Hablando de la proporcionalidad

mossos-ub
José A. Pérez, escritor del estupendo blog “Mi mesa cojea”, ha escrito sobre lo que él considera la nueva palabra de moda de los políticos: “proporcionalidad” y sus derivados.

Habla de cómo “proporcionalidad”, “proporcional” o “desproporcionado” ocuparon el centro del debate social, político y mediático coincidiendo con el ataque de las tropas israelíes en Gaza. Se hablaba si el ataque era una respuesta proporcional o no a los lanzamientos de cohetes desde este territorio al territorio israelí. Yo mismo escribí sobre el tema.

Mantiene José A. Pérez que estos términos han vuelto a la actualidad a propósito de la actuación de la Policía Autonómica de Catalunya para terminar con el encierro en la Universidad de Barcelona de estudiantes contrarios al “Plan Bolonia”.

Una cosa creo que se deja en el tintero. Cuando hablamos de “proporcionalidad” estamos aceptando que el hecho está justificado, esto es, que la actuación de los israelíes entonces o de los policías autonómicos catalanes ahora era necesaria. Lo que se discute es la forma de hacerlo.

Quiénes ahora se apresten a hablar de proporciones deben tener en cuenta que parten de la aceptación de la actuación en cuestión. Hablar de si algo es o no proporcionado no es hablar de su justificación, sino de la forma de llevarse a cabo.

8 comentarios en “Hablando de la proporcionalidad

  1. En cierta manera, hablar de proporcionalidad es hablar de su justificación. En la legítima defensa, por ejemplo, tiene que haber un elemento de proporcionalidad para que se estime que existe la legítima defensa. De hecho la ausencia de proporcionalidad (para los ataques de cohetes caseros) es precisamente una ausencia de justificación del ataque israelí. Del tema de la carga policial no hablo

  2. Es cierto que hablar de proporcionalidad es hablar de justificación, pero tiene que cumplirse ciertos requisitos previos. Por ejemplo, cuando decimos que la legítima defensa tiene que ser proporcional, asumimos que es defensa y que defenderse es legítimo moralmente.

  3. Lo importante, creo yo, es que hay que visualizar una política de izquierdas diferente a la de la derecha. Si esto no ocurre perdemos la identidad. Lo que ha pasado con Saura es un ejemplo de que seguimos criminalizando al que disiente a fuerza de palos como hace la derecha. Y si somos lo mismo estamos perdidos, nuestra labor es pedagógica y esta la estamos perdiendo, la comunicación de las ideas progresistas, una nueva sensibilidad,… todo eso es necesario.

  4. Todos los años hay grupos que intentan hacer una protesta universitaria por algún tema para ganar protagonismo y afiliados a sus organizaciones.

    De vez en cuando lo consiguen.

    Decir que los estudiantes se manifiestan, es una falacia, pues, la gran mayoría no lo hace. Es más estas protestas se suelen decidir en asambleas, a las que no acuden los contrarios. Si se hiciese un referendum, sale lo contrario de lo que la asamblea ha dicho. Así ocurrió hace unos años con una protesta contra los planes de estudio en la facultad de económicas de Valencia, en la que yo era representante estudiantil, y en la que conseguí no se perdiera el curso, aprobándose este referéndum. resultado 2/3 a 1/3 contra la huelga, mientras en la asamblea era al revés.

    Bolonia no va a perjudicar a los actuales estudiantes, en todo caso a los futuros, y no creo que los manifestantes lo hagan por solidaridad con los futuros estudiantes.

    Los gobiernos deberían disponer de policías secretas que boicotearan este tipo de engaño, tanto a los estudiantes, muchos de ellos crédulos, como a sus padres que les fiinancian las carreras, como a la sociedad que percibe que casi todos los estudiantes están en contra de estos cambios, cuando la mayoría son indiferentes a estos.

    No es que esté en contra de que se proteste, de lo que estoy en contra es de que los intereses bastardos de unos pocos interesados en desgastar al gobierno de turno y conseguir un puñado de afiliados, estropeen el curso de algunos crédulos, y de las víctimas colaterales de los indiferentes.

    Estudiar no es una profesión, si haces huelga estás perjudicándote, manifestarse es otra cosa.

    No ir a clase, y no examinarse, es un boicot a tu esfuerzo de estudiante, y a quienes te mantienen, una solemne estupidez.

    Si alguien quisiera boicotear a un comercio no comprando y haciendo campaña para que los demás no compren en él estaría bien, pero si impidiese a los que quieren comprar en él hacerlo, la policía debería intervenir, por mucha razón que su boicot, en su forma de ver las cosas, tuviera. Mucho más cuando se juega con el futuro de los estudiantes y de sus familias.

    Por úlyimo, y no menos importante, nunca se ha conseguido nada así. Y en este caso parece muy claro quien está moviendo los hilos. la oposición en Catalunya, por cierto que de progresista nada, y quien no quiera verlo, es que de estas cosas sabe bien poco.

  5. Mitcoes, la idea de una policía secreta en las universidades no me gusta nada… pero sí estoy de acuerdo en muchas de las cosas que dices. De hecho quiero hacer una entrada parecida y mi experiencia como representante estudiantil es similar a la que describes.

  6. Para valorar la proporcionalidad de una determinada acción, una vez esta ya sucedió, pienso que debe valorarse bajo la óptica de la “eficacia” (en primerísimo lugar), y de la “eficiencia” (as continuación).

    En los dos ejemplos que mencionas (la carga antidisturbios de BCN, y la intervención militar en Gaza), incluso los propios protagonistas de la acción (mossos, y ejercito) han reconocido la falta de eficacia de la misma (no lograr los fines presuntamente perseguidos).

    Una acción que no conduce al resultado buscado (in-eficaz) no es que sea o no proporcionada, es que los propios hechos demuestran que es totalmente injustificada.

    Solo a partir de la eficacia de la medida, podremos valorar la eficiencia de la misma (buscando si se trata de la mejor manera de hacerlo).

    En el caso particular de BCN, los objetivos a mi entender “legítimos” que se podían buscar (mantener el orden y la tranquilidad pacífica del ciudadano, evitar la formación de aglomeraciones “estudiantiles”,…) no fueron obtenidas. Es más, ya sea por descoordinación -técnica o política-, falta de capacidad técnica de parte de los policías, gran capacidad de movilización de alguna organización subversiva… en buena medida fueron los propios responsables de evitar alborotos y barullos los más directamente implicados en causarlos.

  7. Cuando hablamos de “proporcionalidad” estamos aceptando que el hecho está justificado, esto es, que la actuación de los israelíes entonces o de los policías autonómicos catalanes ahora era necesaria. Lo que se discute es la forma de hacerlo“.

    Sí, pero con un matiz. El juicio de proporcionalidad viene a ser un juicio de fines y medios. Una intervención que persigue una finalidad legítima puede convertirse en ilegítima si los medios no son los correctos.

    Por eso, si nos centramos sólo en la proporcionalidad de la intervención de la Generalitat, estoy de acuerdo en que estamos asumiendo que la finalidad era legítima y que, por consiguiente, existen medios que no socavan esa legitimidad.

    Pero eso no quiere decir que necesariamente estemos asumiendo que alguna intervención policial sea legítima. La policía es un medio y puede ser perfectamente que, en el juicio de proporcionalidad, se determine que toda vía policial para ese fin legítimo perseguido es desproporcionada.

    Quizá en este ejemplo de los policías sea menos claro, pero en el de Gaza/Israel, se podría sostener que cualquier intervención militar (no solamente la que emplearon, con el grado que la emplearon, los israelíes, sino cualquier intervención militar) era desproporcionada, y que solamente la vía diplomática salvaguardaba la legitimidad de la intervención. Lo mismo cabe pensar sobre el grado de tortura empleado en Guantánamo: decir que el waterboarding es una medida de interrogatorio desproporcionada no requiere asumir que otras torturas menos agresivas lo sean.

    En conclusión: sí, centrar el debate en la proporcionalidad supone centrar el debate en el medio empleado y, por ello, require asumir que la finalidad era legítima. Pero el debate no exige aceptar que algún grado o modalidad del tipo de intervención elegida es un medio legítimo.

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