Alegrarse de una muerte


A propósito de la muerte en accidente de tráfico de Jörg Haider, Jorge Barraza ha hecho una interesante observación en Twitter, que yo quisiera comentar, porque creo que tiene más calado que el que una lectura aparente nos puede mostrar.

“¿De verdad la gente se alegra porque alguien se muera en un accidente de tráfico, sea quien sea?

1) Quien se alegra considera que la muerte es un método político para terminar con los rivales. El problema es que no es capaz de emplear ese método por miedo a las consecuencias o por puro convencionalismo, no por una convicción personal.

2) Entre la alegría y la tristeza, aunque sean sentimientos opuestos, hay grados intermedios. Sentir tristeza por una muerte es un sentimiento que se basa en cierto grado de empatía. Si no hay empatía no hay tristeza, pero esto no quiere decir que haya alegría necesariamente. Solamente hay indiferencia.

3) Sentir pena por toda muerte es un sentimiento tan forzado como falso. Sentir alegría por una muerte, implica el reconocimiento de su deseo.

4) Finalmente se puedan analizar las consecuencias políticas de una muerte accidental y esas consecuencias no sean del todo desfavorables. Pero el análisis es análisis, no sentimientos o deseos. La muerte es un acontecimiento cotidiano que tienes consecuencias en la vida y negarse a analizar las consecuencias no es más que negar la misma existencia de la muerte. ¿Acaso la muerte de Alejandro Magno o el asesinato de Julio César no tuvieron consecuencias? (por no mencionar ejemplos más cercanos).

14 comentarios en “Alegrarse de una muerte

  1. No alegrarse de la muerte de un potencial genocida no es un sentimiento humano, sino estúpido y cais diría que hasta criminal. Es parecido a creer en que todos los hombres son buenos por naturaleza o en la patraña de la bondad de todas las ideologías. Si Hitler hubiera tenido un accidente de coche tras presenciar la victoria de Jesse Owens en la final de los 100 metros de los Juegos Olímpicos de Berlín, quizás no hubiera habido II Guerra Mundial ni tampoco, probablemente, Franco hubiera ganado la Guerra Civil.

    Hay reflexiones “buenistas” que me siguen sorprendiendo…

  2. Ya, Geógrafo, pero es que, al menos yo, ante la muerte de un genocida en grado de tentativa no siento ese grado intermedio que tú defines como “indiferencia”. ¿Cómo se le puede llamar a la “tranquilidad” que debieron sentir muchos italianos tras ver colgado cabeza abajo a Benito Mussolini? Y no me refiero a los partisanos que lo ejecutaron, que en ellos sí podía haber una pulsión pasional, sino a quienes lo veían y sabían con certeza que una época negra había acabado.

    Si Barraza se sorprende de lo que él denomina “alegrarse” debe ser porque cree que estos neonazis de hoy son distintos de los de ayer… Yo no tengo duda de que son exactamente igual y que lo único que cambia (¡y es importante!) es la tolerancia de los demás ante sus criminales postulados. Pero si pudieran, y lo intentan en la medida que pueden, lo íbamos a llevar claro tú y yo, entre otros…

  3. No me alegro de que este señor muera, no le conocía como persona y no veo razonables las razones de mucha gente para alegrarse de su muerte, los sentimientos nacionalsocialistas en Austria no van a desaparecer tras el accidente.

    No se si es por paranoia, pero no me puedo creer que el presidente de un partido que acaba de aumentar el apoyo entre los ciudadanos en las ultimas elecciones halla muerto de forma casual, será por que muchas veces estas casualidades en la historia no han sido tales, de todas formas casualidad o no, su partido sigue existiendo y aunque el falte (no se como de buen orador era) pueden seguir creciendo, y lo que es peor, usar su muerte como arma.

    mal rollo dan todas las opciones, lo mejor hubiera sido que este señor siguiera vivo y su partido desapareciera por perder el soporte de los votantes.

  4. Igual que cuando ejecutaron a Saddam Hussein. El mismo George Bush, población Irakí y neconservadores del mundo, así como los familiares de los muertos por gaseo, celebraron su ahorcamiento y aún más cuando se supo que no fue del todo limpio.

    Pero sin embargo, cuando conocí la noticia pensé “un cabrón menos”, por que se que los ultras, sean de izquierdas o de derechas, no son unos amantes de la democracia, y darles el poder, aunque sea un poco, es un peligro manifiesto para la democracia y la libertad.

  5. No entristecerse de una muerte, no quiere decir que tengas que alegrarte, lo humano en este caso es tener una indiferencia.
    El problema de Haider, no era Haider en sí mismo, si no lo que representa, sería más lógico alegrarse de la “muerte” de una manera de pensar, como fue el nacionalsocialismo, o el facismo, porqué esas ideologías eran la negación del pensamiento, al menos del pensamiento solidario y de la dignidad humana.

  6. Acabo de colgar una entrada en mi blog que parece una respuesta al tuyo, solo quiero decir que:

    Me alegro de la Muerte de Haider

    Ni por acción ni por omisión mía hubiera causado nunca su muerte. En Austria y en el 2008 la muerte como herramienta política es inmoral, contraproducente, repugnante y estúpida. Lo cual no quiere decir que lo sea en todo tiempo, lugar y situación.

    Que me alegre de su muerte no quiere decir que la hubiera perpetrado “si no me van a pillar”. Si mañana decides en este blog pedir dinero para dar la vuelta al mundo no te lo daría, aunque seguramente me alegraría si lo consigues… creo que hay un matiz importante.

    No creo que la muerte de Haider signifique el fin de lo que representó. Por desgracia.

    un saludo

  7. Yo no me alegro de la muerte de nadie, aunque ésta en particular, tampoco me es indiferente. Me parece que en mi caso identificaba, sin ser muy consciente de ello, “ideario” con persona. Algo así como tomar una parte por el todo. Gracias por ayudar a pensar.

  8. Totalmente de acuerdo contigo Geógrafo, creo que es imposible alegrarse o entristecerse si no hay empatía de por medio. Lo contrario creo que cae dentro de lo morboso.
    La muerte NO es un método político para deshacerse de un rival, pese a las opiniones de Jimenez Losantos & asociados.

  9. Se puede sentir pena, porque este individuo indeseable ya no podrá cambiar, no podrá abandonar su ultraderechismo y así rehabilitarse. De algún modo difuso, subyace para mí el mismo motivo que me produce rechazo en la pena de muerte –su carácter definitivo, la pérdida de esperanza en la rehabilitación–, sólo que ésta es deliberada (y puede suponer reproche a quien la ejecuta) y aquella, fortuita.

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