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Archive for 26 agosto 2009

Ángeles y demonios

Ángeles y demonios
Recuerdo un monólogo de Buenafuente entre la muerte de Juan Pablo II y la elección de Benedicto XVI en el que decía que los españoles, con toda la presión informativa que estábamos viviendo, estábamos convirtiéndonos en especialistas en temas vaticanos y que, con toda naturalidad, habíamos incorporado término como “camarlengo”.

El otro día vi “Ángeles y demonios” y como vaticanista de a pie, como de los que hablaba Buenafuente, no me pudo horrorizar más. La falta del mínimo rigor en tratar cargos, procedimientos o incluso la capacidad de elección solamente adelantaba lo que era un guión indigno.

Hacía “camarlengo” al antiguo secretario papal, cuando el Camarlengo es un cardenal. Creaba el cargo de “gran elector” (él mismo inelegible), cuando ese denominación la reciben los cardenales que pueden influir más en el voto de sus colegas. Y finalmente los dos requisitos para ser elegido Papa: estar en la Capilla Sixtina en el momento de la elección y ser cardenal, cuando puede ser elegido cualquier varón católico (teóricamente) y no tiene que encontrarse en ningún lugar determinado.

Pero lo mejor es el tema de los idiomas. La clave de la búsqueda está escrita en inglés, como no, que es llamada la lengua de los hombres libres, cuando en tiempos de Galileo el inglés era una lengua tan popular como el noruego actualmente. Lo más simpático es que el protagonista quería entrar en los Archivos del Vaticano para leer documentos de Galileo sin saber ni italiano ni latín (un osado). Es de delirio que tenga que volver al Archivo para saber en qué iglesia se encontraba el “Éxtasis de Santa Teresa”, lo cual viene en cualquier manual escolar de Historia del Arte.

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TC2
El Tribunal Constitucional está debatiendo la sentencia y todos los medios están llenos de rumores sobre qué artículos podrían permanecer y cuáles serán declarados inconstitucionales.

Hay un problema cuando el Tribunal Constitucional dicta una sentencia sobre alguna ley como es el Estatuto catalán. Los que se su postura rechazada acusan al Tribunal de no actuar según criterios jurídicos, sino políticos.

Más que una acusación es una descripción. Los Tribunales Constitucionales tienen mucho de políticos, lo cual no quiere decir que no decidan según criterios jurídicos, siempre que se tenga en cuenta que lo jurídico en el Derecho Constitucional tiene una “densidad” menor que en otros ámbitos del ordenamiento.

Incluso en terrenos muy acotados y trillados del ordenamiento siempre cabe la interpretación, por lo cual sería absurdo negar la juridicidad a argumentos opuestos. El hecho de que haya un órgano que decide definitivamente qué es y qué no es constitucional no invalida las opiniones diferentes antes de la formulación de la sentencia.

Que haya pluralidad de posiciones dentro del Tribunal Constitucional es, al menos para mí, garantía de que no hay injerencia externa, pues una unanimidad pétrea en cuestiones tan abstractas y amplias como las que se plantean en el Estatuto sí que sería sospechosa.

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¿Hay persecución contra el PP? Pues parece que sí. Y que haya persecución no es malo dependiendo quien la haga, el procedimiento que siga la causa que la haya producido. Al PP lo están persiguiendo los jueces, según la normativa de la Ley de Enjuiciamiento Criminal y por la presunta comisión de delitos. Efectivamente, hay persecución y ésta es judicial.

Lo que más gracia me hace, por llamarlo de alguna manera, es la apropiación que todo el PP está haciendo de los investigados. En vez de apartarse de ellos como si de la peste negra se tratase, se han lanzado a arroparlos, mimarlos y a decir que s causa (penal) es la del partido.

El PP se está identificando con la masa de presuntos delincuentes en la confianza de que todo quede en nada, de que siempre haya un tribunal que diga que lo suyo son infracciones administrativas sin consecuencias penales, que se rechace alguna prueba sustancial o que la prescripción juegue a su favor.

Quizá han pasado muchas cosas de esas que todo el mundo sabía y han sucedido durante demasiado tiempo, de forma que muchos de los ahora presuntos delicuentes pueden perder en unos años el adjetivo. El PSOE, en los años noventa, cometió el error de arropar y defender a personas que no deberían ser defendidas: nunca se aprende en cabeza ajena y menos lo hace el PP.

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San ValentínEl celebérrimo San Valentín, el santo que dicen que se inventó El Corte Inglés, parece estar enterrado en la iglesia de los carmelitas de Dublín. La iglesia es tan grande como escaso el gusto de sus decoradores (abuso del pastel y de las imágenes fabricadas en serie).

En la parte derecha del crucero está el altar donde se encuentra el féretro de tan romántico santo, en una urna a los pies. Sobre el altar hay un libro en blanco donde las miles de parejas que se acercan dejan sus frases que, como os podéis suponer, están llenas del mejor de los sentimientos.

La imagen del santo, como podéis ver, se puede intercambiar con otros muchos, pero no me dejó de llamar la atención la casulla al estilo ikurriña que vestía. A la salida los carmelitas permiten llevarse una cantidad ingente de agua bendita, pero eso creo que pertenece a la devoción a otro de sus santos.

Agua bendita

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Javier CERCAS: Anatomía de un instante. Mondadori, Madrid, 2009. 463 páginas.
Es Javier Cercas un autor que no ha conseguido decepcionarme. Me gusta este estilo suyo donde la narración, la reflexión y la historia se mezclan para crear una obra tan híbrida que es difícil de encajar no ya dentro de un género literario, sino como propiamente literaria.
Trata esta obra del intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 y toma como punto de conexión y también como punto de salida el gesto del Presidente Suárez de permanecer en su asiento, secundado por el Vicepresidente Gutiérrez Mellado y el portavoz comunista Santiago Carrillo.
Temía estar delante de una hagiografía, de un grueso volumen solamente destinado a exaltar la figura de Adolfo Suárez. La obra de Cercas no es nada de esto, ya que intenta hacer un relato tan lleno de perspectivas sobre Suárez que por momentos se duda sobre si el autor le aprecia o le desprecia, si el autor siente admiración o rechazo o si simplemente si el autor no sabe que concepto tener del ex Presidente después de su trabajo de documentación y conocimiento más cercano.
La estructura de la obra es excelente pues recorre los pasos previos al golpe. Es de sumo interés toda la parte en la que explica la situación previa al 23-F y que él denomina “la placenta del golpe” y me ha hecho pensar como en aquella época, no sé la causa, una serie de circunstancias podían llevar a un golpe y hoy simplemente a una mayor tensión política. Quizá la crítica, la única, es que si con una “placenta” tan amplia no se puede terminar confundiendo “contexto” y “actores”.
La exposición de la política de Suárez queda resumida, a mi entender, en la idea de que éste fue el hombre adecuado para desmontar el régimen franquista, pero que no lo fue para gobernar en un sistema democrático. Lo que le hacía la pieza maestra de la Transición (su conocimiento del régimen) le otorgaba maneras difíciles de ser asumidas en un sistema democrático estable. También cuenta como Suárez se ganó el desprecio de todos: la derecha por haber hecho lo que hizo y la izquierda por haberlo hecho como lo hizo.
En el  plano personal describe al ex Presidente como alguien del régimen pero ajeno a la élite o a las exigencias de esta élite tardofranquista. No era ni un gran intelectual, ni había sido un estudiante brillante ni un opositor, sino que era una persona que había sabido estar en el régimen, sin identificarse con ninguno de sus sectores, y aprovechar esta indefinición para escalar dentro de la jerarquía del Franquismo.
Cercas insiste en que Fraga sabía de muchas cosas y entendía de pocas, mientras que Suárez sabía de pocas pero entendía de muchas. Describe a Suárez como un político puro, como alguien que le interesa ejercer el poder y cuyas ideas se van adaptando para conseguir el poder y luego para mantenerlo.
Pero sobre todo el Suárez ve al representante de toda una generación de españoles que no estando conformes con el régimen, su autoritarismo y queriendo europeizar España, sentía miedo a los cambios. Esa generación que en el Epílogo (que bien sería también un Prólogo) se identificaba con Suárez y que le votó masivamente.
Merece la pena también los retratos que traza de Gutiérrez Mellado y de Santiago Carrillo, así como las relaciones entre Suárez y el Rey, que tampoco es tratado con los habituales inciensos.
Cercas acierta a hacer una reconstrucción convincente y mesurada de lo que él entiende que pasó. Una narración donde afirma, niega, argumenta y llega a exponer posibilidades abiertas al no entrar motivos suficientes para decantarse. De todas formas Cercas no tiene miedo a darle voz incluso a quienes mantienen visiones distintas a la suya y plantearse muy seriamente si el golpe, fracasando, no logró muchos de sus objetivos (al menos los de la modalidad de golpe blando).

Anatomia instanteJavier CERCAS: Anatomía de un instante. Mondadori, Madrid, 2009. 463 páginas.

Es Javier Cercas un autor que no ha conseguido decepcionarme. Me gusta este estilo suyo donde la narración, la reflexión y la historia se mezclan para crear una obra tan híbrida que es difícil de encajar no ya dentro de un género literario, sino como propiamente literaria.

Trata esta obra del intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 y toma como punto de conexión y también como punto de salida el gesto del Presidente Suárez de permanecer en su asiento, secundado por el Vicepresidente Gutiérrez Mellado y el portavoz comunista Santiago Carrillo.

Temía estar delante de una hagiografía, de un grueso volumen solamente destinado a exaltar la figura de Adolfo Suárez. La obra de Cercas no es nada de esto, ya que intenta hacer un relato tan lleno de perspectivas sobre Suárez que por momentos se duda sobre si el autor le aprecia o le desprecia, si el autor siente admiración o rechazo o si simplemente si el autor no sabe que concepto tener del ex Presidente después de su trabajo de documentación y conocimiento más cercano.

La estructura de la obra es excelente pues recorre los pasos previos al golpe. Es de sumo interés toda la parte en la que explica la situación previa al 23-F y que él denomina “la placenta del golpe” y me ha hecho pensar como en aquella época, no sé la causa, una serie de circunstancias podían llevar a un golpe y hoy simplemente a una mayor tensión política. Quizá la crítica, la única, es que si con una “placenta” tan amplia no se puede terminar confundiendo “contexto” y “actores”.

La exposición de la política de Suárez queda resumida, a mi entender, en la idea de que éste fue el hombre adecuado para desmontar el régimen franquista, pero que no lo fue para gobernar en un sistema democrático. Lo que le hacía la pieza maestra de la Transición (su conocimiento del régimen) le otorgaba maneras difíciles de ser asumidas en un sistema democrático estable. También cuenta como Suárez se ganó el desprecio de todos: la derecha por haber hecho lo que hizo y la izquierda por haberlo hecho como lo hizo.

En el  plano personal describe al ex Presidente como alguien del régimen pero ajeno a la élite o a las exigencias de esta élite tardofranquista. No era ni un gran intelectual, ni había sido un estudiante brillante ni un opositor, sino que era una persona que había sabido estar en el régimen, sin identificarse con ninguno de sus sectores, y aprovechar esta indefinición para escalar dentro de la jerarquía del Franquismo.

Cercas insiste en que Fraga sabía de muchas cosas y entendía de pocas, mientras que Suárez sabía de pocas pero entendía de muchas. Describe a Suárez como un político puro, como alguien que le interesa ejercer el poder y cuyas ideas se van adaptando para conseguir el poder y luego para mantenerlo.

Pero sobre todo el Suárez ve al representante de toda una generación de españoles que no estando conformes con el régimen, su autoritarismo y queriendo europeizar España, sentía miedo a los cambios. Esa generación que en el Epílogo (que bien sería también un Prólogo) se identificaba con Suárez y que le votó masivamente.

Merece la pena también los retratos que traza de Gutiérrez Mellado y de Santiago Carrillo, así como las relaciones entre Suárez y el Rey, que tampoco es tratado con los habituales inciensos.

Cercas acierta a hacer una reconstrucción convincente y mesurada de lo que él entiende que pasó. Una narración donde afirma, niega, argumenta y llega a exponer posibilidades abiertas al no entrar motivos suficientes para decantarse. De todas formas Cercas no tiene miedo a darle voz incluso a quienes mantienen visiones distintas a la suya y plantearse muy seriamente si el golpe, fracasando, no logró muchos de sus objetivos (al menos los de la modalidad de golpe blando).

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Hace tiempo que se está dando un cierto debate en la prensa y en las páginas de Internet centradas en cuestiones políticas sobre la necesidad o no de reformar nuestro sistema electoral. Algunos tachan a nuestro sistema de poco proporcional y de otros defectos, muchas veces sin caer en la cuenta de que un sistema electoral consiste en elegir potenciar unos aspectos que necesariamente tienen que ir en detrimento de otros.
Desde luego el sistema más proporcional sería una circunscripción única, con una barrera baja de entrada en la asignación de escaños, aunque tendría determinadas consecuencias que, quizá, no serían absolutamente deseables ni para quienes ahora se rasgan las vestiduras.
Lo más curioso de todo es que hay quienes han propuesto en diversos foros la adopción de un sistema electoral similar al francés, es decir, circunscripciones uninominales (donde se elige un solo diputado) y dos vueltas, siempre que en la primera un candidato no haya logrado la mayoría absoluta de los votos o un porcentaje muy relevante sobre los demás, concurriendo a ésta los dos candidatos más votado en la primera vuelta o los que hubieran obtenido un número de votos.
Como he dicho antes un sistema electoral no es ni bueno ni malo, salvo que alimente o facilite perversiones políticas, pero también hay que ser consciente de que tiene sus consecuencias y sus problemas.
Si estableciéramos un sistema uninominal a dos vueltas se eliminaría el voto útil en la primera vuelta, esto es, el ciudadano votaría normalmente a su opción favorita con la esperanza de que sea una de las dos primeras, de forma que es sumamente probable que el voto se disgregue tanto que la segunda vuelta sea fácticamente obligatoria. Igualmente nacerían muchas más formaciones políticas y otras existentes se podrían segmentar dado que el coste de conseguir un escaño se rebajaría en muchos casos.
Si en la primera vuelta desaparecería casi todo el voto útil, en la segunda muchísimos votantes, si no la mayoría, ejercerían el voto útil. ¿Por qué? Sencillamente porque es posible que la mayoría haya votado como opciones preferidas otras, de forma que en la segunda vuelta tenga que elegir entre la “menos mala” o la menos alejada de los posicionamiento.
El fenómeno del “voto sin representación” existiría pero con matices. Muchos votos de la primera vuelta efectivamente no la tendrían, pero podrían recurrir al consuelo de que la mayoría sí lo ha obtenido en la vuelta, aunque no con mucho entusiasmo.
La gran consecuencia electoral, en un plano mayor, sería que, presumiblemente, en determinadas regiones de España no haría falta ni hacer campaña electoral, porque la mayoría social (de derecha o izquierda) siempre estaría en disposición de dejar sin representación a la minoría social, de modo que no existiera ningún en representante parlamentario de otra posición política para esa zona del país.
En Ceuta tenemos un sistema uninominal, porque solamente elegimos un diputado en nuestra circunscripción. Una minoría importante de ceutíes ve como su voto su añade nada al grupo parlamentario del partido al que han votado. Últimamente el diputado electo consigue más de la mitad de los votos, pero se ha dado el caso en que no lo ha hecho, siendo el representante de todos con la mayoría de los ceutíes votando a otras personas. Al menos que esto sirva para reflexionar más profundamente cuando se quiera modificar el sistema.

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Hace tiempo que se está dando un cierto debate en la prensa y en las páginas de Internet centradas en cuestiones políticas sobre la necesidad o no de reformar nuestro sistema electoral. Algunos tachan a nuestro sistema de poco proporcional y de otros defectos, muchas veces sin caer en la cuenta de que un sistema electoral consiste en elegir potenciar unos aspectos que necesariamente tienen que ir en detrimento de otros.

Desde luego el sistema más proporcional sería una circunscripción única, con una barrera baja de entrada en la asignación de escaños, aunque tendría determinadas consecuencias que, quizá, no serían absolutamente deseables ni para quienes ahora se rasgan las vestiduras.

Lo más curioso de todo es que hay quienes han propuesto en diversos foros la adopción de un sistema electoral similar al francés, es decir, circunscripciones uninominales (donde se elige un solo diputado) y dos vueltas, siempre que en la primera un candidato no haya logrado la mayoría absoluta de los votos o un porcentaje muy relevante sobre los demás, concurriendo a ésta los dos candidatos más votado en la primera vuelta o los que hubieran obtenido un número de votos.

Como he dicho antes un sistema electoral no es ni bueno ni malo, salvo que alimente o facilite perversiones políticas, pero también hay que ser consciente de que tiene sus consecuencias y sus problemas.

Si estableciéramos un sistema uninominal a dos vueltas se eliminaría el voto útil en la primera vuelta, esto es, el ciudadano votaría normalmente a su opción favorita con la esperanza de que sea una de las dos primeras, de forma que es sumamente probable que el voto se disgregue tanto que la segunda vuelta sea fácticamente obligatoria. Igualmente nacerían muchas más formaciones políticas y otras existentes se podrían segmentar dado que el coste de conseguir un escaño se rebajaría en muchos casos.

Si en la primera vuelta desaparecería casi todo el voto útil, en la segunda muchísimos votantes, si no la mayoría, ejercerían el voto útil. ¿Por qué? Sencillamente porque es posible que la mayoría haya votado como opciones preferidas otras, de forma que en la segunda vuelta tenga que elegir entre la “menos mala” o la menos alejada de los posicionamiento.

El fenómeno del “voto sin representación” existiría pero con matices. Muchos votos de la primera vuelta efectivamente no la tendrían, pero podrían recurrir al consuelo de que la mayoría sí lo ha obtenido en la vuelta, aunque no con mucho entusiasmo.

La gran consecuencia electoral, en un plano mayor, sería que, presumiblemente, en determinadas regiones de España no haría falta ni hacer campaña electoral, porque la mayoría social (de derecha o izquierda) siempre estaría en disposición de dejar sin representación a la minoría social, de modo que no existiera ningún en representante parlamentario de otra posición política para esa zona del país.

En Ceuta tenemos un sistema uninominal, porque solamente elegimos un diputado en nuestra circunscripción. Una minoría importante de ceutíes ve como su voto su añade nada al grupo parlamentario del partido al que han votado. Últimamente el diputado electo consigue más de la mitad de los votos, pero se ha dado el caso en que no lo ha hecho, siendo el representante de todos con la mayoría de los ceutíes votando a otras personas. Al menos que esto sirva para reflexionar más profundamente cuando se quiera modificar el sistema.

Publicado previamente en “El Faro de Ceuta” y en “Asimetrías Urbanas”

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Kevin Costner de Jesús

Todos recordaréis esa leyenda urbana de los padres que, por nombre, le ponen a su hijo “Kevin Costner de Jesús”. Nadie conoce al tal “Kevin Costner de Jesús”, nadie sabe en qué Registro Civil el juez otorgó esa inscripción ni qué párroco osó a hacerlo, pero la leyenda circula por nuestras conciencias colectivas.
La pregunta correcta no es si “Kevin Costner de Jesús” se puso, sino si se podría poner.  Tal y como lo describe la leyenda urbana sería imposible, porque se introduce un apellido, pero por raro que os parezca “Kevin de Jesús” es perfectamente factible.
San Kevin de Glendalough es un santo celta fallecido en el siglo VII y que fue canonizado por culto inmemorial en 1903, según reza la Wikipedia. Luego Kevin cabría como nombre en un bautismo religioso y casi por el mismo motivo en el Registro Civil. “De Jesús” siempre vale, con lo que podríamos bautizar y registrar retoños con casi el bonito nombre de la leyenda urbana.

San Kevin
Todos recordaréis esa leyenda urbana de los padres que, por nombre, le ponen a su hijo “Kevin Costner de Jesús”. Nadie conoce al tal “Kevin Costner de Jesús”, nadie sabe en qué Registro Civil el juez otorgó esa inscripción ni qué párroco osó a hacerlo, pero la leyenda circula por nuestras conciencias colectivas.

La pregunta correcta no es si “Kevin Costner de Jesús” se puso, sino si se podría poner.  Tal y como lo describe la leyenda urbana sería imposible, porque se introduce un apellido, pero por raro que os parezca “Kevin de Jesús” es perfectamente factible.

San Kevin de Glendalough es un santo celta fallecido en el siglo VII y que fue canonizado por culto inmemorial en 1903, según reza la Wikipedia. Luego Kevin cabría como nombre en un bautismo religioso y casi por el mismo motivo en el Registro Civil. “De Jesús” siempre vale, con lo que podríamos bautizar y registrar retoños con casi el bonito nombre de la leyenda urbana.

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Puede que sea por influencia religiosa pero hay profesiones a las que se quiere adjetivar como vocacionales. Yo prefiero hablar de profesionalidad y exigir profesionalidad, porque la vocación es algo tan vago y tan poco útil que es mejor dejarlo de un lado.
Os cuento una pequeña historieta personal para ilustrarlo. De pequeño quería ser piloto militar. Me pirraban los aviones y como todavía no había descubierto la “seducción del dinero” pensaba que siempre era mejor pilotar un caza militar que un trasto de la aviación comercial. Pero resulta que llevo gafas desde los ocho años y que, por tanto, de ninguna manera hubiera podido ingresar en la Academia General del Aire. Ganas, ilusión y esas cosas tenía toda la del mundo, pero no estaba capacitado. Como era un chico inquieto rápidamente busqué acomodo en otras ideas.
Hay profesiones que se dicen vocacionales y hay quien deja traslucir cierto temor porque la gente acuda a ellas para ganarse un sueldo, como parece que está pasando con Ejército, Policía o Guardia Civil. Parece que es malo que la gente quiera ganarse la vida en estas profesiones, sin tener eso que se llama “vocación”.
Creo que lo importante no es tener vocación sino que los que entren en estos cuerpos funcionariales hagan bien el trabajo por el que se les paga (no mucho). Puede que su sueño no fuera hacer ese trabajo o que prefirieran otro, pero mientras hagan bien lo que se les pide, no hay que poner exigencias inmensurables.
Además lo de la vocación profesional para determinados cuerpos funcionariales creo que esconden otra idea, inconfesable y necesitada de eufemismo. La vocación puede ser un sinónimo (o eufemismo) de “haberlo mamado en casa” y estar defendiéndose, en el fondo, la endogamia, que tan en boga está entre algunos cuerpos funcionariales.
No estaría mal que alguna vez se estudiase cuando empleados públicos lo han “mamado en casa”, porque tengo la sospecha, sin datos porque no existen, de que muchos sí lo han hecho. No estaría mal algunos de los tantos especialistas universitarios que tenemos en Ciencias Políticas y de la Administración hicieran estos estudios, comenzando por la propia Universidad.

F18Puede que sea por influencia religiosa pero hay profesiones a las que se quiere adjetivar como vocacionales. Yo prefiero hablar de profesionalidad y exigir profesionalidad, porque la vocación es algo tan vago y tan poco útil que es mejor dejarlo de un lado.

Os cuento una pequeña historieta personal para ilustrarlo. De pequeño quería ser piloto militar. Me pirraban los aviones y como todavía no había descubierto la “seducción del dinero” pensaba que siempre era mejor pilotar un caza militar que un trasto de la aviación comercial. Pero resulta que llevo gafas desde los ocho años y que, por tanto, de ninguna manera hubiera podido ingresar en la Academia General del Aire. Ganas, ilusión y esas cosas tenía toda la del mundo, pero no estaba capacitado. Como era un chico inquieto rápidamente busqué acomodo en otras ideas.

Hay profesiones que se dicen vocacionales y hay quien deja traslucir cierto temor porque la gente acuda a ellas para ganarse un sueldo, como parece que está pasando con Ejército, Policía o Guardia Civil. Parece que es malo que la gente quiera ganarse la vida en estas profesiones, sin tener eso que se llama “vocación”.

Creo que lo importante no es tener vocación sino que los que entren en estos cuerpos funcionariales hagan bien el trabajo por el que se les paga (no mucho). Puede que su sueño no fuera hacer ese trabajo o que prefirieran otro, pero mientras hagan bien lo que se les pide, no hay que poner exigencias inmensurables. Es curioso que a nadie le preocupase la “vocación” cuando el servicio militar era obligatorio.

Además lo de la vocación profesional para determinados cuerpos funcionariales creo que esconden otra idea, inconfesable y necesitada de eufemismo. La vocación puede ser un sinónimo (o eufemismo) de “haberlo mamado en casa” y estar defendiéndose, en el fondo, la endogamia, que tan en boga está entre algunos cuerpos funcionariales.

No estaría mal que alguna vez se estudiase cuando empleados públicos lo han “mamado en casa”, porque tengo la sospecha, sin datos porque no existen, de que muchos sí lo han hecho. No estaría mal algunos de los tantos especialistas universitarios que tenemos en Ciencias Políticas y de la Administración hicieran estos estudios, comenzando por la propia Universidad.

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Evaluando mi iPhone

Las pasadas navidades me compré un iPhone. Quería darme un caprichito de los buenos y me lo di. Después a ocho meses utilizando el ya mítico teléfono de Apple me gustaría dar mi opinión sobre él.
El iPhone nació con carencias como no poder mandar MMS, cosa que hace ya el teléfono más cutre del mercado español. Esta carencia se resolvió con una actualización del software hace algunas semanas.
Ahora, que estoy en Hibernia, he estado utilizando también un Nokia y trasteando he descubierto que tiene resuelto uno de los grandes déficit, que en Internet tiene iPhone, la inexistencia de plug-in de Flahs. La cámara es flojita y sin posibilidad de hacer vídeos (como que antes sí podía hacer).
Yo tenía un Nokia N70 pero nunca lo empleé para conectarme a Internet. ¿Por qué? Sencillamente porque teniendo la capacidad no era fácil hacerlo, no era accesible. Por el contrario la gran ventaja que tiene iPhone sobre esa generación de teléfonos 3G es su inmensa facilidad de manejo, además de la tarifa plana.
Revisando y comparando el iPhone muy de cerca con otros móviles que he usado no se puede decir que tenga muchísimas posibilidades más, pero sí que las que el iPhone tiene son simples de ejecutar hasta para un patán como yo. Y además tiene un gran diseño.

iPhoneLas pasadas navidades me compré un iPhone. Quería darme un caprichito de los buenos y me lo di. Después a ocho meses utilizando el ya mítico teléfono de Apple me gustaría dar mi opinión sobre él.

El iPhone nació con carencias como no poder mandar MMS, cosa que hace ya el teléfono más cutre del mercado español. Esta carencia se resolvió con una actualización del software hace algunas semanas.

Ahora, que estoy en Hibernia, he estado utilizando también un Nokia y trasteando he descubierto que tiene resuelto uno de los grandes déficit, que en Internet tiene iPhone, la inexistencia de plug-in de Flahs. La cámara es flojita y sin posibilidad de hacer vídeos (como que antes sí podía hacer).

Yo tenía un Nokia N70 pero nunca lo empleé para conectarme a Internet. ¿Por qué? Sencillamente porque teniendo la capacidad no era fácil hacerlo, no era accesible. Por el contrario la gran ventaja que tiene iPhone sobre esa generación de teléfonos 3G es su inmensa facilidad de manejo, además de la tarifa plana.

Revisando y comparando el iPhone muy de cerca con otros móviles que he usado no se puede decir que tenga muchísimas posibilidades más, pero sí que las que el iPhone tiene son simples de ejecutar hasta para un patán como yo. Y además tiene un gran diseño.

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La lectura en la Antigüedad era en voz alta. Se escribía pensando en que el texto sería declamado o leído particularmente, pero siempre en voz alta. En aquella época estarse callado leyendo era una contradicción “in terminis”. Un autor de la talla de Virgilio hizo pases previos de la Eneida antes de que fuera presentada, leída, solemnemente ante Augusto.
El primer testimonio que tenemos de lectura solitaria y silenciosa es el de Ambrosio, arzobispo de Milán. A sus contemporáneos les sorprendía que leyese silenciosamente y es posible que hasta lo consideraran una excentricidad.
El domingo tuve la inmensa fortuna de que me leyeran el artículo de Luis García Montero en “El País”, una lectura hecha de forma magistral y con una voz digna de las más grandiosas ágoras. Lo paradójico era que el artículo en cuestión es una exaltación de la lectura silenciosa y solitaria.
El escrito de García Montero es muy bueno, como no puede ser de otra forma viniendo de este poeta granadino. Las ideas se suceden y el ritmo es adecuado, con sus referencias a autores bien introducidas. Y es en este punto donde hecho de menos a la referencia fundamental: Paul Ricoeur y su obra El sí mismo como otro.
Entiendo lo que quiere decir García Montero, pero no lo comparto en su totalidad como sí lo hace mi lectora. Habla de la necesidad de reflexión, de tomarse el tiempo, de mirar de lejos y de saber estar en soledad especialmente cuando impera el mundo del blanco y negro, del todo o nada y todos los binarios imaginables. Es cierto y recomendable, pero al vincularlo, como lo hace él, con lo político (como “res publica”), no podemos dejar de ser conscientes de que la lectura solitaria y silenciosa es un acto antipolítico, totalmente ajeno a la “res publica”.
Hay otro aspecto que me he hace distanciarme de lo escrito, y por mí escuchado, por Luis García Montero es la enésima reducción que se hace en España de la lectura a la lectura de literatura. Creo que leo bastante, pero poca literatura, y me ha llevado mis años perder el complejo. La literatura no es la única lectura posible ni la arquetípica, leer es mucho más que leer literatura.

LectorLa lectura en la Antigüedad era en voz alta. Se escribía pensando en que el texto sería declamado o leído particularmente, pero siempre en voz alta. En aquella época estarse callado leyendo era una contradicción “in terminis”. Un autor de la talla de Virgilio hizo pases previos de la Eneida antes de que fuera presentada, leída, solemnemente ante Augusto.

El primer testimonio que tenemos de lectura solitaria y silenciosa es el de Ambrosio, arzobispo de Milán. A sus contemporáneos les sorprendía que leyese silenciosamente y es posible que hasta lo consideraran una excentricidad.

El domingo tuve la inmensa fortuna de que me leyeran el artículo de Luis García Montero en “El País”, una lectura hecha de forma magistral y con una voz digna de las más grandiosas ágoras. Lo paradójico era que el artículo en cuestión es una exaltación de la lectura silenciosa y solitaria.

El escrito de García Montero es muy bueno, como no puede ser de otra forma viniendo de este poeta granadino. Las ideas se suceden y el ritmo es adecuado, con sus referencias a autores bien introducidas. Y es en este punto donde hecho de menos a la referencia fundamental: Paul Ricoeur y su obra El sí mismo como otro.

Entiendo lo que quiere decir García Montero, pero no lo comparto en su totalidad como sí lo hace mi lectora. Habla de la necesidad de reflexión, de tomarse el tiempo, de mirar de lejos y de saber estar en soledad especialmente cuando impera el mundo del blanco y negro, del todo o nada y todos los binarios imaginables. Es cierto y recomendable, pero al vincularlo, como lo hace él, con lo político (como “res publica”), no podemos dejar de ser conscientes de que la lectura solitaria y silenciosa es un acto antipolítico, totalmente ajeno a la “res publica”.

Hay otro aspecto que me he hace distanciarme de lo escrito, y por mí escuchado, por Luis García Montero es la enésima reducción que se hace en España de la lectura a la lectura de literatura. Creo que leo bastante, pero poca literatura, y me ha llevado mis años perder el complejo. La literatura no es la única lectura posible ni la arquetípica, leer es mucho más que leer literatura.

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