Calificación y recalificaciones

La publicación de que determinadas agencias de rating, o de calificación, han bajado su valoración de la deuda pública española desde el máximo nivel al tercero, ha producido bastantes comentarios en la prensa tanto general como especializada.

En la prensa general se han podido ver las habituales valoraciones en tono político-demagógico mientras que en la especializada el análisis, aunque realista, ha sido más sosegado. De todas formas los debates más interesantes se han producido en webs económicas o que se ocupan habitualmente de temas económicos.

El debate en estas páginas se ha centrado tanto en las causas del descenso en la calificación de la deuda española, como en la veracidad o confianza que había que darle a estas agencias de rating. De hecho un tema está íntimamente conectado con el otro.

La principal causa de la bajada de calificación viene dada por el problema del desempleo y la forma en la que esto puede afectar a los ingresos fiscales del Estado y a su capacidad de pago de la deuda. Las agencias han insistido en que España no afronta reformas estructurales del empleo, de forma que, en la opinión de éstas, si no lo hace no mejorará la cifra de trabajadores y por tanto tampoco los ingresos fiscales.

Aquí viene el primer cuestionamiento que se le hace a las agencia de calificación. La deuda pública normalmente se emite a largo plazo (las Letras españolas son a diez años) por lo que el cambio de la calificación por cuestiones estructurales que ya se daban en este país desde hace mucho tiempo permite preguntar por qué antes no se tuvo en cuenta y ahora sí lo tienen.

Se une el hecho de que España, junto al Reino Unido, es uno de los países comunitarios con menos deuda pública sobre el Producto Interior Bruto. Esto quiere decir que el endeudamiento de España para llevar a cabo los compromisos de estímulo fiscal que las principales economías del mundo han adquirido en el G-20 no ha cargado en exceso la relación entre deuda y PIB, sobre todo teniendo en cuenta el hecho incontestable que, en los últimos años, las cuentas públicas se habían cerrado con superávit.

Pero quizá la peor crítica que se les puede hacer a las agencias de calificación viene por sus acciones anteriores, las de los años, meses e incluso días antes de la crisis financiera en los Estados Unidos. Estas agencias habían concedido las máximas calificaciones de confianza a los paquetes de obligaciones en los que se encontraba toda esa morralla de las hipotecas basuras (o ‘subprime’).

Pocos días antes confirmaron que estos paquetes eran de la máxima confianza y solvencia. Seis días bastaron para que la realidad saltase por lo alto y la Reserva Federal de los Estados Unidos tuviera que llevar a cabo la mayor operación financiera de su historia para conseguir mantener vivo, aunque grave, a todo el sistema bancario de la primera potencia económica del mundo.

Estas agencias fallaron en lo más grave, que no es si la deuda de un país de segundo o tercer orden debe estar en el escalón segundo o tercero, y todavía han sido pocos los analistas y dirigentes financieros que les han exigido cuentas por este gran fallo. Pronto se ha olvidado que la auditora Arthur Andersen tuvo que disolverse después de su nula vigilancia de la empresa Enron.

Finalmente hay que señalar que estas calificaciones tienen algo de profecías autocumplidas, que son ésas que su mero enunciado implica su cumplimiento. Si unas agencias que tienen cierta confianza, discutible por otro lado, dicen que algo está mal, provocarán que los potenciales compradores no compren y que los poseedores corran a negociar esos títulos, de forma que su previsión puede verse incluso reforzada por ella misma, independientemente de su veracidad.

Artículo publicado en El Faro de Ceuta y en Asimetrías Urbanas.

Un comentario en “Calificación y recalificaciones

  1. Es cierto lo de las profecias autocumplidas, por eso precisamente es bueno que un presidente, sea lo suficiente carismatico y tenga suficientes argumentaciones, para convencer de que es podra devolver el dinero.

    Lo que demuestra que Zapatero no goza del prestigio internacional suficiente, como para ser presidente.

    Ergo nos convendria que no estuviera el

    Asi de sencillo

    O ahora vamos a negar lo de las profecias autocumplidas?

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