El modelo de negocio de Twitter


Twitter desde luego se ha convertido en un servicio de éxito en este. También, durante mucho tiempo, ha sido una incógnita, ya que nadie sabía cómo la empresa ganaba dinero, cuando el servicio es totalmente gratuito y no tiene ningún elemento publicitario.

No sé yo si Twitter cobra algo a los que han desarrollado las múltiples aplicaciones que han nacido en torno a este servicio, pero tampoco daba la impresión de ser suficiente. El pasado mes de marzo quedó claro en qué consiste el modelo de negocio: venderlo.

No es nada nuevo. Ya pasó con los servicios Blogger y Youtube cuando fueron comprados por Google. La estrategia es arriesgada, ya que requiere una buenísima idea, una fuerte inversión, ciertamente una generosa dosis y suerte y, sobre todo, un comprador que quiera dejarse unos cuantos millones de euros o de dólares.

Evidentemente este sistema tiene una ventaja para las empresas, tipo “Google”, que compra estos servicios. Es cierto que los compran a un precio relativamente alto, pero consiguen hacerse con un servicio con millones de clientes consolidados, que posiblemente haya derrotado ya a otros competidores y que ha superado las fases iniciales de cualquier proyecto.

Siempre es mejor que la idea sea tuya y la desarrolles tú, porque no tienes que pagar márgenes de beneficio en la compra, pero con la cantidad de fracasos que las grandes empresas han acumulado en proyectos bien financiados y mejor publicitados, que han cosechado sonoros fracasos.

Por el lado de los vendedores hay que decir que requieren tener recursos financieros suficientes para ir afrontando el desarrollo de su producto, incluso sin ingresos importantes. No sólo del éxito, sino también de la capacidad de aguante sin vender, dependerá el precio final del servicio. Hacerlo rentable económicamente, será problema del comprador.

Una sencilla idea para aumentar la productividad

Cuando yo frecuentaba el proceloso mundo de las reuniones, es decir, cuando vivía reunido para los más diversos temas, había una cosa que me desesperaba: las continuas interrupciones por las llamadas a los numerosos teléfonos móviles presentes en la sala, cuyo número normalmente superaba al de asistentes.

En la cuenta de Flickr de la Casa Blanca he encontrado esta imagen que considero un ejemplo para que las reuniones no se interrumpan y duran lo que razonablemente deban durar. Sólo es necesario comprar unos “post-it” y un ámbito seguro de amigos de lo ajeno. Una nueva idea de Obama para el cambio.

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Foto de Pete Souza

Censos étnicos

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El Presidente de Francia, Nicolas Sarkozy (sí, el marido de Carla Bruni), propuso la realización de un censo étnico de la población francesa. La polémica se centró en el hecho de si ese censo podía o no violar el principio de igualdad de la tradición republicana francesa.

Dicho en bruto, lo del censo étnico muy bonito la verdad es que no queda, pero  creo que como en otras ocasiones hay que ir un poco a lo que su impulsor pretende a la hora de enjuiciarlo mínimamente.

La idea básica es que la situación social de los diversos grupos étnicos que componen Francia será mejor conocida por estos censos étnicos, así como la adecuación y la efectividad de las medidas encaminadas a ayudarlos.

El conocimiento es una condición necesaria para que la actuación pueda ser efectiva y los datos de este censo podrían arrojar datos suficientes para que las políticas destinadas a las minorías puedan basarse sobre conocimientos certeros. Igualmente este censo podría permitir una mejor evaluación del efecto de esas mismas políticas en el grupo al que se dirigen. También permite conocer con más exactitud el estado de estos grupos y que la realidad de estos no se encumbra.

Varios serios problemas plantean estos censos.

1) Unos de los problemas que pueden producir los censos étnicos es fragmentar oficialmente a la ciudadanía. La idea de que la ciudadanía es una ha tenido como consecuencia práctica que los elementos que la dividían eran preteridos en los censos. Consolidar oficialmente, en los censos, que hay grupos de pertenencia relevantes y a los que uno pertenece en razón de su nacimiento, al menos da una idea de que la ciudadanía, aunque siendo una, está compuesta por una pluralidad de entidades de pertenencia no electiva.

2) Hasta ahora la desigualdad se ha establecido sobre baremos sociales, singularmente los ingresos de las personas y unidades familiares. El hecho de que se declara a un grupo en desigualdad con el resto de los grupos o el conjunto del país, harían que sus miembros automáticamente fueran desiguales.

3) La cuestión sobre qué es una etnia es de lo más espinoso, aunque cierto es que se pueden llegar a definiciones operativas. También cabe preguntarse si el grupo mayoritario recibirá alguna denominación o no. Hay que preguntarse si la pertenencia censal a un determinado grupo es voluntaria, al cumplir los criterios establecidos, o es optativa, de forma que alguien pueda “darse de baja” de ese grupo.

4) Se ha dicho que en los censos será el que quiera el que se autodefina. Eso no está mal, pero es sumamente problemático a la hora del tratamiento, excepto para evaluar la autopercepción grupal de cada cual. Si el censo no es realmente un censo, sino estadística con ocasión del censo, la verdad es que no sé cuál será su verdadera utilidad, más allá del conocimiento de los que hayan querido contestar.

5) Los defensores de los censos étnicos insinúan que es la base para la realización de acciones positivas basadas en los grupos étnicos. Yo tengo mis serias dudas sobre el sentido y la conveniencia de convertir la pertenencia étnica en un criterio a la hora de decidir sobre la aplicación de una acción positiva. Desde luego los que estarán encantados serán publicitas y especialistas en campañas electorales, que podrán realizar un trabajo más preciso después de que el Estado francés le haya hecho el trabajo de campo.

Recomiendo este artículo de “El País”.

Roosevelt (de Renshaw)

renshaw-rooseveltPatrick RENSHAW: Franklin D. Roosevelt. Biblioteca Nueva. Madrid. 2008. 330 páginas.

Realmente ésta no es la mejor biografía que he leído, y algunas han caído ya que soy aficionado a este género histórico. De todas formas pasa el aprobado, pese a algunas carencias que señalaré al final.

Esta biografía se centra, una vez colocado Roosevelt en la Casa Blanca, a describir como fue la marcha del “New Deal” y los diversos pasos que se sucedieron, junto con los progresos y retrocesos que la economía norteamericana vivió. No deja de ser curioso, por las circunstancias en la que nosotros nos encontramos, que el debate siga siendo el mismo entre los que mantienen que el gasto público es fundamental para terminar con la crisis y los que mantienen (Rajoy y unos cuantos políticos marginales más) que hay que continuar aplicando las mismas recetas de equilibrio presupuestario.

El libro cae en el defecto de extenderse en las primeras etapas Roosevelt, comiéndose las páginas que deberían haber sido dedicadas a la etapa, larga, de la Presidencia. Como es una obra voluntariamente introductoria obvia demasiadas cuestiones o las pasa por alto, especialmente los debates jurídicos en torno a la extensión del gobierno federal.

De todas formas el mayor “pero” creo que es segregar la política exterior del hilo de la Presidencia. Le dedica un capítulo, lo cual se antoja poco para un Presidente que dirigió a los Estados Unidos durante los años treinta y prácticamente toda la Segunda Guerra Mundial.

La función política de la popularidad

Obama Popularidad
Hablaba ayer de que el momento político de Obama no es equiparable al de otros líderes políticos europeos: él ha llegado al poder después de estallada la crisis económica y todo lo que se hace se valora como una dura política contraria a la crisis, mientras las medidas que adoptan muchos líderes europeos, esencialmente las mismas, son percibidas como propias de gobiernos superados.

El hecho de que un Presidente de los Estados Unidos se mantenga muy alto en los índices de valoración tiene una importancia política de primer orden para poder desarrollar un programa de gobierno.

Un fuerte apoyo popular tanto a su persona como a su política hace que sea preferible estar en sintonía con él que no estarlo, porque si no se está del lado del Presidente se puede pagar en las primarias del Partido Demócrata, en el caso de los demócratas, o en las elecciones en el caso de los republicanos.

Dada la fragmentación de las elecciones americanas (en 2010 se renueva nuevamente toda la Cámara de Representantes y un tercio del Senado) es mejor contar con el apoyo de un Presidente enormemente popular que presentarte como un opositor a éste, y más si en tu distrito ganó Obama o es muy respaldado. Eso hace que el sentido del voto en el Congreso sea más domeñable.

Evidentemente la popularidad de Obama no crece por generación espontánea, sino por un trabajo serio de Comunicación Política, siguiendo la máxima de que lo que no se conoce es como si no se hubiera hecho. Cosas tan sencillas como decir que Obama lee cada día diez cartas de ciudadanos particulares está muy bien hacerlas, pero es mejor hacerlas y decir que se hacen.

Puede parecer una hipocresía si pensamos en aquello de que lo haga una mano no se entere la otra, pero de que los ciudadanos conozcan que el Presidente hace cosas por ellos, que el Presidente no deja de querer enterarse de los problemas de las personas sin mediadores, dependen que ese Presidente tenga o no la fuerza política para llevar a cabo las reformas para las que fue elegido.

Ceuta, Melilla y el INE

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Cuando dices en la Península que eres de Ceuta, tarde o temprano sabes que llega la maravillosa pregunta sobre si vas mucho a Melilla. La verdad es que no es culpa de nadie, pues desde el colegio hasta las noticias meteorológicas siempre se vincula Ceuta a Melilla, como si formasen una especie de entidad conjunta.

La verdad es que Ceuta y Melilla están distantes entre sí, unos 500 kilómetros por carretera, y no hay ninguna comunicación directa entre ellas por barco ni por medios aéreos. Las diferencias entre Ceuta y Melilla son muchas y la conjunción de ambas ciudades bajo esa entidad es enormemente arbitraria.

Lo más curioso de todo esto es que el Instituto Nacional de Estadística no se haya enterado todavía que Ceuta y Melilla no son lo mismo, y en muchos de los indicadores y datos que publica agreguen los datos de Ceuta y de Melilla, de manera que es imposible conocer cuál es la realidad independiente de cada una de las ciudades autónomas en datos de gran importancia económica y social.

Tiempos diferentes

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Los tiempos en política son muy importantes. No es lo mismo haber estado en el gobierno mientras se gestaba la crisis y tienes que reaccionar a ella, que comenzar el mandato cuando la crisis ha estallado.

Los mismos hechos, las mismas medidas, pueden percibirse como el intento de un gobierno desgastado por hacer algo sin saber muy bien qué, o por el contrario las iniciativas valientes y novedosas de un dirigentes que ninguna responsabilidad ha tenido en la aparición de la crisis y que trata, desde el primer día, en remediarla.

Ésta es la diferencia que hay entra Obama y los diversos gobernantes europeos. Mientras que el Presidente de los estados Unidos acaba de traspasar la barrera simbólica de los cien días, los dirigentes europeos llevan años en el gobierno. Las medidas que unos y otros están tomando son de mayor gasto público, especialmente de inversiones en infraestructuras y transferencias a los sectores más desfavorecidos de la población.

La crisis es la ocasión política de las oposiciones europeas para desgastar al gobierno, independientemente de que ellos no tengan ninguna idea esencialmente diferente de la que gobiernan o sus ideas se parezcan demasiado a las que han causado la crisis. Por el contrario los republicanos norteamericanos siguen perdidos desde que en noviembre perdieran la Presidencia, se consolidase su derrota en el Congreso y la mayoría de los estados.