La ambición, esa escondida amante


Es difícil encontrar conversaciones, aquí y fuera de Internet, en la que dos interlocutores mantengan posiciones diferenciadas y se atengan únicamente a los argumentos que fundamentan esa posición y a la crítica de esos argumentos. Más temprano que tarde se van a escapar ataques personales, más o menos velados. No se ataca el argumento contrario, sino a la persona que lo sostiene (o a un tercero).

En el mundillo político, hay uno de esos ataques que tienen un lugar de honor. Es la acusación de tener ambición política, esto es, de querer ir en las listas de tu partido en los “puestos de salida” o si se gobierna poder ser elegido para algún cargo de responsabilidad en la administración correspondiente, desde las posiciones ideológicas de la propia formación.

Parece que alguien diga que sí, que le gustaría tener alguna responsabilidad de estos dos tipos, es un pecado mortal. Hay que predicar de uno una ingenuidad de intenciones que necesariamente es falsa.

Y es falsa porque uno se afilia a un partido político para hacer política y la política se hace desde puestos de elección popular y desde puestos de gestión. Desde luego, la acción política dentro de un partido se puede hacer de muchas maneras, pero la forma paradigmática es presentarse a unas elecciones o formar parte de un gobierno.

No creo que tener ambición en política sea malo, porque la ambición en política, como en muchas facetas de la vida es lo que hace crecer y sacar lo mejor. En política sin ambición no se hace nada. Estar en política sin ambición es como apuntarse a un equipo de fútbol, ir a los entrenamientos, pero no querer jugar. La ambición, como todo en la vida, debe estar regida por un comportamiento moral. La ambición desmedida es la que es reprobable y no la mera ambición.

También es reprobable esconder la ambición. Es reprobable porque se quiere dar una imagen, pero realmente se desea otra cosa y es muy probable que se trabaje para lo que se desea, no para lo que se dice. Prefiero al que dice lo que ambiciona, al que lo ambiciona igualmente pero miente.

Para terminar sólo quiero indicaros que, por marzo, ya manifesté cual es el cargo que anhelo.

6 comentarios en “La ambición, esa escondida amante

  1. ¿Qué, en plena negociación en la agrupación, no? Te recomiendo que no entres en tu Ejecutiva Local, salvo que se trate de una secretaría de alguna materia específica. Ese es el mejor paso para llegar algún día a ser ministro/a: quien hace mucho partido, en este partido, es sospechoso de no saber hacer otra cosa que partido…

    Aquí es mejor ir de divino.

  2. Al margen de eso, no sé has leído algo sobre algún estudio comparativo entre Europa y América sobre la valoración del éxito personal. La gente en Europa piensa que el que ha llegado a algo lo ha hecho por tener suerte mientras que en EUA todavía está eso del sueño americano.

    La verdad es que me pregunto por qué es así; y sobre todo que efecto tienen estas cosas sobre la movilidad social, la productividad, etc,… al margen de cuál de las dos visiones sea más cierta.

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