Obama contra Clinton. Un año después

Estados Primarias 2008Parece que fue hace un siglo, pero por estas fechas hace un año todavía se estaba especulando sobre qué sucedería en la Convención Nacional Demócrata a la hora de nominar a su candidato a la Presidencia de los Estados Unidos.
Ni Barack Obama ni Hillary Clinton había conseguido la mayoría absoluta de los delegados por lo que la decisión final parecía quedar en manos de los “superdelegados”, es decir, de los que eran delegados en virtud del cargo que ocupaban y no por haberlo sido en las primarias o en algún caucus.
La campaña de Clinton argumentó más de una vez que si bien Obama había conseguido más delegados lo había hecho en los “red states”, es decir, en los estados en los que los republicanos iban a ganar con total seguridad, mientras que en los estados eminentemente demócratas y en los que podían decantar la elección lo había hecho Clinton.
Como tengo una estupenda memoria para las cosas más inútiles, me ha acordado de esta argumentación y he querido comprobar la respuesta de los estados en función de lo que votaron en el proceso de primarias y meses después en las elecciones presidenciales para ver si la mayoría de “votos electorales” (que son los que valen de verdad) procedían de estados ganados por Obama o por Clinton.
Como muestra la tabla 206 de los 365 votos electorales de la candidatura demócrata provinieron de estados que antes Obama había ganado, demostrando poner alzarse con la victoria en estados presumiblemente republicanos como Virginia o Carolina del Norte.
El argumento de la campaña de Clinton se ha visto refutado con los resultados de las elecciones ya que la representación de Obama sí anunciaba lo que podía suceder el día de las Elecciones Presidenciales.

DNC 2008[Esta entrada ha sido reeditada tras el oportuno comentario de Fred donde ponía de manifiesto una serie de errores en los datos: se me “pasaron de columna”. Muchas gracias a él y disculpas a todos vosotros. Al cambiar los  datos, cambia el análisis, pero no en términos absolutos.]

Parece que fue hace un siglo, pero por estas fechas hace un año todavía se estaba especulando sobre qué sucedería en la Convención Nacional Demócrata a la hora de nominar a su candidato a la Presidencia de los Estados Unidos.

Ni Barack Obama ni Hillary Clinton había conseguido la mayoría absoluta de los delegados por lo que la decisión final parecía quedar en manos de los “superdelegados”, es decir, de los que eran delegados en virtud del cargo que ocupaban y no por haberlo sido en las primarias o en algún caucus.

La campaña de Clinton argumentó más de una vez que si bien Obama había conseguido más delegados lo había hecho en los “red states”, es decir, en los estados en los que los republicanos iban a ganar con total seguridad, mientras que en los estados eminentemente demócratas y en los que podían decantar la elección lo había hecho Clinton.

Como tengo una estupenda memoria para las cosas más inútiles, me ha acordado de esta argumentación y he querido comprobar la respuesta de los estados en función de lo que votaron en el proceso de primarias y meses después en las elecciones presidenciales para ver si la mayoría de “votos electorales” (que son los que valen de verdad) procedían de estados ganados por Obama o por Clinton.

Estados Primarias 2008
Como muestra la tabla 142 de los 365 votos electorales de la candidatura demócrata provinieron de estados que antes Obama había ganado, y la mayoría, 223, de los estados ganados por Clinton.

El argumento de la campaña de Clinton se ha visto confirmado con los resultados de las elecciones, pero también ha demostrado la futilidad de éste, ya que como candidato presidencial demócrata Obama funciono mejor en esos estados que como candidato a la nominación. Una cosa es que los estados que finalmente dieron su votos hubieran preferido a Clinton y otra es que en el caso de no ser ella hubiera votado al candidato republicano John McCain, como se llegó a insinuar desde la campaña de Clinton.

[Nota: las primarias en Florida y Michigan fueron anuladas por el Partido Demócrata al haberse convocado fuera del plazo previsto por las normas de éste. En Nebraska ganó John McCain, pero este estado distribuye proporcionalmente sus tres votos electorales, por lo que Barack Obama se llevó uno de ellos. La fuente de los datos es la siguiente: http://uselectionatlas.org].

Iberismo, no. Gracias

Cuando era niño pasaba los meses de agosto en la “Costa de la Luz” en la provincia de Huelva. Una de las actividades que todos los años cumplimentábamos era ir a Portugal. Había frontera de verdad, no había puente sobre el Guadiana, por lo que al papeleo fronterizo se le unía la espera para tomar los transbordadores.
En esos momentos, aburridísimo en el coche y siempre con alguno miembro de la familia que tenía los documentos caducados, deseaba que España se expandiese y ocupase toda la Península Ibérica.
Hoy esos sueños expansionistas (por hartura de la espera) se han borrado de mi conciencia y me hace cierta gracia que se diga que determinado número de españoles y de portugueses verían con buenos ojos la unificación política de ambos estados.
La verdad es que no encuentro sentido a la unión política de España y Portugal. Portugal ha sido independiente muchísimo tiempo y la última vez que estuvo integrada en la Corona Hispánica lo fue únicamente por medio de una “unión in personam”, no a través de la unión de todos los órganos del Estado, por lo que no hubo ninguna institución política común, si salvamos la persona del Rey.
Pero estoy en contra más pensando en cuestiones prácticas que teóricas. Lo primero es que todo lo que antes se podía hacer por medio de unificación política, ahora se puede hacer a través de cooperación e integración internacional, de forma que se puede unificar todo lo que se quiera manteniendo cada cual su independencia y soberanía.
Lo segundo es porque me aterraría el modo de hacer la unificación. Podría ser mediante la conversión de la República Portuguesa en la Comunidad Autónoma de Portugal y de tener embajadores, representaciones internacionales y hasta ejército propio terminarían discutiendo la financiación. Junto a esto sería muy curioso ser a la comunidad autónoma portuguesa pidiendo la transferencia de competencias que sí tenía cuando independiente y soberana.
La otra vía sería la federación entre España y Portugal, pero eso es aún más jaleo que lo primero. Si se federan los dos estados la cosa parece fácil para Portugal y difícil para España, ya que las autonomías quedarían reducidas a divisiones territoriales de un estado federado (poca cosa). A todo esto le podemos unir crear, en el caso de España, una cuarta instancia de poder político, con su legislativo, ejecutivo y judicial y su lucha competencial con las demás instancias. Pero sobre todo tendríamos un lío casi eterno con todo eso que nos encanta convertir en problema: nombre, bandera, jefatura del Estado, himno, sede de la capital, idioma oficial y selecciones de fútbol.
España y Portugal, desde 1986 forman parte de las Comunidades Europeas (ahora Unión Europea), y es allí donde se han armonizado más que nunca en todos los planos jurídicos y económicos. Bien podrían marcar estos dos países una mayor velocidad en sus respectivas integraciones, pero eso depende de la voluntad política de los gobiernos de los dos estados y no de los sueños iberistas.

Banderas ESP POR
Cuando era niño pasaba los meses de agosto en la “Costa de la Luz” en la provincia de Huelva. Una de las actividades que todos los años cumplimentábamos era ir a Portugal. Había frontera de verdad, no había puente sobre el Guadiana, por lo que al papeleo fronterizo se le unía la espera para tomar los transbordadores.

En esos momentos, aburridísimo en el coche y siempre con alguno miembro de la familia que tenía los documentos caducados, deseaba que España se expandiese y ocupase toda la Península Ibérica.

Hoy esos sueños expansionistas (por hartura de la espera) se han borrado de mi conciencia y me hace cierta gracia que se diga que determinado número de españoles y de portugueses verían con buenos ojos la unificación política de ambos estados.

La verdad es que no encuentro sentido a la unión política de España y Portugal. Portugal ha sido independiente muchísimo tiempo y la última vez que estuvo integrada en la Corona Hispánica lo fue únicamente por medio de una “unión in personam”, no a través de la unión de todos los órganos del Estado, por lo que no hubo ninguna institución política común, si salvamos la persona del Rey.

Pero estoy en contra más pensando en cuestiones prácticas que teóricas. Lo primero es que todo lo que antes se podía hacer por medio de unificación política, ahora se puede hacer a través de cooperación e integración internacional, de forma que se puede unificar todo lo que se quiera manteniendo cada cual su independencia y soberanía.

Lo segundo es porque me aterraría el modo de hacer la unificación. Podría ser mediante la conversión de la República Portuguesa en la Comunidad Autónoma de Portugal y de tener embajadores, representaciones internacionales y hasta ejército propio terminarían discutiendo la financiación. Junto a esto sería muy curioso ser a la comunidad autónoma portuguesa pidiendo la transferencia de competencias que sí tenía cuando independiente y soberana.

La otra vía sería la federación entre España y Portugal, pero eso es aún más jaleo que lo primero. Si se federan los dos estados la cosa parece fácil para Portugal y difícil para España, ya que las autonomías quedarían reducidas a divisiones territoriales de un estado federado (poca cosa). A todo esto le podemos unir crear, en el caso de España, una cuarta instancia de poder político, con su legislativo, ejecutivo y judicial y su lucha competencial con las demás instancias. Pero sobre todo tendríamos un lío casi eterno con todo eso que nos encanta convertir en problema: nombre, bandera, jefatura del Estado, himno, sede de la capital, idioma oficial y selecciones de fútbol.

España y Portugal, desde 1986 forman parte de las Comunidades Europeas (ahora Unión Europea), y es allí donde se han armonizado más que nunca en todos los planos jurídicos y económicos. Bien podrían marcar estos dos países una mayor velocidad en sus respectivas integraciones, pero eso depende de la voluntad política de los gobiernos de los dos estados y no de los sueños iberistas.

Miguel Ángel Revilla (II). El diseñador de jugadas

Revilla no es nuevo en el Gobierno de Cantabria. Lleva sentándose en el Consejo de Gobierno desde 1995 y ha sido Vicepresidente hasta 2003 además de Consejero de Obras Públicas, en coalición con el Partido Popular.
Llegaron las elecciones autonómicas de 2003. El resultado consagraba casi la situación anterior. Aunque el PRC subió dos escaños (a costa de PP y PSOE), las cuentas apuntaban a una reedición del gobierno de coalición PP-PRC.
La diferencia era que en Madrid se encontraba al frente del PSOE un nuevo secretario general, Rodríguez Zapatero, y un nuevo secretario de organización, José Blanco. Ambos sabían que esas elecciones autonómicas y municipales de 2003 eran decisivas para prácticamente todo.
A nivel interno del PSOE, Rodríguez Zapatero y Blanco necesitaban un resultado que les respaldase. A nivel externo, poder arrebatar varios gobiernos autonómicos y ayuntamientos importantes al PP era necesario para simbolizar la posibilidad de ganar las Elecciones Generales del año siguiente.
Había que pintar el mapa de rojo y las coaliciones también valían. Allí el PP no había conseguido mayoría y su socio, Revilla y el PRC, habían conseguido pasar de 6 a 8 escaños (sobre 39). El PSOE había sido la segunda fuerza más votada con 13 escaños.
El PSOE necesitaba que el PP perdiera otra autonomía. La perspectiva del PRC era la siguiente: pacto con el PP como segundones (seguir igual) o pacto con el PSOE pero a cambio de la Presidencia, porque ser segundones ya se los daba el PP, no se enemistaban con ellos y además podían decir que apoyaban a la fuerza más votada.
Hubo pacto con el PSOE y Miguel Ángel Revilla, a pesar de encabezar la tercera fuerza parlamentaria (tercera de tres) fue investido Presidente de Cantabria. Las Elecciones de 2007 vuelven a ser ganadas por el PP, pero sin mayoría suficiente, de forma que se reedita la coalición PRC-PSOE, siendo el partido de Revilla esta vez el segundo más votado, quitándole un escaños al PP y tres al PSOE.
Revilla está fortaleciendo su posición precisamente a costa del PSOE de Cantabria, dando la impresión de que es un presidente socialista más sin necesidad de serlo, de modo que nadie dentro de los socialistas del resto del país eche de menos un presidente cántabro con carnet.
Su partido no presentó candidatura a las Elecciones Generales y él anunció que votaría al PSOE, e incluso asistió a un mitin de Felipe González. Alaba al Presidente del Gobierno, es el primero en contestar con eficacia al PP y se deshace en elogios por el Lehendakari. Habrá personas que piensen que es del PSOE.
En el fondo está haciendo algo sumamente hábil. Él sabe que una cosa es el PSOE a nivel regional (y más en regiones pequeñas) y otra es el PSOE a nivel nacional. Al PSOE de Cantabria lo está fagocitando ya que todo lo que ellos hagan en el gobierno regional será capitalizado por él y su partido, ya que para algo es el Presidente de Cantabria. Con el PSOE a nivel nacional mantiene las mejores relaciones posibles, para que nadie vea mal su continuidad y, por el contrario, lo consideren un valor, tanto que con este PSOE, el nacional, no se enfrenta electoralmente y, por tanto, no tiene ni que distanciarse de ellos ni perjudicarlos.
¿Cuál podría ser el objetivo último? [Advierto que lo viene a continuación puede ser considerado “política-ficción”] Creo que no sería absolutamente imposible que a Revilla no se le haya ocurrido que el PRC pudiera ser el equivalente en Cantabria a lo que es el PSC en Catalunya: un partido formalmente diferenciado, que tiene su política autonómica propia y que está federado al PSOE y mantiene la misma línea en la política nacional.

Revilla Espe
Revilla no es nuevo en el Gobierno de Cantabria. Lleva sentándose en el Consejo de Gobierno desde 1995 y ha sido Vicepresidente hasta 2003 además de Consejero de Obras Públicas, en coalición con el Partido Popular.

Llegaron las elecciones autonómicas de 2003. El resultado consagraba casi la situación anterior. Aunque el PRC subió dos escaños (a costa de PP y PSOE), las cuentas apuntaban a una reedición del gobierno de coalición PP-PRC.

La diferencia era que en Madrid se encontraba al frente del PSOE un nuevo secretario general, Rodríguez Zapatero, y un nuevo secretario de organización, José Blanco. Ambos sabían que esas elecciones autonómicas y municipales de 2003 eran decisivas para prácticamente todo.

A nivel interno del PSOE, Rodríguez Zapatero y Blanco necesitaban un resultado que les respaldase. A nivel externo, poder arrebatar varios gobiernos autonómicos y ayuntamientos importantes al PP era necesario para simbolizar la posibilidad de ganar las Elecciones Generales del año siguiente.

Había que pintar el mapa de rojo y las coaliciones también valían. Allí el PP no había conseguido mayoría y su socio, Revilla y el PRC, habían conseguido pasar de 6 a 8 escaños (sobre 39). El PSOE había sido la segunda fuerza más votada con 13 escaños.

El PSOE necesitaba que el PP perdiera otra autonomía. La perspectiva del PRC era la siguiente: pacto con el PP como segundones (seguir igual) o pacto con el PSOE pero a cambio de la Presidencia, porque ser segundones ya se los daba el PP, no se enemistaban con ellos y además podían decir que apoyaban a la fuerza más votada.

Hubo pacto con el PSOE y Miguel Ángel Revilla, a pesar de encabezar la tercera fuerza parlamentaria (tercera de tres) fue investido Presidente de Cantabria. Las Elecciones de 2007 vuelven a ser ganadas por el PP, pero sin mayoría suficiente, de forma que se reedita la coalición PRC-PSOE, siendo el partido de Revilla esta vez el segundo más votado, quitándole un escaño al PP y tres al PSOE.

Revilla está fortaleciendo su posición precisamente a costa del PSOE de Cantabria, dando la impresión de que es un presidente socialista más sin necesidad de serlo, de modo que nadie dentro de los socialistas del resto del país eche de menos un presidente cántabro con carnet.

Su partido no presentó candidatura a las Elecciones Generales y él anunció que votaría al PSOE, e incluso asistió a un mitin de Felipe González. Alaba al Presidente del Gobierno, es el primero en contestar con eficacia al PP y se deshace en elogios por el Lehendakari. Habrá personas que piensen que es del PSOE.

En el fondo está haciendo algo sumamente hábil. Él sabe que una cosa es el PSOE a nivel regional (y más en regiones pequeñas) y otra es el PSOE a nivel nacional. Al PSOE de Cantabria lo está fagocitando ya que todo lo que ellos hagan en el gobierno será capitalizado por él y su partido, ya que para algo es el Presidente de Cantabria. Con el PSOE a nivel nacional mantiene las mejores relaciones posibles, para que nadie vea mal su continuidad y, por el contrario, lo consideren un valor, tanto que con este PSOE, el nacional, no se enfrenta electoralmente y, por tanto, no tiene ni que distanciarse de ellos ni perjudicarlos.

¿Cuál podría ser el objetivo último? [Advierto que lo viene a continuación puede ser considerado “política-ficción”] Creo que no sería absolutamente imposible que a Revilla se le haya ocurrido que el PRC pudiera ser el equivalente en Cantabria a lo que es el PSC en Catalunya: un partido formalmente diferenciado, que tiene su política autonómica propia y que está federado al PSOE y mantiene la misma línea en la política nacional.

Si quieres leer la primera parte: Miguel Ángel Revilla (I): El relaciones públicas.

Miguel Ángel Revilla (I). El relaciones públicas

Las normas institucionales de las Comunidades Autónomas suelen decir que el Presidente de éstas las representa. Normalmente la representación institucional es algo que se hace y se quiere hacer sumamente aburrido, soso y tan plano que da igual que no existiese.
Podría arriesgarme a decir que un presidente autonómico debe tener mucho de relaciones públicas, especialmente cuando el peso de la comunidad que presiden (en población, extensión y otros parámetros objetivos o políticos) no es muy grande. Uno tiene que vender lo suyo y más cuando es una PYME de la España autonómica. Los presidentes de Andalucía, Catalunya, Madrid, Comunitat Valenciana o Euskadi pueden permitirse ser los hombres y mujeres más aburridos y hasta desconocidos fuera de sus territorios, porque el peso político se los da la comunidad a ellos.
Es posible que pocas personas fueran de Cantabria supiera que el anterior Presidente fue, durante ocho años, Joaquín Martínez Sieso. Por el contrario muchísimas personas, la mayoría con un interés escaso en la política y su paisanaje, saben que el actual Presidente de Cantabria es Miguel Ángel Revilla, desplazando (con la inestimable colaboración del tiempo) el recuerdo de aquel señor apellidado Hormaechea.
Habrá quien piense que Revilla es un bufón político, pero para mí es un personaje fascinante. Desde que tomó posesión se hizo notar con un gesto de esos que tanto gustan: ir en taxi a La Moncloa y no dejar de hablar de la calidad de la anchoa de su tierra. Se hizo conocido en todo el país, puso a Cantabria en el mapa de muchas personas que no verían un programa sobre política cántabra en la vida pero que sí se quitan horas de dormir para pasar un buen rato con Buenafuente.
Pero Revilla no solamente me fascina como relaciones públicas de la comunidad que preside, sino como político que sabe que esto es una carrera de fondo. Entró en política desde el comienzo de la Transición y siempre en clave regionalista. Su partido, el PRC, es una fuerza política cuya ideología es sencilla y corta, perfectamente adaptada, por vacía, para coaligarse con cualquier otra fuerza medianamente decente.

Revilla ZP Taxista
Las normas institucionales de las Comunidades Autónomas suelen decir que el Presidente de éstas las representa. Normalmente la representación institucional es algo que se hace y se quiere hacer sumamente aburrido, soso y tan plano que da igual que no existiese.

Podría arriesgarme a decir que un presidente autonómico debe tener mucho de relaciones públicas, especialmente cuando el peso de la comunidad que presiden (en población, extensión y otros parámetros objetivos o políticos) no es muy grande. Uno tiene que vender lo suyo y más cuando es una PYME de la España autonómica. Los presidentes de Andalucía, Catalunya, Madrid, Comunitat Valenciana o Euskadi pueden permitirse ser los hombres y mujeres más aburridos y hasta desconocidos fuera de sus territorios, porque el peso político se los da la comunidad a ellos.

Es posible que pocas personas fueran de Cantabria supiera que el anterior Presidente fue, durante ocho años, Joaquín Martínez Sieso. Por el contrario muchísimas personas, la mayoría con un interés escaso en la política y su paisanaje, saben que el actual Presidente de Cantabria es Miguel Ángel Revilla, desplazando (con la inestimable colaboración del tiempo) el recuerdo de aquel señor apellidado Hormaechea.

Habrá quien piense que Revilla es un bufón político, pero para mí es un personaje fascinante. Desde que tomó posesión se hizo notar con un gesto de esos que tanto gustan: ir en taxi a La Moncloa y no dejar de hablar de la calidad de la anchoa de su tierra. Se hizo conocido en todo el país, puso a Cantabria en el mapa de muchas personas que no verían un programa sobre política cántabra en la vida pero que sí se quitan horas de dormir para pasar un buen rato con Buenafuente.

Pero Revilla no solamente me fascina como relaciones públicas de la comunidad que preside, sino como político que sabe que esto es una carrera de fondo. Entró en política desde el comienzo de la Transición y siempre en clave regionalista. Su partido, el PRC, es una fuerza política cuya ideología es sencilla y corta, perfectamente adaptada, por vacía, para coaligarse con cualquier otra fuerza medianamente decente.

Sigue en Miguel Ángel Revilla (II): El diseñador de jugadas

El traje y yo

Creo que nunca me acostumbraré a llevar traje. Para mí es una auténtica tortura y no por motivos ideológicos o estéticos, simplemente porque me siento incómodo y perdido, la antinomia de la mínima elegancia.
Decía Goethe (creo que era él) que la elegancia consiste en la experiencia de que algo se encuentra perfectamente situado en su contexto y respecto a sí mismo, expresando cierto dominio propio y de la situación.
Cuando llevo traje no soy yo quien lo domina a él, sino el traje el que me domina a mí, de manera que ando todo el tiempo intentando controlar la chaqueta, el nudo de la corbata, la posición de la corbata y los miles de detalles que surgen como por arte de magia.
Sé que es una cuestión de saber vestirlo que solamente se adquiere con la costumbre, ya que lo del “porte natural” no es una de mis virtudes innatas. Pero como nunca he estado obligado a llevar traje, ni laboral ni socialmente, las escasas ocasiones en las que me lo pongo me siento como si fuera disfrazado.

TrajeCreo que nunca me acostumbraré a llevar traje. Para mí es una auténtica tortura y no por motivos ideológicos o estéticos, simplemente porque me siento incómodo y perdido, la antinomia de la mínima elegancia.

Decía Goethe (creo que era él) que la elegancia consiste en la experiencia de que algo se encuentra perfectamente situado en su contexto y respecto a sí mismo, expresando cierto dominio propio y de la situación.

Cuando llevo traje no soy yo quien lo domina a él, sino el traje el que me domina a mí, de manera que ando todo el tiempo intentando controlar la chaqueta, el nudo de la corbata, la posición de la corbata y los miles de detalles que surgen como por arte de magia.

Sé que es una cuestión de saber vestirlo que solamente se adquiere con la costumbre, ya que lo del “porte natural” no es una de mis virtudes innatas. Pero como nunca he estado obligado a llevar traje, ni laboral ni socialmente, las escasas ocasiones en las que me lo pongo me siento como si fuera disfrazado.

Proporciones parlamentarias autonómicas

Los parlamentos autonómicos españoles son los grandes desconocidos de nuestra democracia. Muchos de ellos no tienen relevancia, siquiera dentro de sus propios territorios y no me extrañaría que un porcentaje muy alto de la población nunca hubiese visto una sola sesión de su legislativo regional (con excepciones regionales, por supuesto).
Les pasa algo así como le pasa a las instituciones de la Unión Europea, son los cardan la lana mientras que el Congreso de los Diputados es quien teje la fama. Como este verano he decidido hacer sesudísimas entradas ayudándome de mis casi inexistentes conocimientos matemáticos, he calculado la probabilidad de cruzarte con un diputado autonómico por la calle, o dicho de otra manera, los diputados autonómicos por habitantes en cada una de nuestras autonomías.
Como era de esperar la ratio más baja corresponde a las dos ciudades autónomas, Ceuta y Melilla, pero aquí hay que indicar que no es relevante porque sus asambleas autonómicas también cumplen la función de corporación local (realmente es al revés).
Hecha esta eliminación, la clasificación (de menor a mayor ratio) es la siguiente:
Llama la atención que sean las cuatro comunidades más pobladas las que tienen un mayor ratio entre población y diputados, sin duda porque el número del Congreso jugó un papel psicológico a la hora de establecer el número de diputados.
También hemos de señalar que, en números absolutos, los cuatro mayores parlamentos regionales son los de estas cuatro comunidades, mientras que los cuatro parlamentos con menos diputados, en términos absolutos, son La Rioja, Cantabria, Asturias y la Región de Murcia.

Los parlamentos autonómicos españoles son los grandes desconocidos de nuestra democracia. Muchos de ellos no tienen relevancia, siquiera dentro de sus propios territorios y no me extrañaría que un porcentaje muy alto de la población nunca hubiese visto una sola sesión de su legislativo regional (con excepciones regionales, por supuesto).

Les pasa algo así como le pasa a las instituciones de la Unión Europea, son los cardan la lana mientras que el Congreso de los Diputados es quien teje la fama. Como este verano he decidido hacer sesudísimas entradas ayudándome de mis casi inexistentes conocimientos matemáticos, he calculado la probabilidad de cruzarte con un diputado autonómico por la calle, o dicho de otra manera, los diputados autonómicos por habitantes en cada una de nuestras autonomías.

Como era de esperar la ratio más baja corresponde a las dos ciudades autónomas, Ceuta y Melilla, pero aquí hay que indicar que no es relevante porque sus asambleas autonómicas también cumplen la función de corporación local (realmente es al revés).

Parlamentos Autonómicos 1
Hecha esta eliminación, la clasificación (de menor a mayor ratio) es la siguiente:

Parlamentos Autonómicos 2
Llama la atención que sean las cuatro comunidades más pobladas las que tienen un mayor ratio entre población y diputados, sin duda porque el número del Congreso jugó un papel psicológico a la hora de establecer el número de diputados.

También hemos de señalar que, en números absolutos, los cuatro mayores parlamentos regionales son los de estas cuatro comunidades, mientras que los cuatro parlamentos con menos diputados, en términos absolutos, son La Rioja, Cantabria, Asturias y la Región de Murcia.

Formentera y El Hierro

Los mínimos de presentación política, independientemente de la población, es uno de los factores que modifican la proporcionalidad en las elecciones, como hemos visto en relación con Andalucía, Asturias, Illes Balears, Murcia y Canarias.
Desde hace mucho tiempo vengo hablando de que tienen que ser las personas y no las entidades geógraficas o los kilómetros cuadrados los que voten. De todas formas quiero “contradecirme” un poco y también poner de manifiesto que, en ocasiones, el detrimento de la proporcionalidad en favor de la territorialidad tiene un razón de ser bastante fuerte.
Pensemos en dos islas españolas menos pobladas según el último padrón: Formentera (9.147 habitantes) y El Hierro (10.753).
Formentera representa en población el 0.86% de la comunidad balear, pero su único diputado autonómico le da una representatividad del 2.22%. El Hierro tiene el 0.52% de la población canaria, siendo los tres diputados electos en este isla el 5% del Parlamento Canario.
Es evidente que hay una falla a la proporcionalidad, pero también podríamos preguntarnos qué importancia tendrían estos dos islas en sus respectivas comunidades si las elecciones se hicieran en una única circunscripción, potenciándose así la proporcionalidad.
Más allá de las mejores intenciones hay que ser conscientes que dedicarle dinero e inversiones a dos circunscripciones que representan menos del 1% de los posibles votantes puede ser interpretado como un desperdicio y un error estratégico.
El hecho de que Formentera tenga un diputado decisivo para formar gobierno, dada la poca volatilidad electoral en Illes Belears, o que los tres diputados de El Hierro puedan ser también decisivos a la hora de formar mayorías de gobierno hace que estas dos islas estén en el mapa y en las agendas de las decisiones políticas.
Digo todo esto consciente de que esto hace que haya votos que valen mucho más de que otros, pero me parece importante y honesto señalarlo para que comprobemos lo difícil que es tener un sistema electoral sensato. También tengo claro que, a veces, la sobrerrepresentación de los territorios menos poblados más que hacerlos estar en el mapa y en la agenda, los hacen protagonistas de estos. Difícil es el mundo de la cuenta cero.

Banderas Baleares Canarias
Los mínimos de presentación política, independientemente de la población, es uno de los factores que modifican la proporcionalidad en las elecciones, como hemos visto en relación con Andalucía, Asturias, Illes Balears, Región de Murcia y Canarias.

Desde hace mucho tiempo vengo hablando de que tienen que ser las personas y no las entidades geógraficas o los kilómetros cuadrados los que voten. De todas formas quiero “contradecirme” un poco y también poner de manifiesto que, en ocasiones, el detrimento de la proporcionalidad en favor de la territorialidad tiene un razón de ser bastante fuerte.

Pensemos en dos islas españolas menos pobladas según el último padrón: Formentera (9.147 habitantes) y El Hierro (10.753).

Formentera representa en población el 0.86% de la comunidad balear, pero su único diputado autonómico le da una representatividad del 2.22%. El Hierro tiene el 0.52% de la población canaria, siendo los tres diputados electos en este isla el 5% del Parlamento Canario.

Es evidente que hay una falla a la proporcionalidad, pero también podríamos preguntarnos qué importancia tendrían estos dos islas en sus respectivas comunidades si las elecciones se hicieran en una única circunscripción, potenciándose así la proporcionalidad.

Más allá de las mejores intenciones hay que ser conscientes que dedicarle dinero e inversiones a dos circunscripciones que representan menos del 1% de los posibles votantes puede ser interpretado como un desperdicio y un error estratégico.

El hecho de que Formentera tenga un diputado decisivo para formar gobierno, dada la poca volatilidad electoral en Illes Belears, o que los tres diputados de El Hierro puedan ser también decisivos a la hora de formar mayorías de gobierno hace que estas dos islas estén en el mapa y en las agendas de las decisiones políticas.

Digo todo esto consciente de que esto hace que haya votos que valen mucho más de que otros, pero me parece importante y honesto señalarlo para que comprobemos lo difícil que es tener un sistema electoral sensato. También tengo claro que, a veces, la sobrerrepresentación de los territorios menos poblados más que hacerlos estar en el mapa y en la agenda, los hacen protagonistas de estos. Difícil es el mundo de la cuenta cero.