El civilista

cc-comentado
De todos los especímenes que en el mundo académico-jurídico proliferan, hay uno al que le tengo un especial “cariño”.  Este espécimen es el “civilista”, denominación para los especialistas en Derecho Civil. Esta entrada no es un ajuste de cuentas porque me fuera mal en las cuatro asignaturas de esta materia que tuve que cursar, sino porque los caracteres comunes me ponían de los nervios.

Para ellos el Código Civil no es un simple cuerpo legal, sino que supone algo así como el equivalente de los textos sagrados en el mundo del Derecho. El Código Civil parece tener todas las respuestas y cualquier modificación es vivida como un atentado contra la intangibilidad de lo revelado.

Los textos sagrados, por más que sean intangibles e infalibles, necesitan intérpretes. El civilista sabe que ahí está su terreno. Los civilistas se organizan en férreas escuelas que marcan las diferencias entre ellas sobre algunas cosas a veces verdaderamente irrelevantes. Ellos consideran que la doctrina académica es la que está sobre todas las demás interpretaciones, porque ellos son los guardianes de la única norma verdadera; las interpretaciones jurisprudenciales solamente serán buenas si se adecuan a lo que ellos postulan como el verdadero sentido de la norma.

La misma historia del Derecho Civil desde la promulgación del Código en 1889 ha puesto de manifiesto que poco a poco esta norma se ha visto vaciada de contenido. Es algo a que los civilistas no reconocen amistosamente.

Esto lleva a situaciones absurdas que yo y muchos vivimos constantemente. Dos ejemplos: los arrendamientos urbanos ocupaban un ridículo temita pero la controvertida cuestión de las obligaciones unilaterales llenaba páginas y horas de explicaciones; los censos (esos derechos reales de garantía prácticamente desaparecidos) tuvieron una atención que la hipoteca no mereció.

Los civilistas suelen representar la vertiente más conservadora del Derecho. Para ellos la aspiración siempre ha sido el inmovilismo en torno a su texto sagrado, algo que repercute en la enseñanza tanto que enseñan y preguntan cosas sin casi aplicación en el tráfico jurídico, teniendo poca atención en los negocios más habituales.

(Nota: la foto no es una forma de indicar algo sobre los autores de la obra que aparece. Sólo aparece por el tema de la obra)

17 comentarios en “El civilista

  1. También es absurdo que en el art. 30 para que se considere a una persona nacida tenga que tener “figura humana”, entre otros requsitos. Esto tendría su sentido en Roma donde una mujer puede quedar embarazada de un Dios y salir un minotauro, pero hoy en día no se yo…

  2. No te creas que son los únicos que desean que el Código civil sea intangible. Después de pasarme tantas horas diarias estudiándolo (y aún sigo), sólo me faltaba acabar la carrera y que me publicasen un “Código civil de 2011”. Me tiro por la ventana.

  3. Yo, partiendo de que cualquier profesional del Derecho me parecerá, con toda seguridad, una persona sumamente despreciable, de débiles o nulas convicciones morales y de extraordinaria querencia por los malos usos y la corrupción, he de decir, sin embargo, que los profesores de Derecho Civil son las personas más “normales” que me he encontrado en una Facultad de Derecho. Y eso está en relación directa con la materia que estudian: al ser una materia que trata fundamentalmente del Derecho de la vida diaria, son gente de a pie. La gente de otras ramas son, directamente, frikis de biblioteca (historia del derecho), gente con serios problemas sociales o emocionales (filosofía del derecho) o bien una manada de progres sin mejor oficio ni beneficio que el mamar de la teta pública (Derecho constitucional).

    Volviendo a los civilistas, es cierto que puede que sean los más conservadores de los juristas, pero esto es, en mi opinión, algo absolutamente necesario y de puro sentido común, en una disciplina que día a día se pervierte cada vez más a causa de los elementos que a ella se dedican. Quizá haya que valorarlos como un necesario islote de sentido común en un, cada vez más, mundo de frikis, tarados y castrados emocionales. También es cierto que son los más pijos, lo cual para mí redunda en una mayor presentabilidad estética del profesorado, aunque teniendo en cuenta la nula preocupación por el aspecto de los otros (lógico, abstraer la propia vida en libracos estériles tiene sus consecuencias) no es algo demasiado difícil.

    Un cordial saludo, y que no se ofenda nadie.

    (Y eso que no he dicho nada de los de Administrativo eh…)

  4. Mis profesores de Civil no eran pijos, más bien prototipos de ratones de biblioteca, grises, reiterativos, huraños y tacaños, muy conservadores, pero sin brillo ninguno. Pero, claro, soy estudiante de otro tiempo (principios de los ochenta).

  5. Yo tuve una experiencia graciosísima. Empezábamos con Civil I en el segundo cuatrimestre de primero y no había clases. Sólo un tochazo de prácticas en las que había que comentar sentencias del TS aparte de unos cuantos ejercicios prácticos. El libro teníamos que estudiarlo por nuestra cuenta. Si dejabas de presentar 3 prácticas de las 20 del curso te echaban del sistema (aparte que te podían echar si te las iban calificando mal) e ibas directamente a un examen escrito del libro. Así fue en Civil II, III y IV. Afortunadamente sucesiones ya fue en clases tradicionales.

  6. Julin de Ares, pues has perdido una magnífica oportunidad para hacerlo, ya que para darme esas razones no tiene nada que ver con mi disponibilidad de tiempo. Ya sabes cuando tengas ganas puedes escribir aquí lo que pienses sobre el tema, aunque te advierto que el tema no es el Derecho Civil sino los civilistas.

  7. Tampoco hay que pasarse, los profesores y los civilistas en particular son personas como las demás, con sus virtudes y defectos. Que se dejen influir a veces por el glamour de la disciplina, derivado de sus miles de años de existencia y del carácter algo más nebuloso de la materia, frente a asignaturas como financiero u otras de puro Derecho positivo vigente, es hasta cierto comprensible. Y lo digo yo, alumno de la USC, en donde podemos ver profesores que van por la Facultad como pontífices sacrosantos del Civil o del Romano. (No lo digo por “Julín de Ares” que es el más normal de todos los de Civil en Santiago). Pero la vanidad no es un pecado exclusivo de los civilistas, ni de los profesores… y al menos ellos llegan a ella tras décadas de estudio y no como la mayoría de los chulos que hay por la vida, a quien no les hace falta nada para serlo.

  8. ¿Es verdad que un civilista parece un ser en el tiempo?
    ¿Que un penalista es de carne y hueso porque anticipa la pena a la comisión de actos no ajustados a una ética de bienes o de fines?
    Es verdad que son seres no robóticos o automatizados y resulta chocante al ente que cumple por cumplir, el autómata de Erich Fromm.
    Es una de las tantas respuestas que traigo del mundo de la abogacía.

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