Mi escepticismo jurídico (fragmento autobiográfico)


Cuando empecé a estudiar la carrera de Derecho pensaba que no había disciplina que tuviera un poder transformación de realidad como la que no comenzaba. Veía el Derecho rodeado de efectividad y capacidad de hacer que las cosas fueran de la manera marcada en sus normas. De un ingenuo iusnaturalismo pasé a un férreo positivismo, kelseniano, y me impelí a conocer cada rincón del Derecho.

Pero el destino es caprichoso y tras finalizar, con cierto éxito, mi primer año de carrera, otras preocupaciones me llevaron a su abandono. Me sumergí en las “humanidades”, por llamarlas de alguna forma, por dos años, hasta desembocar en la Filosofía.

Cinco años después de mi primer abandono volví al Derecho. Pensaba que me había estado esperando, pero no fue así. El Derecho algo había cambiado, pero el que se había transformado era yo.

Había una cínica sonrisa al oír a mis compañeros comentar que si tal ley permitía hacer esto, que si las garantías procedimentales protegían de lo otros; y me sonreía no porque no tuvieran razón jurídica, que normalmente la tenían, sino porque en esos años yo había conocido el colapso judicial, las interpretaciones creativas de las normas, la exasperación en los recursos administrativos y el estupendo mundo del “chanchulleo” y del “amiguismo”.

No es que considerase que las normas no tenían sentido y que el Derecho en su conjunto era un farsa, pero sí había rebajado mucho la efectividad que muchos años antes le había otorgado. Las normas no tienen facticidad alguna si no hay detrás un poder que las imponga o que sea lo suficientemente disuasivo como para que ésta sean obedecidas espontáneamente.

Terminada la carrera de Derecho, pagué las tasas y cuando, a los años me llegó el título, lo guardé en una carpeta A-3 por si alguna vez me hacía falta. No he abandonado lo jurídico, porque es algo que me interesa, y de vez en cuando me permito leer normas nuevas (no las relacionadas con mi trabajo que las leo por necesidad) y alguna que otra obra doctrinal.

Ahora, más que muchas cuestiones de técnica jurídica, que están al evidente cambio de la normal, la interpretación o del interés, me intereso más sobre la sociología de lo jurídico, sobre las formas de hacer las cosas y sus diferentes consecuencias y, finalmente y de nuevo lleno de idealismo, del modo de evitar el “fraude de Ley” y los atajos legales.

10 comentarios en “Mi escepticismo jurídico (fragmento autobiográfico)

  1. “Si nadie cumple una ley, no es ley”. Eso decía mi profesor de ética de segundo. Que, por cierto, también era licenciado en derecho. Aunque ejercía de licenciado en historia (cosa que también era).

  2. Hagamos Sociología del Derecho, como diría el buen Kelsen. En España, al menos, es rotundamente cierto que si no hay fuerza coercitiva que vele por el cumplimiento de la ley, la tradicional picaresca española tienda a buscar los subterfugios correspondientes hacia el comportamiento “antijurídico”, especialmente en temas como el pago de tributos.

    Quizá eso se deba a la baja cultura democrática de nuestro país, a la poca aculturación de nuestra sociedad con la idea de que si la ley es ley hay que cumplirla, por el mero hecho de serlo y no por el miedo a la sanción consiguiente.

    En fin, es cierto lo que dices. Y cuéntanos lo de la filosofía, que yo soy de educación similar: Uno de letras que se ha ido acercando progresivamente a lo jurídico y últimamente tentado por lo económico(será la coyuntura).

  3. La verdad es que me siento bastante identificado. Lo cierto es que una de las razones por las que tengo fobia a los abogados es porque en la carrera nos transmiten una sensación de falsa seguridad como que uno puede hablar de prácticamente todo mientras razones en términos jurídicos. Eso es terrible

  4. Puafff… ya ves. De hecho, creo que hay algo incluso por que eso: el hecho de considerar como una especie de dogma o tabú aquella analogía de “si es legal es posible y bueno/ si es ilegal no es ninguna de las dos cosas”.

    Yo también me escoré a la filosofía y la sociología jurídica. Al final dan una imagen mucho más rica de las cosas que un “aséptico” positivismo machacante.

    Cuando terminan la carrera algunos se curan cuando se dan de bruces con la realidad. Algunos, lamentáblemente, no llegan a hacerlo nunca.

    Saludos,

    Angellus.

  5. Comparto lo de mi compañero Jose Antonio, mi profesor de DºAdministrativo, grande entre los grandes, decía y no sin razón, que España es un país sin ley. Porque las leyes, el derecho no están interiorizados en la esencia de lo hispano. Las leyes para que sean efectivas, se necesita un aparato coactivo que interiorice la norma, que haga de tal modo pedagogía que el ciudadano la de como propia de la conducta humana. Pero como en España, lo común, está desprestigiado, porque somos presos de un individualismo egoísta atroz, las normas son humo…qué país…

  6. “Presos de un individualismo egoista atroz”.

    Claro, como si en el resto de paises del mundo fueran la santa bondad altruista personificada. Yo más bién diría que la cultura española es la de “Vivir a cuerpo de rey sin dar un palo al agua”.

    De ahí la picaresca, el ir al paro adrede pa cobrar la prestación, el montar tanganas con tractores para cobrar más subvenciones, el hacer apología política de los directores de cine y el encumbramiento a calidad de semidioses de los protagronistas de programas televisivos como Gran Hermano o Operación Triunfo.

  7. Me siento totalmente identificado con lo que escribes. El derecho debería ser un sistema de resolución de conflictos intersubjetivos según el interés general o el bien, interés o posición jurídica que la sociedad desea proteger en cada caso, a través del ordenamiento jurídico.

    La realidad es que el derecho es un instrumento fundamentalmente al servicio del poder ya establecido que ofrece algunas posibilidades nada desdeñables a individuos y grupos que carecen de ese poder, pero todo ello sin alterar en exceso el status quo.

    Aunque nada impide que el constituyente (la ciudadnía) se levante y el derecho sea de verdad lo que expresio en el primer párrafo.

    Sea como fuere, el derecho tiene evidentes límites en su prescriptividad (salvo cuando defiende al poder). No verlos es estar ciego. De la misma manera, el derecho tiene evidentes contradicciones entre su teórica teleología y su práxis.

    Y como colofón, no creo que el derecho sea un ciencia, ni de lejos.

    Pero, como dice un dibujo animado That’s all (we have, el añadido es mío) folks.

    Gracias por tu blog.

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