El traje y yo

Creo que nunca me acostumbraré a llevar traje. Para mí es una auténtica tortura y no por motivos ideológicos o estéticos, simplemente porque me siento incómodo y perdido, la antinomia de la mínima elegancia.
Decía Goethe (creo que era él) que la elegancia consiste en la experiencia de que algo se encuentra perfectamente situado en su contexto y respecto a sí mismo, expresando cierto dominio propio y de la situación.
Cuando llevo traje no soy yo quien lo domina a él, sino el traje el que me domina a mí, de manera que ando todo el tiempo intentando controlar la chaqueta, el nudo de la corbata, la posición de la corbata y los miles de detalles que surgen como por arte de magia.
Sé que es una cuestión de saber vestirlo que solamente se adquiere con la costumbre, ya que lo del “porte natural” no es una de mis virtudes innatas. Pero como nunca he estado obligado a llevar traje, ni laboral ni socialmente, las escasas ocasiones en las que me lo pongo me siento como si fuera disfrazado.

TrajeCreo que nunca me acostumbraré a llevar traje. Para mí es una auténtica tortura y no por motivos ideológicos o estéticos, simplemente porque me siento incómodo y perdido, la antinomia de la mínima elegancia.

Decía Goethe (creo que era él) que la elegancia consiste en la experiencia de que algo se encuentra perfectamente situado en su contexto y respecto a sí mismo, expresando cierto dominio propio y de la situación.

Cuando llevo traje no soy yo quien lo domina a él, sino el traje el que me domina a mí, de manera que ando todo el tiempo intentando controlar la chaqueta, el nudo de la corbata, la posición de la corbata y los miles de detalles que surgen como por arte de magia.

Sé que es una cuestión de saber vestirlo que solamente se adquiere con la costumbre, ya que lo del “porte natural” no es una de mis virtudes innatas. Pero como nunca he estado obligado a llevar traje, ni laboral ni socialmente, las escasas ocasiones en las que me lo pongo me siento como si fuera disfrazado.

19 comentarios en “El traje y yo

  1. Personalmente me parece algo anacrónico, como un residuo del AR o del siglo XIX. Yo me siento igual y también me incomoda. Es tanto la prenda como su significado. ADemás, aun de traje se nota quien tiene pasta y quien no y para mí hay pocas cosas más tristes que un pobre de traje. Ciertamente lo odio y la verdad, me gustaría más que si fuese necesario llevasemos un uniforme. Militar si es preciso, para que todos estuviesemos igual, ricos y pobres.
    A fin de cuentas, la libertad no se lleva puesta sino en la cabeza.

    1. A estas alturas de partido, yo tengo claro que los momentos tienen sus formas y esas formas no son adventicias, esto es, que a una boda no se va trapillo porque con nuestra forma de vestir indica la importancia que le damos o no a un hecho.

      Dicho esto, vuelvo a reiterar que tengo un problema de elegancia, en el sentido goethiano, con los trajes.

  2. Disiento totalmente, a mi me encantan los trajes, me siento muy comodo con ellos y la corbata me parece un complemento que da muchisimo juego (hasta su ausencia si sabes como marcarla). Lo unico que lamento es no tener mas oportunidades para lucirlos, la de camionero no es una profesión adecuada.

  3. ¿El convenio colectivo de camioneros prhibe llevar traje y corbata? Estos sindicalistas piqueteros no saben qué inventar para joder al trabajador.
    Lo de el juego que da la ausencia de corbata ma emocionao.

  4. A mí, como a Creu, me gusta… Pero porque me acostumbré a la comodidad que supone no tener que dar vueltas a la vestimenta: tuve que llevarlos casi 9 años, por el trabajo, y al final te vas haciendo una pequeña colección, de 7 u 8 (además de los que acabas desechando por el uso), con 10 o 15 camisas y otras tantas corbatas. Y da mucho juego porque basta con no equivocarte con los colores…

    De hecho, considero que el traje es el uniforme de hoy y que en el siglo XIX se llevaba “blusa” (el guardapolvo) y hoy traje.

    Ahora llevo un par de años sin usarlo, al haber vuelto al periodismo (es lo que tiene…), y aunque no lo echo de menos me hace gracia que cuando voy a bodas soy de los pocos que no les pasa lo que cuenta Geógrafo, que no saben dónde meter las manos y no paran con la corbata. A mí, si se me mueve (como a cualquiera), que se mueva: ese es el secreto, además de que no te apriete el cuello.

    Por cierto: si además llevas chaleco, es el acabóse…

  5. Estoy esperando una manifestación que merezca la pena para ir de traje y corbata con todos mis amigos. El único problema que veo es la dificultad de correr con zapatos…

  6. A mi me gustan mucho.
    No obstante, prefiero pensar que el criterio práctico debe imponerse al estético. Así pues, la chaqueta y la corbata son no sólo signos de elegancia (bien llevados, de lo contrario son signos de ordinariez) sino además, prendas de abrigo. Esto último parece que se olvida recurrentemente.
    Por tanto, su uso debería restringirse a las condiciones climatológicas adecuadas. En consecuencia, vestir traje y corbata en verano en prácticamente toda la península es una aberración, ya sea para trabajar, para una boda o para tocar en una orquesta.
    Todavía peor los pijoteros y presuntuosos que se ponen en bodorrios chaleco, que es una prenda adicional de abrigo. Un horror y un tormento.

  7. Ahí, ahí, Lole: uno, que es friolero, usaba traje con chaleco durante el crudo invierno madrileño y sin él a partir de primavera… Pero si hay algo verdaderamente horroroso es llevar traje con camisa de manga corta, y con corbata… ¡Y los he visto! ¡Cuando se quitan la chaqueta, parecen Zipi o Zape!

  8. Personalmente la corbata me parece un colgajo estúpido. Para las formalidades, bodas y bautizos, suelo usar pajarita, más frívola, marchosa y vacilona que la corbata. En cuanto al traje… depende de qué traje; uno del estilo de estos dos: http://estaticos01.cache.el-mundo.net/elmundo/imagenes/2009/03/15/1237116871_0.jpg (sobre todo el de Ricardo Costa -otro día hablaré de su lamentabilísimo cuello de camisa ), no me lo pondría ni atado. Esas entalladuras, esos sobrebolsillos adicionales son ‘pa mear y no echar gota’.
    El amacarramiento de la derecha, ¿nos estará avisando de su decadencia?

  9. Geografo, ahora “sí” hay libertad y sin embargo si vamos todos uniformados con vaqueros y demás. POr otra parte, tomar la libertad de vestir como una materialización de la libertad lo considero bastante pobre. De hecho, yo veo esa falsa libertad como la oportunidad de someterse a cuatro dictadores de la moda y un gran espejo de la desigualdad social, verdadero significado de las libertades que algunos proponen.

  10. Los cuellos de camisa de Ricardo Costa evidencian su condición. Si los llevara del tipo italiano esporádicamente no diría nada.
    Pero no es así, los lleva siempre, incluso cuando viste informal. Su problema es que es un pijo redomado. Lo tiene crudo. Además no hay más que oírle.
    Con esa imagen, aún en el caso de que salga airoso del Gurtel, nunca podrá saltar a la política nacional.
    Eso me recuerda a Aznar, que cuando “regía” en Castilla León iba siempre con el pelo engominado hacia atrás, recordando a los jerarcas fascistas. Cuando saltó a Madrid cambió de peinado. Supongo que los asesores de imagen antes le dieron un buen repaso.
    Oye, esto empieza a parecer el Hola. jejejeje

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