Premios GS 2009

Los premios en la web 2.0 son una práctica que rápidamente se ha convertido en costumbre e incluso en tradición. Los premios siempre son polémicos, como deben ser. Y es por ello que todos los que formamos Geografía Subjetiva hemos decidido otorgar unos premios blogueros-políticos en reconocimiento a lo más destacado de este 2009 que se acaba hoy.

Premio ‘Puff’ 2009: Google-Wave. Prometía mucho, empezó siendo exclusivo y ahora la inmensa mayoría de los que lo tenemos nos preguntamos qué clave pusimos cuando aceptamos la invitación. De no ser por la ministra Sinde no se hubiera reportado ninguna utilidad de esta herramienta.

Premio ‘Cuanto peor, mejor’ 2009: Soraya Saénz de Santamaría, en particular, y al Partido Popular, en general, por la forma en la que se han alegrado cada vez que el paro subía en nuestro país.

Premio ‘Demagogia’ 2009: María Dolores de Cospedal, en particular, y el Partido Popular, en general, por los obstáculos puestos a cualquier solución en el caso Haidar o en el caso Alakrana.

Premio ‘Mejor Campaña 2.0’ 2009: ‘Promotores’ del #Manifiesto por haberse convertido en los ‘defensores de los derechos fundamentales’, sólo en la red (claro), y por haber demostrado que Google-Wave, si bien a la mayoría de los internautas no le sirve para nada, a ellos les ha abierto puertas en el Ministerio de Cultura y en Génova 13.

Premio ‘Mejor Cortina de Humo’ 2009: A la persona que introdujo la Disposición Final 1ª en el Proyecto de Ley de Economía Sostenible y consiguió que toda la red, primero, y luego los medios solamente se ocupasen de una ínfima parte de una ley económica de doscientas páginas.

Premio ‘Peor Blog Político’ 2009: este mérito, que lo es, habiendo lo que hay, es para el blog del hijo del senador y asesor del Delegado del Gobierno en Ceuta. Su calidad es tal que siempre he pensado que era un ‘fake’, pero no, el autor confiesa, sin mucha conciencia de sus palabras, que él es quien escribe.

Gerd Theissen

La dimensión friki que ha de tener todo bloguero en mi caso no se cubre tanto con los videojuegos o los comics (como es más general dentro de la excepcionalidad), sino con la Teología contemporánea, tanto católica como evangélica. Todos tenemos nuestras profundas contradicciones.

Hoy quiero hablar de un teólogo evangélico alemán, Gerd Theissen, que más que teólogo sistemático o especulativo podríamos encuadrarlo entre los escrituristas. Su gran aportación ha sido la aplicación de patrones sociológicos a la investigación del Nuevo Testamento.

Su primera obra, programática y agotada en castellano, fue Sociología del movimiento de Jesús donde sitúa tanto a Jesús, a sus discípulos cercanos como a sus seguidores en un sentido más amplio como un grupo a los márgenes del Judaísmo, un grupo con las dinámicas propias de todo conjunto de personas que se consideran poseedores de una verdad (en el sentido de ser el verdadero Israel) y los paralelismos con otros muchos movimientos similares en el Judaísmo de la época. Este libro, reelaborado y ampliado ha sido nuevamente editado bajo el título de El Movimiento de Jesús. Posteriormente esta línea se ha ampliado hasta lo político en La redacción de los evangelios y la política eclesial.

De todas sus obras traducidas al castellano destacaría dos: La religión de los primeros cristianos y El Jesús Histórico. En La religión de los primeros cristianos aborda el nacimiento del Cristianismo y la difícil cuestión de establecer las claves y los momentos en los que una secta judía se escinde de su religión-madre. No cae en la mitificación del Cristianismo primitivo, tan en boga en muchos círculos religiosos actuales, sino que presenta cada tendencia y corriente con sus luces y sus sombras, haciendo un panorama exquisito del proceso de decantación doctrinal.

El Jesús Histórico debería ser una obra imprescindible para quien quiera saber algo de este personaje más allá de las obras de piedad o de los libros conspiranoicos de “Cuarto Milenio”. Presente el estado de las investigaciones en el momento en el que fue publicado, junto a su asistente de investigación (gesto de honradez intelectual) y siendo una obra técnica no evita ningún debate con las idas de olla de moda. Finalmente me gustaría señalar también su obra divulgativa La sobra del galileo.

Calificación y recalificaciones

La publicación de que determinadas agencias de rating, o de calificación, han bajado su valoración de la deuda pública española desde el máximo nivel al tercero, ha producido bastantes comentarios en la prensa tanto general como especializada.

En la prensa general se han podido ver las habituales valoraciones en tono político-demagógico mientras que en la especializada el análisis, aunque realista, ha sido más sosegado. De todas formas los debates más interesantes se han producido en webs económicas o que se ocupan habitualmente de temas económicos.

El debate en estas páginas se ha centrado tanto en las causas del descenso en la calificación de la deuda española, como en la veracidad o confianza que había que darle a estas agencias de rating. De hecho un tema está íntimamente conectado con el otro.

La principal causa de la bajada de calificación viene dada por el problema del desempleo y la forma en la que esto puede afectar a los ingresos fiscales del Estado y a su capacidad de pago de la deuda. Las agencias han insistido en que España no afronta reformas estructurales del empleo, de forma que, en la opinión de éstas, si no lo hace no mejorará la cifra de trabajadores y por tanto tampoco los ingresos fiscales.

Aquí viene el primer cuestionamiento que se le hace a las agencia de calificación. La deuda pública normalmente se emite a largo plazo (las Letras españolas son a diez años) por lo que el cambio de la calificación por cuestiones estructurales que ya se daban en este país desde hace mucho tiempo permite preguntar por qué antes no se tuvo en cuenta y ahora sí lo tienen.

Se une el hecho de que España, junto al Reino Unido, es uno de los países comunitarios con menos deuda pública sobre el Producto Interior Bruto. Esto quiere decir que el endeudamiento de España para llevar a cabo los compromisos de estímulo fiscal que las principales economías del mundo han adquirido en el G-20 no ha cargado en exceso la relación entre deuda y PIB, sobre todo teniendo en cuenta el hecho incontestable que, en los últimos años, las cuentas públicas se habían cerrado con superávit.

Pero quizá la peor crítica que se les puede hacer a las agencias de calificación viene por sus acciones anteriores, las de los años, meses e incluso días antes de la crisis financiera en los Estados Unidos. Estas agencias habían concedido las máximas calificaciones de confianza a los paquetes de obligaciones en los que se encontraba toda esa morralla de las hipotecas basuras (o ‘subprime’).

Pocos días antes confirmaron que estos paquetes eran de la máxima confianza y solvencia. Seis días bastaron para que la realidad saltase por lo alto y la Reserva Federal de los Estados Unidos tuviera que llevar a cabo la mayor operación financiera de su historia para conseguir mantener vivo, aunque grave, a todo el sistema bancario de la primera potencia económica del mundo.

Estas agencias fallaron en lo más grave, que no es si la deuda de un país de segundo o tercer orden debe estar en el escalón segundo o tercero, y todavía han sido pocos los analistas y dirigentes financieros que les han exigido cuentas por este gran fallo. Pronto se ha olvidado que la auditora Arthur Andersen tuvo que disolverse después de su nula vigilancia de la empresa Enron.

Finalmente hay que señalar que estas calificaciones tienen algo de profecías autocumplidas, que son ésas que su mero enunciado implica su cumplimiento. Si unas agencias que tienen cierta confianza, discutible por otro lado, dicen que algo está mal, provocarán que los potenciales compradores no compren y que los poseedores corran a negociar esos títulos, de forma que su previsión puede verse incluso reforzada por ella misma, independientemente de su veracidad.

Artículo publicado en El Faro de Ceuta y en Asimetrías Urbanas.

Sáhara Occidental 1975: ¿Qué opciones había?


La cuestión del Sáhara Occidental siempre levanta pasiones en España, como ha sucedido con todo lo acontecido con Haidar. Unas pasiones que, más allá de los intereses partidistas que algunos han demostrado ahora y del compromiso con una causa que otros han visto en la primera plana de los medios, tiene como base un arraigado sentimiento de culpabilidad que los españoles tenemos con el Sáhara y que, de vez en cuando, se nos potencia.

Es cierto que España pegó la “espantá” en el Sáhara Occidental cediéndole, porque sí y de mala manera, la administración legal a Marruecos y Mauritania. ¿Podría la España de 1975 haber hecho otra cosa?

La situación política española era sumamente delicada. Se estaba viviendo el final del Franquismo, se atisbaba un posible proceso de democratización (que ahora conocemos como Transición) y existía un enorme vacío de poder. Junto a ello las unidades del Frente Polisario (apoyado por el régimen argelino) hostigaban a las tropas españolas acantonadas en el Sáhara Occidental y se temía que degenerase en una estúpida guerra colonial como las que Portugal había puesto fin gracias a la ‘Revolución de los Claveles’. A todo ello se unía la presión de Marruecos y Mauritania

¿Qué opciones tenía la España de aquellos tiempos?

1) Si se hubiera optado por seguir con las cosas como estaban, lo más probable es que hubiera habido una escalada bélica en el Sáhara Occidental, aprovechando los vacíos de poder existentes en España tras la muerte de Franco. Esta escalada hubiera supuesto que miles o decenas de miles de reclutas españoles hubieran sido llevados allí y se hubieran producido cuantiosísimas bajas. El clima política interno se habría exacerbado hasta el extremo de estar más cerca de la involución que de la Transición.

2) Si antes de la “espantá”, España hubiera reconocido la independencia del Sáhara Occidental, poco habría cambiado, porque los marroquíes, y los pocos interesados mauritanos, no habría reconocido esa independencia como no reconocen a la RASD, a pesar de que tenga decenas de reconocimientos de países de su entorno. Habría ocupado militarmente el Sáhara Occidental, ilegalmente como ahora, y la situación estaría en las mismas.

3) Si se hubiera proclamado la independencia del Sáhara Occidental y las tropas españolas hubieran quedado protegiendo a la recién nacida RASD, bien nos habríamos ahorrado un frente de hostigamiento, pero rápidamente habría aparecido una facción de saharauis contrario a la República tutelada por España y vuelta a lo mismo. Es más, Argelia nunca hubiera consentido que sus protegidos operasen de esta manera. El resultado sería nuevamente el escenario 1.

Es cierto que España nunca ha colonizado ni descolonizado bien. Sus ‘imperios’ han sido costosos para la metrópolis, en contraposición a lo que han hecho otros países. Pero lo que tampoco era exigible a nuestro país es que sus soldados muriesen por la descolonización, es decir, que mandásemos a la muerte a miles de reclutas imberbes, con poco equipo y menos entrenamiento, para proteger un territorio para luego entregarlo a quienes habían sido unos de los atacantes.

Imaginación y símbolos

Imaginar procede etimológicamente de “imago”, un término latino que significa “imagen”. Durante buena parte de la historia del pensamiento occidental, la imaginación ha sido una capacidad intelectual que nos permitía establecer nuevas relaciones conceptuales, nuevas ideas, término que etimológicamente también puede significar imagen, aunque procediendo esta vez del griego.

Al fin y al cabo nuestra identidad es fruto de la imaginación, así entendida, pues nos hacemos una idea de los que somos y de lo que queremos ser. Sin imaginación no hay conciencia del “yo”. Pero todo objeto de conciencia precisa de ser expresado de una forma perceptible por los sentidos para que cobre realidad más allá de la interioridad.

Cuando hablamos de identidades colectivas, las expresiones externas se hacen más necesarias aún, porque no solamente sirven para expresar objetos de determinada conciencia colectiva, sino que son el vehículo material sobre el que discurre esa conciencia colectiva, como el cerebro (y no esa fantasía animista llamada ‘alma’) es el asidero real de nuestra conciencia individual.

Decía Max Weber que los movimientos carismáticos o se institucionalizan (y se traicionan) o desaparecen. Las identidades colectivas que no encuentran símbolos donde existir terminan desapareciendo. Los símbolos de las identidades colectivas que expresan algo sólo a unos pocos, entran en una anemia corporativa que puedes llevarle tanto a la fragmentación como a la desaparición.

Es por ello por lo que las identidades colectivas están tan unidas a los símbolos, siempre que los interpretemos en el sentido más amplio posible. Sin ellos las identidades colectivas ni se expresan, ni son, ni permanecen, ni pueden mantener la indispensable cohesión.

Es curioso, desde uno plan estrictamente descriptivo, que desde una identidad colectiva determinada se juzgue como superfluos los símbolos de otra. La curiosidad deja de ser tal cuando se comprueba que son dos identidades en confrontación. Las ridiculizaciones, que entre ambas se realizan, no son más que un combate por un mismo espacio imaginativo que solamente tiene una casilla para ser ocupada: o sea está o no se está.

Los hechos imaginados socialmente, las identidades ideales asumidas como reales, muchas veces compiten en fuerza, metafóricamente, con la misma realidad fáctica. Es por ello que los movimientos sociales y todo tipo de organizaciones, que intentan configurar nuestra identidad colectiva, no sólo quieren que su símbolo sea el de todos por mero interés efímero o narcisista, sino porque el símbolo queda petrificado en una de las formas de existencia más difíciles de cambiar: la ‘conciencia colectiva’.

Los debates y trifulcas de todo tipo que llenan nuestra vida social son parte de esta guerra, que es la de la expresión simbólica de lo ideológico. Poner una pica en el ‘Flandes de los símbolos’ y consolidar esa posición con todos los recursos, es garantizarse una ventaja discursiva y de poder difícilmente removible en un periodo pequeño de tiempo.

Publicado en Asimetrías Urbanas.

Monarquía minimalista

Desde 1975 hasta el día de hoy, la Monarquía ha tenido una transformación “social”, independiente del ajuste institucional que fue adoptando desde la muerte de Franco hasta la aprobación de la Constitución.

La Monarquía adoptó una imagen minimalista, forzada por las circunstancias y apoyándose en éstas. La Familia Real era pequeña (el Rey, la Reina y sus tres hijos) y solamente hacían apariciones públicas para cuestiones estrictamente institucionales. Los pocos miembros de la Familia Real y la necesidad de no despertar ningún tipo de rechazo por cuestiones externas a su papel institucional, hizo que la Monarquía fuera una monarquía de mínimos en lo social (otra cosa es cuál fue y es su papel político).

El paso del tiempo y el normal decurso de la vida de las personas han producido que los miembros de la Familia Real, especialmente los más jóvenes, salieran en los medios de comunicación por actos absolutamente ajenos a los de la institución monárquica. Todo ello se ha dado junto a la aparición de una prensa del corazón que ignora los límites consuetudinarios de tiempos anteriores.

Son más los miembros de la Familia Real y más posibilidades de cometer errores, ya que cuanto más amplio es algo, hay más probabilidades de divergencias. La actual Monarquía es una monarquía tendente a lo maximalista

Buena parte de los problemas comunicativos y del cierto desgaste de imagen de la Monarquía viene de hechos ajenos a sus funciones institucionales. Quizá sea por ello que desde La Zarzuela que llevan tiempo procurando que las líneas laterales se instalen lejos de nuestras fronteras, se acogen gustosamente las dimisiones de los responsables de comunicación tras la publicación de los pactos del divorcio de la infanta Elena y se les da un mayor protagonismo a los Príncipes de Asturias.

Si quiera o no en España la Monarquía depende de su percepción pública que se tenga de ella, ya que la afección monárquica no es ideológica, sino coyuntural. El modelo minimalista ha resultado efectivo para la Monarquía, con lo que no es descabellado que se quiera volver a la pequeña monarquía de las últimas décadas del siglo XX.

Tipos de blogs políticos

En las navidades de 2007 José A. Rodríguez escribió una entrada que me resultó reveladora en la que realizaba una ‘Taxonomía de los blogs políticos”, en la que incluía tanto varios tipos de blogs como de bloggers.

Su entrada sigue siendo imprescindible, pese a lo cual yo quiero proponer otra taxonomía más sencilla y de manejo más ágil. Esta taxonomía se reduce a cinco categorías, con los problemas que tiene reducir el número, pues aparecerán muchos casos límite.

1) Blogs de políticos. Son los blogs que hacen o dicen hacer los políticos profesionales, es decir, los que tienen un cargo público u un cargo orgánico relevante. Puede que sean los más difíciles de hacer, pues un político (o el encargado del blog) siempre estará tentado de recopilar las notas de prensa como entradas. Deberían darle un toque personal, hablar de cuestiones públicas que no siempre sean las más candentes y, de camino, dar alguna ‘primicia’ que incentive a los lectores seguir el blog.

2) Blogs de periodistas. Puede que sean los que más seguimiento tienen, ya que un periodista especializado en política siempre tiene acceso a fuentes o las fuentes acceden a él y el mero hecho de que esté moviéndose todo el día en el ambiente político hace que sus entradas, si no son refritos de sus artículos o columnas, tengan un interés especial.

3) Blogs de organizaciones políticas. Hacer una página web es difícil y muchas organizaciones políticas en sus divisiones locales han optado por recurrir a las plataformas de blogs para hacer sus páginas. Realmente sus aportaciones son como las de las webs del partido que sea. Su mayor aportación es poder conocer algo de la política local de algún lugar determinado.

4) Blogs de activistas políticos. Estos son realizados por ciudadanos particulares y con la finalidad de defender una determinada ideología, la política del partido al que pertenecen o una causa determinada. Son interesante siempre que no caigan en su principal tentación: defender lo indefendible.

5) Blogs de temática política. Son blogs realizados por personas que tienen interés en la política pero que no son activistas. La temática es predominantemente política, aunque naturalmente tocan otros temas que le interesan al autor. El interés dependerá de los conocimientos del autor, de la capacidad para interpretar lo que ha conocido por los medios y de la “gracia” que tenga.