Sindicalismo universitario. Rebeldía vacía de contenido


Si hay algo que nunca he comprendido ha sido el “sindicalismo estudiantil”. En primer lugar porque sale el jurista que tengo dentro si dice que constitucionalmente los sindicatos son de trabajadores y que el derecho a huelga es de los trabajadores. Pero, y en segundo lugar y más allá de las minucias legales, creo que no han aportado absolutamente nada a los estudiantes.

En mi larga experiencia por las universidades de nuestro país, solamente he visto a los sindicatos universitarios aparecer con fuerza e interés cuando consideraban que una reforma universitaria era negativa, de modo que las diversas leyes han sido las que le han dado vida a estas organizaciones.

Siempre han ido en contra de algo y nunca a favor. Se han opuesto continuamente a cualquier reforma, convirtiéndose en consecuencia en unas organizaciones eminentemente conservadoras. Conservadoras porque de tanto oponerse siempre quieren que se conserven lo anterior, que permanezca inalterado un “statu quo” que no parece que sea ni siquiera bueno.

Además de todo eso queda tanto por demostrar la representatividad como la verdadera capacidad de movilización de estos “sindicatos estudiantiles”. La representatividad es poco comprobable porque pocos comparecen como tales en los órganos universitarios y porque los alumnos electos para estos órganos lo son con una participación ridícula por lo general.

Algunos dirán que quieren una universidad democrática, social, abierta y crítica. Todas estas palabras tienen un significado tan general que pueden decir cualquier cosa en un contexto tan determinado como es la vida universitaria. Hay que hablar de selección del profesorado y no se habla; hay que hablar de la oferta concreta de asignaturas y no se habla; hay que hablar de que los servicios de la universidad tienen unos horarios muy reducidos y no se hablar.

Se habla de los grandes conceptos para no hablar de las cosas concretas; se tienen enemigos tan altos que son inexistente, posiblemente por miedo, desinterés o incapacidad para enfrentarse con los adversarios concretos, que sí son los que tienen peligro.

14 comentarios en “Sindicalismo universitario. Rebeldía vacía de contenido

  1. Me gustaría ser prudente; pero siempre en mi vida como estudiante he procurado y procuro mantenerme alejado de los sindicatos. Y cuanto más, mucho mejor.

    Al final, acabas descubriendo que quienes ocupan esos puestos de ¿representación? no defienden más que extraños intereses personales. Reparten panfletos, sí, en los que no dicen nada -y siempre lo mismo desde hace años-. Se niegan a todo, claro, sin aportar cualquier idea que haga crecer su credibilidad o su capacidad. No he visto a ningún representante sindical estudiantil participar constructivamente en cualquiera de los grandes retos que en los últimos años ha tenido la comunidad educativa.

    No quisiera caer en el tópico, pero la edad media de estos “entregados activistas” por los derechos de los estudiantes suele ser elevada, muy elevada. El representante del sindicato de turno suele ser el que tiene 28 años y lleva desde los 17 estudiando Derecho. Que oye, en su derecho está, pero dice bastantes cosas.

    Dicho esto, me ha dado bastante miedo el comienzo del artículo. ¿Quiere decir ésto que hay determinados colectivos de Ciudadanos que no tienen derecho a la protesta, a la asociación, a la expresión pública, a la participación en los asuntos que conciernen a toda la sociedad? ¿Un menor de una determinada edad, que todavía no trabaje y no contribuya económicamente al crecimiento del Estado, no tiene derecho a quejarse? Entonces… ¿no deben participar los jóvenes en la política ni plantear sus posiciones a sus mayores? ¿Exigimos la disolución de Juventudes Socialistas de España, por ejemplo?

    En fin, creo que ha quedado claro mi planteamiento, desde lo poquito que yo sé de la vida. Saludos :)

  2. Acabo de empezar la universidad este año (pese a que por edad tendria que barla terminado hace un par de años), durante los primeros dias, unos miembros de un sindicato se acercaron para ahcernos una encuesta, entre las preguntas, ademas de las tipicas como posicionarse del 1 al 10 en ideologia, si eramos creyentes o no etc, preguntaban sobre temas de actualidad, memoria historica, boloña y sobre las 65 horas, nos lo plantearon de tal manera que me hivió la sangre, creo recordar que decia algo asi: ¿como te posicionas frente a la ampliación a 65 horas como maximo de horas trabajadas?, cuando le dije a uno que eso era erroneo, que no era una ampliacion del limite, si no una reduccion ya que algunos paises no tenian máximo de horas, se hizo el loco y me dijo que no la ocntestara si no queria, acto seguido, viendo que no sabian ni del tema que ellos venian a plantearnos les conte la verdad a mis compañeros jovencicos ellos y seguramente mal informados.
    En fin, que si ese es el sindicalismo que tenemos, de gente que habla sin saber de lo que deberia, mal vamos y si esto sucede en un tema del que uno está informado es facil pillarles, pero si no se está yo no me fiaria de ellos.

  3. Oye geografo, andas ultimamente leyéndome el pensamiento

    Yo escribí un post sobre el tema hace tiempo http://www.lorem-ipsum.es/blogs/laleydelagravedad/?p=31

    Militar en una asociación universitaria es lo que todo partidario de la democracia participativa, deliberativa y demás ideas debería probar. yo recuerdo haber mantenido conversaciones de horas discutiendo si los tipos que llevaban la cafetería, por su status jurídico, debían ser considerados como asalariados, autogestionarios o pequeña burguesía. no miento.

  4. Buf… supongo que haber estado durante casi 7 años en el movimiento estudiantil desde secundaria hasta casi mis últimos años de carrera, habiendo sido claustral durante 4 años, jutna de facultad 3, y vicesecretario general de la primera asociación estudiantil catalana (AJEC) durante 1 año y responsable de universidades durante un par me hacen blanco de vuestras críticas.

    Es verdad que el sindicalismo estudiantil (por llamarlo de alguna manera) está lleno de mucha tontería hippyosa. Yo he tenido discusiones bizantinas con tipos de barrios bien (ya que la universidad, el porcentaje de gente de origen trabajador es menor que en la media de la sociedad) sobre lo que molaría abrir las cárceles y dejar que la peña marchara a sus casas (y sus barrios) a alegremente cometer sus pequeñas calamidades humanas sobre sus convencinos. Y han habido tonterías troskistas que han llevado a amenazar estudiantes (yo entre ellos), trabajadores asalariados de la fotocopistería, etc.. porqué éramos retrógados. Luchar en votaciones en el claustro mantener las plazas de objetores de consciencia para conseguier que si alguien quería hacerse objetor (y no insumiso) pudiera ejercerlo en voluntariado en la universidad.

    Pero luego hay cosas chulas, como conseguier que un aulario tuviera papeleras, percheros, calefacción, fuentes de agua; conseguir que desde rectorado hicieran retirar unas notas que suspendían al 97% de los presentados de varias asignaturas y que volvieran a revisar los exámenes; luchar por una reforma de la carrera de física más razonable y no sometida al arbitrio de los departamentos (una alianza deganato-estudiantes que fué de lo más interesante); conseguir modificar ligeramente una ley por vía jurídica que cargaba el 50% por segunda carrera y pasarla al 40%; llevar unas 10 preguntas al Parlament de Catalunya; traer a Mikel Azurmendi a hablar de la violencia en la universidad de Euskadi frente a una pequeña oleada de filo-jarraychus que comenzaban a tomar la universidad…

    No entraré en batallitas, porqué aportan poco, pero de ahí a dedicarle al sindicalismo estudiantil de un plumazo todos los males, es simplificar… Hay bastantes personas que nos lo hemos tomado en serio, nos ha costado alargar la carrera un par de años, y conseguir ser tachados en más de un lugar para optar a puestos de ayudante de investigación, y por supuesto tener a los troskos asamblearios (que eran los que ganaban en mi universidad) perseguirte por ser un tibio y alguien de una organización más o menos perdurable en el tiempo.

    Hoy en día aún está más de capa caída, en mis tiempos necestibas sacar 190 votos para tener un claustral en mi facultad (con un sorprendente hoy en día 25% de participación), hoy con 30 ya vas que tiras.. pero considerarlo una cadena de horrores y una panda de pseudotroskismo, postmodernismo y de hippys con mucho tiempo libre de por medio, es reduccionismo puro y duro. Considerando además que hoy muchos de los políticos de entre 30 y 40 años que están consiguiendo responsabilidades serias (como el primer teniente de alcalde de Barcelona y más de uno y de dos diputados) reconocen qeu su primera escuela: el sindicalismo estudiantil, les ha servido de mucho.

  5. Yo me metí en política gracias a una asociación de estudiantes (en la UCLM nunca hemos tenido sindicatos de estudiantes), la Unión Progresista de Estudiantes de CLM, ¿rama universitaria? de las JJSS de CLM.

    Así por tanto, en Toledo, las elecciones eran un combate a 3 entre JJSS, NNGG y los ¿independientes? (la asociación que hasta 1998 era la ¿rama universitaria? de JJSS de Toledo, fundada, entre otros, por el hoy alcalde de Toledo.

    ¿Conservadores? No creo, por lo menos en nuestro caso (los dos que verdaderamente trábajamos por UPE, José Luis Arroyo, hoy vicepresidente del Consejo de Juventud de España y yo, Manuel Tordera Carrasco). No creo que sea conservador oponerse a reformas retrógradas como fue la LOU.

    OO y Geógrafo, sobre las 65 horas me remito a las opiniones que vertí en mi blog.

  6. No tengo nada en contra de los sindicalistas estudiantiles, aunque nunca participé de sus actividades y siempre entenderé que la universidad es una comunidad (no sólo un centro escolar) al que se va para aprender a estudiar (no sólo a estudiar) y para disfrutar de la compañía de gente como tú. Otra cosa diría de “La Tuna”…

    Eso sí: si, como refiere Doble Cero, llego a mis 18 años a mi Facultad y me entran dos activistas a lo Testigo de Jehová para intentar que les cumplimente una encuesta de intenciones, me saco mi piedra del bolsillo y mi papel de fumar y me lío un peta a su salud… A mis 18 años me refiero, aclaro, que ya casi doblo esa edad.

  7. Franesco, eso lo hacía la Delegación de Alumnos cuando la ostentaba gente de la asociación ¿independiente? (“apolítica” pusieron en sus Estatutos). En los dos años que estuvimos los de UPE jamás las pasamos.

  8. “pero considerarlo una cadena de horrores y una panda de pseudotroskismo, postmodernismo y de hippys con mucho tiempo libre de por medio, es reduccionismo puro y duro.”

    Bueno, yo creo que se puede argumentar. Lo de la autonomía universitaria siempre me ha parecido un timo. Obviamente lo que apunta geografo es la “big picture” pero no deja de ser cierto. Lo que deberías argumentar, josé, es que de esta forma de gestiona mejor la universidad que de otra forma-sin o con menos autonomia, quiero decir.

  9. Evidentemente la experiencia personal es relevante a la hora de valorar lo que se dice en esta entrada. Yo me remito a la mía quer tras pasar por cuatro facultades y tres universidades, en dos comunidades autónomas, no sé si es representativa, pero al menos es amplia:

    1) Ya hubiera querido yo los activistas de mis facultades se hubieran encargado de los percheros, de las bancas y de la iluminación de las clases. No, ellos estaban para grandes temas. Del aula de informática tampoco hablaban, porque no había, pero sí si los ordenadores de su “garito” eran modernos o no.

    2) Cuando había que hablar cosas delicadas con los “cátedros” (unos señores a los que lo de hablar no se le da precisamente bien), lo tenían que asumir delegados de clase o subdelegados, muchos de ellos en el primer curso con más miedo que otra cosa.

    3) Había que ir a los paros porque sí, porque ellos lo decían, sin dar una explicación medianamente racional. En mi facultad decidimos no hacer los paros contra la LOU y lo que ellos hicieron, con la cooperación necesaria de otros, fue cerrarnos la facultad.

    4) Y sí, estas organizaciones son caladeros de futuros líderes políticos, pero muchas veces he pensado que la consecuencia se ha tornado en causa, es decir, que se busca encabezar estas organizaciones para luego poder dar un salto más fácil a la política (No es ninguna alusión personal).

    5) Oponerse a la LOU pudo haber sido sensato, pero una oposición sistemática a cualquier reforma puede convertirte en defensor de la conservación del sistema, aunque sea de forma inconsciente. En el caso de la LOU me llamó la atención el hecho de que en la Universidad de Sevilla, las organizaciones estudiantiles fueran de la mano de una “cátedros” que ni nos dirigían la palabra a los alumnos, , que no te dejaban siquiera entrar en su despacho si ibas a consultarle en horario de tutoría, que sus apellidos se repetían en todos los departamentos, etc….

  10. Citoyen:

    No sé si la autonomía universitaria es peor sistema que una universidad controlada por… un alcalde, el consejero de educación de turno o directamente por el ministerio. Sólo decirte que hoy en día hasta los institutos de secundaria y los colegios de primaria tienen un grado de autonomía de gestión (pueden elaborar proyectos educativos propios) y allí también hay órganos de participación estudiantil (consejos escolares). Es la realidad que existe y yo no tengo que demostrar que sea mejor que otra hipotética (más bien lo contrario Citoyen, más bien lo contrario… estás introduciendo una inversión de prueba). PEro eso no deja de ser un hombre de paja… ¿puedes teorizar sobre lo bonito que sería un mundo sin autonomía universitaria?, bien, fantástico, pero eso no quita que el sistema es el que es y que haya unos actores sociales. Pero es más ¿tú crees que la ausencia de autonomía universitaria eliminaría toda forma de organización estudiantil?, el haber sido dirigente nacional de una organización estudiantil me hace ver que no. Hay una acción estudiantil incluso a ese nivel tan institucional que se basa en actuar como grupo de presión para modificar leyes (me he pasado más horas en el Parlament de Catalunya como dirigente estudiantil que ahora como militante y pseudomindundi político).

    El hecho es que en esta realidad hay gente que ha construido y ha hecho cosas por el bien colectivo sin pintarse de trosko transnochado. Han participado en la elaboración de planes de carrera, han servido como contrapartida al poder de los departamentos. han cambiado leyes (sí, chico, sí… con sus enmiendas parlamentarias o sus contenciosos administrativos) y han aportado más que muchos teóricos pretenciosos que se pavoneaban en las asambleas de lo leídos que eran de Marx, o lo que hacían eran criticar a estos otros sin gastar una coma de energía en algo real para la universidad.

    Así que categorizar todo el movimiento estudiantil como haces me parece osado, y más como eres científico social.

    Geógrafo:

    De esas tenemos todos, una de las cosas que me vanaglorio de haber conseguido es que en una de esas huelgas estudiantiles logré convencer en la asamblea de facultad (que controlaban los troskos, como no), pero luego y más importante entre los delegados de clase y miembros de la junta de facultad (que éramos, más que los asamblearios, los que realmente hacíamos el trabajo de infantería), cambiar la convocatoria y pactar con el profesorado que las clases teóricas se podían perder pero no las prácticas de laboratorio (imposibles de recuperar).

    Otra cosa eran algunas huelgas estudiantiles. Teníamos una teoría: cada generación busca su huelga en el segundo o tercer año de carrera. Como para el estudiante tiene un coste muy pequeño, al final cada dos años había un pollo con algo. Era algo que no nacía ni de las organizaciones estudiantiles, sinó que emergía, en parte incentivado por los troskos en las universidades con fuerte movimiento asambleario, pero secundado incluso en las más civilizadas. Se hacían huelgas, como yo decía entonces, por subidas de tasas de 3000 pesetas de media, no se iba al fondo, era luchar por luchar.. Pero eso sale haya o no organizaciones estudiantiles de por medio, y sin ellas, toda esa energía queda en un gesto bonito pero inútil. Como mínimo, logran hacer sentar a los rectores y los consejeros de universidades o educación con algún tipo de interlocutor que entiende un poco la lógica de la negociación y de lo que es posible o no.

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