos a los que normalmente únicamente pueden optar unos pocos. El imperativo categórico está muy bien como formulación teórica, pero es poco útil, salvo para cuatro autoconvencidos y altruistas, a la hora de conseguir movilizar a un grupo cuyos intereses vitales están fuera de lo que esa organización proporciona.

La capacidad de liderazgo consiste precisamente en saber movilizar a los pertenecientes. Hay unos pocos dirigentes (en realidad muchos menos de los que lo piensan) que les valga su carisma personal. La mayoría, mal que les pese y si quieren movilizar, tendrán que “socializar” los bienes de la organización para hacer más atractiva la participación activa a los que ya están pasivamente en ella.

Encerrada en su propio imaginario

Las declaraciones de Rosa Díez en la que utiliza el término “gallego” son una de las mayores torpezas políticas que se han registrado desde 2004. Lo malo, para ella, es que Rosa Díez no se da cuenta de la tontería que ha dicho y de la torpeza política que ha cometido porque vive encerrada en su imaginario, hasta el punto de haberse creído sus propias mentiras.

Su discurso “neocentralista” tiene su pilar fundamental en su rechazo a los nacionalismos no-españolistas. Lo del odio y desprecio hacia los vascos y los catalanes y hacia todo lo vasco y todo lo catalán parece asentado, pero hacer esto extensivo a los gallegos (aunque tengan su partido nacionalista y todo) no resiste ni el imaginario del más idiotizado seguidor del partido de Rosa Díez.

Ha atacado a una comunidad histórica, con cultura y lengua propia por el mero hecho de serlo. Ha despreciado a los gallegos porque son gallegos. Podrá escudarse en el diccionario pero el diccionario no es un cura que le dé la absolución a las metidas de pata en política.

En adelante Rosa debería andarse con más cuidado que va a terminar diciendo que los madrileños son unos chulos y que siempre desea la derrota del Athlético de Madrid, fastidiando una parte sensible de su feudo electoral.

Corrigiendo la territorialidad en las Diputaciones Provinciales

Quienes leen habitualmente este blog saben que no soy nada partidario de las diputaciones provinciales. Considero que no tienen sentido en un estado autonómico como el nuestro, como lo demuestra el hecho de que no se les eche de menos en la Comunidades uniprovinciales.

El sistema para elegir a los diputados provinciales es uno de los procedimientos menos públicos y transparentes de los que existen en la democracia española (artículos 203-209 LOREG).

En síntesis el sistema es el siguiente:

a) Hay un número de diputados provinciales establecidos por la LOREG en función de la población (mínimo de 25 y máximo de 51).

b) La circunscripción electoral es el partido judicial, pero no los actuales partidos judiciales sino que existían en 1979.

c) La Junta Electoral hace la atribución de diputados provinciales según población y después los diputados provinciales según los concejales conseguidos por cada formación política en cada partido judicial.

d) Las candidaturas son presentadas con posterioridad a las Elecciones Municipales.

Este sistema es indirecto y bastante oscuro, ya que los ciudadanos elegidos a los concejales de nuestro municipio pensando en las cuestiones, lo que sirve posteriormente para elegir una corporación provincial con otros criterios, intereses y con candidatos desconocidos para los ciudadanos.

El fraccionamiento de la provincia en circunscripciones menores y que la elección se haga en virtud del número de concejales obtenidos, lleva a que las zonas menos pobladas tengan mayor representación que las más pobladas. Esto hace que el número de votos sea irrelevante para hacerse con una Diputación.

Si la elección de las Diputaciones se hicieran en una circunscripción única y se computasen los votos de los ciudadanos, que serían conscientes de que también eligen a esa entelequia provincial, se ganaría en proporcionalidad y en transparencia. A pesar de ello, nada justificaría la existencia de estas corporaciones.

Veamos algunas simulaciones empleando los votos en 2007 en la provincia, con una circunscripción única y atribuyendo según D’Hondt.


Actualmente el PSC tiene 25 de los 51 diputados provinciales de Barcelona, con poco más de un tercio de los concejales. El sistema de la simulación implicaría un reforzamiento de las opciones más fragmentadas territorialmente (PP, ICV-EUiA y ERC) a un número de diputados cercanos al porcentaje de votos que recibieron.


El caso de la Diputación de Málaga es el más llamativo. El partido que sacó más votos en las Elecciones Municipales no consiguió la mayoría de los diputados provinciales (porque tenían menos concejales). Otro sistema valoraría más los votos municipales de los ciudadanos y cambiaría el resultado en la corporación malacitana.


Las Diputaciones de Sevilla y de Valencia presentan caracteres similares, ya que en ambas hay un partido con mayoría absoluta, que mantendría, pero no tan amplia como con el sistema actual. No cambiaría nada actualmente, pero si posibilitaría un cambio en las diputaciones si se modificasen los porcentajes de voto.

Así pasé el 23-F

Ayer Paco Piniella, a través de Facebook, nos invitaba a varios blogueros a describir cómo fue nuestro personal 23 de febrero de 1981. Con un día de retraso, lo contaré, pero el mío fue un 23-F de niño, no en vano tenía siete años y cursaba 2º de EGB.

Ese día no fui al colegio. Dada la situación indefinida, mis padres prefirieron que sus tres hijos pasáramos la jornada en casa, jugando y haciendo cosas de niños, mientras que ellos escuchaban la radio y hablaban con los vecinos de al lado (el resto parecían haberse volatilizado).

Avanzó el día y se pensaba que el general Armada iba a llevar la solución y no que era parte esencial del problema. Recuerdo que vi en la televisión como los guardias civiles golpistas salían del Congreso y saludaban marcialmente a Tejero. Al día siguiente fui al colegio y como tenía siete años el día vivido en casa, faltando a clases por decisión de mis padres, pasó como si nunca hubiera existido.

¡Qué termine febrero de una vez!

Lo más alucinante de la presente situación política es que el partido que debería estar preparando a todo su equipo para desembarcar en La Moncloa, va quemando los meses y comienza a ver como la oportunidad histórica para que Rajoy fuera Presidente comienza a diluirse. Para ejemplificar esta afirmación basta con hacer un breve repaso del mes de febrero que está a apunto de terminar:

1) Con cuatro millones de parados y una crisis que no apunta todavía rasgos generalizados de terminarse, el jefe de la oposición pierde un debate económico con el Presidente del Gobierno.

2) Esperanza Aguirre se dedica a insultar a sus compañeros de partido (coloquial y campechana dicen que es ella) y luego a decir lo único que le interesa al PP: tener ministerios (al parecer, tono irónico). ¿Para cuándo la seriedad?

3) La número dos del PP hace el mayor de los ridículos en el Senado en su estreno tras veintidós meses en la Cámara Alta representando a Castilla – La Mancha. El PP quería hacerle un examen de “valencianidad” a Leire Pajín. Los socialistas castellano-manchegos no necesitan ese examen: Cospedal es una mala senadora por la Comunidad. En todo caso es la pregunta más cara de la Democracia.

4) Camps se une a la pandilla de altísimos cargos en decir que lo pasan económicamente muy mal. Nada ofende más a los que no llegan a mil euros que este tipo de falsas equiparaciones.

5) Nadie sabe nada de las medidas económicas que el PP llevaría a cabo de alcanzar el poder. No hay atrevimiento, ni valor, ni ideas, solamente una estrategia de ocultación de las ideas (o de ausencia de éstas) que abonan la convicción de muchos de que el PP tiene una agenda oculta.

Del Eurofolklore a la Europrevaricación

Los meses de diciembre y de enero han sido prolijos en que todo tipo de autoridades políticas expresen en voz alta sus deseos para el ejercicio de la Presidencia de la Unión Europea por parte de España. Los deseos no han sido otra cosa que la expresión pública de proponer al Gobierno de España que aproveche este mes para sacar adelante todos los temas de la agenda española, esto es, intentar que los seis primeros meses de 2010 sean los de la “europrevaricación”.

Todos los actores políticos han caído en esto: el Gobierno de España creando expectativas y los gobiernos regionales y los partidos políticos tomándole la palabra al Gobierno o poniéndole “deberes” para estos seis meses.

La Presidencia semestral no tiene casi poderes, realmente no tiene casi ninguno, y es mejor que así sea porque, de lo contrario, los españoles haríamos de nuestro semestre de gloria una reedición continental del Ayuntamiento de Marbella de los tiempos del GIL. La Presidencia semestral realmente tiene mucho de “eurofolklore” y poco de política de presidencia, más allá de la ocupación del sillón correspondiente y el reparto del turno de palabra.

Habría, de una vez, que contarle a los españoles que la Presidencia semestral es protocolaria, ya que la actual dimesión de la Unión Europea hace inviable que un semestre sea suficiente ni para dar un impulso importante a cualquiera de los temas de la agenda europea.

Si la Presidencia tuviera poderes efectivos, estos no deberían ser utilizados para los que nosotros ahor ale exigimos al Gobierno. La Unión Europea, como cualquier entidad política, no puede ver secuestrados su agenda y los intereses colectivos en virtud de los intereses de los que ocasionalmente ocupan un puesto.

Afán recaudatorio. El regreso

El pasado jueves el periódico “El Mundo” titulaba una noticia de la siguiente forma: “Los inspectores de Hacienda denuncian el ‘desmedido afán recaudatorio’ del fisco”.

La noticia realmente lo que recogía era la queja de una asociación profesional de inspectores de Hacienda que pedía más medios humanos y materiales para llegar a los objetivos que el Ministerio les había puesto y de los que dependen su retribución por productividad. Lo que era una noticia sindical “El Mundo” lo transformó en una noticia sobre política fiscal empleando la manida expresión del ‘afán recaudatorio’.

La cuestión, aparte de la referencia a los medios, es si ese ‘afán recaudatorio’ está ajustado a Derecho o no lo está. La noticia no indica nada en contrario, por lo que hemos de suponer que sí lo está, de manera que Hacienda no es que quiere recaudar más impuestos aumentando la presión fiscal, sino recaudar los impuestos que no se pagan, así de sencillo.

“El Mundo” y toda la derecha, política e informativa, se caracteriza por reclamar leyes duras con el débil y leyes blandas con el fuerte y la cuestión del fraude fiscal es paradigmática, porque se quejan que Hacienda le exige a los inspectores más resultados, esto es, que Hacienda hace todo lo posible para que cada cual pague según le corresponde legalmente.

La bolsa de fraude se sufragan con impuestos, con impuestos que generalmente pagan los sectores menos favorecidos de la sociedad que son, a la vez, los que tienen menos posibilidades de evadir ni un solo céntimo de lo que han de contribuir. Una fuerte actividad inspectores forma parte de una política social, no lo contrario.