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Archive for septiembre 2008


Nunca he tenido experiencia directa y personal del farragoso mundo del Extremismo Político, por más que algunos en la ciudad donde vivo me acusen de tener un discurso de extrema izquierda (según los del PP) y otros de ser un cripto-derechista (según los de la izquierda nominal).

De todas formas siempre me han interesado las causas que hacen que surjan movimientos, grupos y partidos extremistas, tanto generalistas como monotemáticos, y que haya personas que se unan a ellos. No quiero tratar este tema desde un punto de vista psicológico, ni sociológico, sino únicamente desde la reflexión política.

Las causas políticas por las que alguien se puede incorporar a un grupo extremista pienso que son coyunturales. Una persona tiene unas ideas que, con el cultivo adecuado, se extreman y se absolutizan, sea porque solamente recibe información desde un solo canal o sea porque sus inquietudes de participación política se hayan vehiculado primaria o secundariamente en un sector del Extremismo.

Los grupos extremistas tienen la particularidad de que suelen proporcionar, si son generalistas, una visión completa de la realidad. Esta visión de la realidad además se acepta como una verdad incuestionable. La consecuencia de todo esto es que cualquier disensión es tratada ya no sólo como tal, sino como un error. Muchas veces, si no todas, nos encontramos con una adhesión más religiosa que política, con una fe más que con convencimiento. Finalmente la consecuencia organizativa es el autoritarismo, se le llame como se le llame.

Estos grupos suelen estar fuera del arco parlamentario, con algunas excepciones. Su influencia en la toma de decisiones es poca o ninguna y por ello utilizan estrategias de intervención política que podríamos calificar de “acción directa”. Para ello lo importante es la presencia en la calle o ganar espacio en los medios de comunicación con alguna bravata.

Cuando concurren a los procesos electorales, sus resultados son humillantes y por ello, junto a cierta ideología antiliberal que les caracteriza, abominan de las elecciones. Que solamente un puñado de electores meta su papeleta en la urna nos es óbice para que ellos se consideren representantes de colectivos amplísimos, porque para ellos la representación es virtual y la otorga su posición ideológica que es la única verdadera. Todos los demás son enemigos, opresores o tontos engañados.

La relación entre la creencia dogmática de los grupos extremistas y su poca implantación social es una consecuencia casi automática de la relación entre intensión y extensión, como ya indiqué alguna vez.

Estos grupos, incluso los generalistas, suelen concretar su ideario político mediante la “apropiación de temas”. Si hay inquietud social por tal o cual cosa, llegan ellos y se hacen notar a lo cafre intentando abanderar esa inquietud. Normalmente así ganan cuota de pantalla y de camino desprestigian socialmente el tema, porque suelen acompañarlo de buenas dosis de violencia.

Las soluciones que aportan no sirven para nada porque se salen del modelo, el cual no se puede cambiar de sopetón y muchos no estamos por la labor de entregar nuestras libertades y derechos a esta gente, e incluso son tan descabellados que implican la suspensión de la Ley de la Gravedad.

Para finalizar un gran momento de una de mis películas favoritas, que creo que está relacionado con lo expuesto “ut supra” (estoy en plan pedante).

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No soy un entusiasta del Alcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteserín, y no porque piense que lo está haciendo mal. Creo que está realizando cosas interesantes, asumiendo riesgos y que tiene un pequeño problema para cumplir los plazos que él mismo da, pero si siguiese empadronado en Sevilla no dudaba en votarlo, y no solamente porque los dos militemos en el mismo partido.

Mi falta de entusiasmo viene del hecho de que no sabe comunicar lo que hace y sus motivos a los ciudadanos. Ciertamente está prácticamente rodeado de una prensa hostil, que estuvieron rendidos a Becerril y Rojas-Marcos que lo único que recuerdo que dejaron fue el fiasco del mal llamado “Estadio Olímpico” y la remodelación de El Prado.

Los socialistas sevillanos han pensando, sin mucho motivo, que Sevilla siempre les sería fiel, que no habría problema para ganar sucesivamente, pero desde 1991 es una de las plazas más volátiles, ya que hasta cuatro partidos han formado parte de su gobierno municipal y ha tenido tres alcaldes de tres partidos diferentes.

Siguen alimentando a una prensa que está siempre al acecho. Una prensa que busca y rebusca para esparcir cualquier comentario o rumor y lo repite hasta la saciedad. Una prensa que si se arregla una plaza dice que la distancia entre los adoquines no es la tradicional de no sé qué siglo y se tira tres meses con lo mismo; una radio que tiene a los concejales del PP de amables contertulios y a comentaristas lanzando ataques personales. De camino habría que calmar un poco a los socios de gobierno y sus ganas de destacar.

La peatonalización de la avenida de la Constitución es un éxito pero se ha permitido que una intensa campaña de desprestigio impidiera capitalizarla políticamente (lo cual es legítimo en una democracia). El “carril bici” está siendo usado masivamente pero parece que los críticos no han pagado su confusión a la hora de vaticinar todos los males y el rechazo popular.

Esta ineficacia de los socialistas sevillanos a la hora de que los ciudadanos conozcan lo que es, en términos generales, buena gestión, tiene consecuencias políticas. El PSOE perdió las elecciones municipales aunque empatase a concejales con el PP y solamente la renovación del pacto de gobierno con IU le permitió mantener el gobierno municipal. Ahora no sería mal momento para pensar un poco cuando aún faltan dos años y medio para las próximas elecciones municipales.

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En 2016 la “Capitalidad Europea de la Cultura” será compartida entre España y Polonia. Nada menos que doce ciudades españolas han presentado su candidatura: Alcalá de Henares, Burgos, Cáceres, Córdoba, Cuenca, Málaga, Palma de Mallorca, Pamplona, San Sebastián, Segovia, Tarragona y Santander.

A esta designación las respectivas corporaciones locales toda dedican esfuerzos, medios humanos y económicos a acoger esta “Capitalidad”. Se convierte en un objetivo en torno al que dinamizar a la ciudad, con el que se ilusiona a la ciudadanía y que se vende como un equivalente, en pequeño, que Barcelona o Sevilla vivieron en torno a los fastos de 1992.

La elección conlleva una partida de los Presupuestos de la Unión Europea, que supongo que solamente cubrirá una parte de los gastos, pues rápidamente el Ayuntamiento encargado aplicará dinero de su propio presupuesto y pedirá recursos a la correspondiente autonomía y al Gobierno de España.

A mí esta política de los gestos, de las conmemoraciones y de empezar una vida nueva con un magno acontecimiento me tiene bastante cansado. Parece que si una ciudad no alberga una capitalidad cultura, una exposición consistente o unos Juegos Olímpicos, no podrá cambiar y no recibirá las inversiones que sin duda merece por otros motivos.

La política de la galería, de quedar bien ante Europa es de lo más cateta. Si tiene que haber una ciudad española que sea capital europea de la cultura (compartiéndolo con una ciudad polaca) que lo haya y que sea digno, pero no se debería a esperar a que una ciudad le “toque” esta distinción para que se le dote decentemente de instalaciones culturales.

Hemos entrado en un juego ridículo. Se está gastando mucho dinero hasta que empiecen las fases de selección y más dinero aún se gastará cuando haya concluido. Todas las ciudades buscan sus apoyos políticos para la designación. Se pelean para que tal o cual alcalde de una ciudad no candidata les diga que está loco por ellos y echan los trastos al que no les da su beneplácito, como enemigo de la prosperidad y la felicidad de sus habitantes.

¿Es relevante la designación como “Capital Europea de la Cultura”? Pienso que no. Apuesto que no encontraría entre mis compañeros de trabajo a nadie que me supiese decir cuáles han sido las cuatro últimas “capitales europeas de la cultura” y yo mismo lo ignoraba hasta que me puse a escribir esta entrada. Importa sólo a quien lo organiza.

Mi propuesta: hacer una política cultural de verdad y no tener que luchar para que un evento cambie las cosas que no se han querido cambiar en décadas. Esta búsqueda continua de puntos de inflexión de la historia me parece ridícula y que no pretende otra cosa que ocultar políticas culturales nefastas.

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No conozco de nada a Jaume d’Urgell. Nos tenemos mutuamente agregados en Twitter y ya está. Por “Madrid Progresista” me entero que ha reingresado en el PSOE, después de haberlo abandonado y de militar durante varios años en el Partido Comunista de los Pueblos de España (PCPE).

Según he podido leer de los comentarios en “Kaos en la Red”, Jaume ha debido tener alguna notoriedad en el mundillo de la extrema izquierda, que años, más bien décadas, buscando un Mesías redentor de su postración política.

La lectura de estos comentarios, debo confesarlo, me ha entretenido bastante. Uno sabe que existe este tipo de personas, imbuidas en el dogmatismo más acérrimo, pero tener sus “escritos” delante es realmente una oportunidad para observar la capacidad de ponerse en ridículo que tienen alguno y todo un ejercicio colectivo del “argumentum ad hominem”. Veamos y comentemos algunos de los improperios e insultos contra Jaume d’Urgell:

1) Ni que decir tiene que se le llama traidor continuamente.

2) Se dice que su paso al PSOE es para ganar 3.000 euros al mes (comentario 12), porque el chico necesita comer de algo (comentario 28). Parece que Jaume no necesita comer del PSOE (comentario 31) y, de camino, les informo que no hay tantos puestos de esos de 3.000 euros al mes y que la mayoría de los militantes del PSOE ni necesitan ni han necesitado nunca al partido para sus cuestiones personales.

3) Me parecen simpáticos aquellos que dicen: yo ya lo veía venir (comentario 11 entre otros). Muchos lo vieron venir, pero se han quedado helados ahora. Es curioso que toda esa perspicacia política y toda la honda preparación en la necesidad histórica de estos extremistas no les haya servido de nada.

4) Hay algunos que dice que Jaume era un infiltrado del PSOE o de la Policía (comentario 29). En primer lugar dudo que el PSOE tenga ninguna necesidad de “infiltrar” a nadie en otra formación y menos aún en el PCPE. Sobre la posibilidad de que sea un infiltrado de la Policía dice mucho de lo que temen y de lo que ignoran (los agentes policiales simplemente desaparecen, no se van a otro partido y lo anuncian).

5) Hay un comentario homófono (comentario 32) y otro que dice que el PCPE ya sabrá que hace con Jaume (Comentario 46). Espero que éste último no sea ninguna forma de amenazar.

6) Lo que me trae loco es que al PSOE se le llame “partido fascistas” (comentario 46), precisamente aquellos que apoyan la tiranía cubana y que consideran que la ilegalización de ANV y PCTV es propio de fascistas (comentario 30) el mismo día que ETA ha vuelto a matar (asunto que ninguno menciona ni condena).

Sé que muchos diréis que algo perdiendo el tiempo leyendo a esta gente, pero he descubierto que la lectura de sus comentarios es una magnífica medicina contra la cerrazón, el dogmatismo y el autoritarismo. Están solos y la única salida que tienen, para no desesperar, es autoafirmarse cada más.

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Citoyen ha propuesto un reto consistente en contestar la siguiente pregunta: ¿por qué no somos una dictadura militar?. Una parte del reto de Citoyen es explicitar la metodología que aplicamos, pero yo no lo voy a hacer, sencillamente porque mi respuesta va a ser asistemática. No pretendo dar una teoría ni una explicación apodíctica, ya que en cada país habría que matizar mucho. Lo que sí quiero es ofrecer algunos factores que considero fundamentales para no tener una dictadura militar.

Las Fuerzas Armadas que forman parte de la sociedad a la cual defienden, creo que son las que menos tentaciones golpistas tienen.

1) Ayudará que las Fuerzas Armadas no sean existenciales.

2) Las Fuerzas Armadas no deben ser propiedad de una casta, es decir, éstas deben ofrecer una salida profesional para todo ciudadano que quiera pertenecer a ella y que dentro de las Fuerzas Armadas pueda tener una carrera hacia lo más alto. Cuando unas cuantas familias son las que siempre controlan las altas jerarquías militares, asumen que tienen un papel político marcado por la tradición.

3) Al igual que hay que facilitar la entrada en las Fuerzas Armadas a todos los ciudadanos (y no solamente a ser un simple soldado que mucho puede llegar a suboficial) hay que posibilitar las salidas de las Fuerzas Armadas. Cuando un militar de carrera desee abandonar su profesión debería tener una formación que le permitiese reciclarse e incorporarse al mercado laboral.

Las Fuerzas Armadas deben ser profesionales.

1) Entiendo que las Fuerzas Armadas menos golpistas son las tienen unos mejores militares, que dedican el día a su trabajo, a sus prácticas, a aprender el manejo de los nuevos equipos que tienen y a intentar mejorar continuamente.

2) Cuanta menos burocracia militar haya, mejor, porque esas labores pueden ser realizadas perfectamente por civiles y no por militares que no ejercen su profesión y están estancados en oficinas y hundidos entre papeles.

3) Que las Fuerzas Armadas no estén acantonadas como “ocupadoras del territorio” y que participen en misiones exteriores de todo tipo, hace que el entrenamiento y la preparación tenga un sentido más allá del que teóricamente posee. Si las Fuerzas Armadas ejercen de militares, tendrán menos tiempo para meterse a políticos.

4) Los militares deben estar bien pagados en dinero y no por compensaciones en especie o por medio de privilegios. Hábitos como restringir el uso del uniforme al tiempo de trabajo, ayudan a que los militares se sientan parte de la sociedad y no un anexo a ésta.

5) La formación de los militares deben insistir en qué es su profesión y qué no es su profesión. Quien quiera dedicarse a la política y llegar a ser Ministro de Educación tiene que saber que lo mejor es dejar el uniforme, unirse a un partido o crear uno, presentarse a las elecciones, ganarlas y formar gobierno.

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La entrada que dediqué a expresar mi lío monumental con todo el tema del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) ha ocasionado la habitual polémica, en la que no han faltado los tópicos tertulianos de siempre sobre la separación de poderes. José Antonio Gil Celedonio en dos magníficos comentarios pone el dedo en la llaga en el verdadero problema del poder, la separación de poderes y la soberanía popular. Esta cuestión era el núcleo, sin duda mal expresado, de mi parálisis intelectual en este tema.

Consecuencia de todo lo cual me gustaría indicar algunas cuestiones, aunque sea de forma sintética, e intentar aclarar determinados conceptos.

1) En una democracia los poderes del Estado emanan del pueblo. Que el poder legislativo tiene una dependencia directa de la voluntad popular es claro y que el poder ejecutivo, aunque en España sea de forma indirecta, tiene una procedencia popular también lo es.

2) El problema se plantea en cómo podemos decir que el poder judicial emana del pueblo si el pueblo poco o nada tiene que decir en la composición de ese poder. Habrá quien mantenga que el poder judicial se limita a juzgar y a aplicar lo juzgado según la voluntad popular expresada en las leyes. Este argumento, ingenioso, sería también extensible al ejecutivo y efectivamente fue empleado en los primeros tiempos de las “monarquías constitucionales”.

3) La separación de poderes en nuestro país, tal y como se encuentra diseñada en la Constitución, no es estricta ya que todos los poderes pueden interactuar sobre los otros. El legislativo de entrada nombra el jefe del ejecutivo y puede censurarlo y a través de su acción legislativa puede frenar la política del ejecutivo.

4) El poder ejecutivo tiene la capacidad de disolver el poder legislativo, con pequeñas limitaciones y puede, incluso, ejercer la potestad de dictar normal con rango de Ley. La potestad presupuestaria se encuentra muy equilibrada entre ambos poderes, pese a que la Ley de Presupuestos la aprueba el legislativo.

5) El poder judicial puede decidir la inaplicación e incluso la nulidad de normal sin rango de Ley dictadas por el ejecutivo. Igualmente puede anular actos administrativos del poder ejecutivo, lo que otros países es impensable. El poder judicial puede remitir al Tribunal Constitucional (que es un tribunal pero no pertenece  al poder judicial) una cuestión de inconstitucionalidad contra una norma con rango de Ley.

6) Tanto el poder legislativo como el judicial tienen un administración propia y ambos pueden dictar normas reglamentarias (no confundir con los reglamentos parlamentarios), lo cual normalmente ha estado reservado al poder ejecutivo.

7) ¿Cómo conseguimos que el poder judicial emane del pueblo? La salida de mayor calidad democrática es que los miembros de este poder sean elegidos directamente por el pueblo, pero parece que esta opción no tiene demasiados adeptos. Otra es la que se ha empleado en España en algunas ocasiones, que es que sean las cámaras legislativas, como depositarias de la voluntad popular, las que elijan a los miembros del CGPJ (que a los del poder judicial).

8) Hay quienes consideran que el gobierno de los jueces y los mismos jueces solamente deben ser elegidos entre ellos. A esto se le conoce con el nombre de cooptación. El problema de la cooptación sería que se le entregaría un poder del Estado a un grupo de personas que nada tienen que ver con el pueblo y que no responden ante él. La cooptación es dudosamente democrática por más que sea el sistema que muchos jueces españoles consideran el mejor. La cooptación es el sistema del corporativismo que entre otras muchas cosas fue uno de los elementos del Antiguo Régimen con los que terminó la Revolución Francesa.

9) Si alguien quiere una separación estricta de poderes debe tener en cuenta las siguientes consecuencias: los tres poderes deberían tener legitimidad democrática, el poder ejecutivo no podría disolver al legislativo ni el legislativo elegir ni censurar al ejecutivo y el poder judicial no podría controlar de ninguna forma los actos ni del poder ejecutivo ni del poder legislativo.

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En una entrada reciente comentaba lo extrañado que me dejó encontrar en un libro la expresión de que determinadas acciones son “necesarios excesos”.

“Exceso” es un término que se suele emplear para indicar algo que está por su intensidad por encima de lo deseable moralmente en función de las circunstancias y por lo tanto sería moralmente reprobable.

En cambio cuando en el ámbito ético se emplea el término “necesidad” o su adjetivo “necesario” aludimos a algo que tiene que hacerse y no puede evitar hacer, de forma que lo que es necesario es o bien amoral (fuera del juicio moral) o bien es correcto éticamente.

Un hecho, en unas circunstancias concretas, no puede ser bueno y malo simultáneamente. O es bueno o es malo. No cabe decir que se cometió un necesario exceso, pues es como decir que alguien ha llevado a cabo un “asesinato necesario”.

El uso torticero de las palabras es muy pernicioso porque no sólo pretenden engañar, sino que pretende hacer “poniéndole una vela a Dios y otra al Diablo”. Lo deseable es que cuando quiera justificarse algo, que se intente hacer y que se someta a la crítica de otros. Todo lo demás es una falta de honestidad intelectual.

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Todavía no había escrito ni publicado nada sobre la renovación del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) y no lo había hecho porque realmente no me aclaro. Este tiempo que me he dado de espera no me ha servido para aclararme, de forma que lo que voy a exponer son mis dudas.

1) La Justicia es un follón competencial de los buenos, porque se puede dar la convergencia de hasta tres administraciones: el CGPJ, el Ministerio de la Justicia y la consejería competente en las comunidades que tienen transferidas la Administración de Justicia. La consecuencia es que las posibilidades de descoordinación y las tentaciones de echarse unos las culpas a los otros son más que patentes.

2) Las funciones del CGPJ se encuentran descritas en la Ley Orgánica del Poder Judicial y se restringen al “gobierno” administrativo de jueces y magistrados. Poner toda la necesaria reforma de la Justicia en función de la composición del CGPJ es un error propio de desinformados contertulios radiofónicos.

3) Hay dos grandes criterios a la hora de idear el sistema de elección de los miembros del CPGJ: el criterio democrático y el criterio corporativista. El criterio democrático mantiene que un poder del Estado no puede ser indiferente en sus órganos de gobierno de la voluntad de los ciudadanos expresada en la composición de las Cortes. El criterio corporativista dice que la independencia del poder judicial se preserva mejor y que este poder se gobierna mejor cuando los que lo dirigen son elegidos únicamente entre los miembros de la judicatura.

4) Teniendo en cuenta que las decisiones del CGPJ son de carácter administrativo no está en juego las funciones jurisdiccionales y la independencia en el ejercicio de éstas en los juzgados y tribunales. La función con más trascendencia jurisdiccional del CGPJ es la elección de miembros para el Tribunal Supremo y en muchos países en esta elección hay siempre un componente político dadas las funciones de estos altos tribunales.

5) Soy enemigo acérrimo de las tendencias corporativas y corporativistas. No creo que un órgano de gobierno cocinado exclusivamente en los fuegos judiciales sea necesariamente mejor que otro con orígenes externos. Igualmente no creo en el mito de la capacitación técnica apolítica.

6) Espero que algún día alguien quiera hablar de la independencia judicial en serio, es decir, de la independencia de los juzgadores en las ciudades y pueblos, donde muchas veces pueden estar sometidos a presiones sociales, familiares o amicales. Me encantaría que se estudiase alguna vez cómo se juzga en las pequeñas localidades, los motivos por los que los jueces salen disparados de ellas y que levantase acta de qué hablan los abogados con los jueces a puerta cerrada.

7) Tampoco me ha gustado el mercadeo que se ha dado entre los partidos para renovar el CGPJ, aunque tampoco se me ocurre otro método mejor. Lo bueno es que se ha hecho de cara al público y a la opinión pública, por lo que nadie puede llamarse a engaños. Espero que al menos cierre las acusaciones contra el CGPJ de unos y otros, porque todos han tenido parte en la selección de sus componentes.

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Si tú no me lees, yo tampoco


Twitter, como lo entendemos muchos, es más que un servicio de nanoblogging, donde poner cosas y que las leas el que quiera. Tenemos nuestros blogs para eso, y sin el límite de los 140 caracteres. Pleguezuelo y yo, en Twitter, hemos hablado hoy de esto e ideado una iniciativa.

Pensamos que la bidireccionalidad es esencial, esto es, yo leo lo que tú pones, los enlaces que recomiendas y tú también, partiendo de que si nos hemos añadido será porque tenemos intereses comunes, nos caemos bien o nos da la gana.

Ésta es nuestra idea. Hay personas que no la comparten y no dejan entrar en su parrilla de Twitter a todo el que los lee. Es una opción, pero nosotros ni la compartimos ni vamos a entrar en ese juego y te animamos a que hagas lo mismo. Es una cuestión de valoración personal (¿por qué tal persona quiere ser leída pero sin que yo le moleste con mis cosas? ¿vale lo suyo más que lo mío?) e incluso ideológica, para conseguir que en Internet todos tengamos un consideración igual de partida y que sea el trabajo, el ingenio, los intereses y el mérito de cada cual el que marque las diferencias.

Por todo ello proponemos la siguiente iniciativa dentro de Twitter: “SI TÚ NO ME LEES, YO TAMPOCO”.

La primera consecuencia práctica es hacer un expurgo en la lista de vuestras cuentas de aquellos que invaden vuestra parrilla pero que os vetan en la suya. La segunda es que, si lo tienes a bien, puedes extender esta iniciativa en tu blog dedicándole una entrada.

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Reforma electoral en … Eurovision


Esta entrada no es otra cosa que una forma de relajarme. “El País” ha informado que se está debatiendo el cambio en el sistema de votación de Eurovisión, reintroduciendo el jurado para evitar que las afinidades entre países vecinos y que los grupos de inmigrantes en otros países condicionen decisivamente las puntuaciones. En el fondo el sistema actual tampoco es tan malo.

Una observación inicial: es notable, al menos, que en un concurso de canciones de lo que más se hable sea del sistema de puntuación y que las puntuaciones sean el momento de más audiencia del festival dice mucho sobre la importancia que se le otorga a las canciones.

En el fondo de lo que se está hablando aquí es de dinero. Los votos a través de SMS son un pedazo de negocio y tanto Eurovisión como los países de la UER no quieren renunciar a ese ingreso eliminando este sistema por las buenas.

Pero el problema viene cuando los países que más aportan a la UER, los que la mantienen realmente, y que no quieren perder ni al parchis, y menos ser humillados. Estos países comienzan a desvariar y la muestra es que nuestro país mandó a Chikilicuatre y que Francia mandó una canción en inglés (que tiene narices).

Aparte del asunto del dinero, un jurado no arregla nada, ya que puede reproducir los mismos comportamientos que la gente que manda SMS. Y sí es un solo jurado, algún productor espabilado y poco moral tiene un objetivo fácil, centralizado y con coste reducidos.

Al final siempre terminamos en los mismos temas: financiación y sistemas de elección del CGPJ. Si es que la política lo llena todo.

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